Por primera vez en más años de los que se atreve a contar, María Isabel Rosario no tuvo que pasar su cumpleaños en una esquina cualquiera, sin saber si esa noche dormiría encima de cartones o en el suelo frío.
Por primera vez en más años de los que se atreve a contar, María Isabel Rosario no tuvo que pasar su cumpleaños en una esquina cualquiera, sin saber si esa noche dormiría encima de cartones o en el suelo frío.