Por segundos, el padre Mario Guevara mantuvo su mirada sobre el bolso que una mujer dejó sobre una banca en la catedral de Managua. Luego, desvió los ojos y se concentró en la persona que iba a confesar.
“Sentí algo que me caía en la espalda, como agua hirviendo… Miré que era la mujer” – El Nuevo Diario