Tengo 27 años, casi la misma edad que tiene, hasta el día de hoy, elPeriódico. Se puede decir que he crecido con este diario y que muchas de sus historias y firmas me inspiraron a estudiar y ejercer el periodismo en este país convulso. Esta es la última edición de este periódico, y supongo que me tocará vivir múltiples tandas de 27 años sin él. El sentimiento es extraño; un cúmulo de tristeza e impotencia, mezcladas con gratitud y esperanza.
Me despido de este espacio con un nudo en la garganta, pero sobre todo con la satisfacción y el honor de haber podido ejercer mi profesión en este diario que me abrió las puertas como columnista, reportero, editor de opinión y director digital. Mi paso por este periódico ha servido para comprobar lo que muchos de mis colegas, profesores y mentores repiten sin parar: que elPeriódico fue, más que un medio, una escuela de periodismo. Por sus filas pasaron prestigiosos periodistas que fueron, poco a poco, puliendo ese estilo narrativo, y esa obsesión por la investigación profunda y la agenda cultural que tanto caracterizó sus páginas, bajo la guía de editores audaces y amantes de las letras. Me enorgullece, y al mismo tiempo entristece, haber sido de las últimas promociones de periodistas de esta escuela.
He de reconocer, también, que si bien elPeriódico fue un medio de comunicación vital, no fue perfecto, como ningún medio lo es. A veces cuesta aceptarla, pero es la realidad: no estamos exentos de fracasos y hemos de aprender de nuestros errores con humildad, sin olvidar que toda la prensa y sus periodistas somos experimentos constantes de mejora. Los medios son conducidos e integrados por personas, con sus complejidades, virtudes, defectos, vicios e imperfecciones. Es lo que somos, humanos en constante búsqueda de la excelencia.
Siempre que cierra un medio profesional, pierde la ciudadanía y pierde el país. Hoy perdemos, pero no nos damos por vencidos. El “perder” y “vencer” son antónimos, no sinónimos. Las crisis son semilleros de oportunidades y si bien los cambios en la industria y los auges de autoritarismos en la región han marchitado las flores, el terreno sigue siendo fértil para sembrar buen periodismo, aunque las condiciones “climáticas” auguren que esta cosecha tardará en crecer. Siempre habrá necesidad de un buen periodismo; de ese servicio social tan importante que funge como uno de los pilares de la democracia y el progreso de las naciones. Aprenderemos de los tropiezos para recomenzar, una y otra vez.
Nos seguiremos leyendo en otras páginas, porque callar no es opción. Ya veremos a dónde nos lleva este viaje. Por ahora, toca decir adiós. Como reza aquella canción, “al partir, un beso y una flor…”
@godoyesjd