La aclaratoria resulta bastante lógica. No se avistaron marines robustos o batallones interminables en las costas. No fue una invasión, ataque esquemático ni mucho menos un plan refinado a la usanza de las mejores películas de guerra. Ese complot mascullado entre dientes y que ha sido introducido como un informe de estado, no es creíble tal cual y el cuento tampoco se lo ha tragado la comunidad internacional.