Don Emilio Flores Márquez toma religiosamente su tasa de café en las tardes y, aunque ya casi no puede hablar, responde con ánimo a las caricias de sus hijos Tirsa y Emilio.
Don Emilio Flores Márquez toma religiosamente su tasa de café en las tardes y, aunque ya casi no puede hablar, responde con ánimo a las caricias de sus hijos Tirsa y Emilio.