Llamar las cosas por su nombre es comenzar a edificar un futuro diferente. La usurpación, sobradamente arbitraria, carece de ética, de lealtad. El diálogo en nada ha cambiado la situación de los rehenes o presos políticos. Los elegidos, que ya no nos representan, se imponen contra sus electores colaborando con la servidumbre. No tienen compromisos con nosotros, nos quieren como masas y víctimas propiciatorias. No caminan lo que dicen.