Riquelme necesitará un barco más grande

Todo acaba dependiendo al final de las expectativas generadas, y pondré un ejemplo: me fui a ver ‘Napoleón’ con el listón situado en los 6 metros y 31 centímetros, que es donde lo dejó el Mondo Duplantis del cine, pero a los quince minutos llegué a la conclusión de que el director que debutó a portagayola con una ópera prima tan redonda como ‘Los Duelistas’ había batido mal y volado aún peor con el biopic de Bonaparte. Quién sabe si por bisoñez o por pura ansia a Enrique Riquelme le pasó algo similar que a mi admirado Ridley Scott, anunció el «mayor proyecto transformacional del Real Madrid en 120 años», o sea desde los hermanos Padrós para acá, pero me quedé con el regusto amargo de haber asistido a un PowerPoint de Marina d’Or, ciudad de vacaciones. Harto de estar harto, cansado del bisbiseo de los herederos del «calderonismo», que le persiguen como los acúfenos desde hace unos cuantos meses, el megalodón Florentino saltó al ruedo como Bruno con el mazo para contar lo que ha hecho, que es mucho, muchísimo, muchichísimo, casi todo. Vi la multitudinaria presentación del candidato Pérez y no pude evitar imaginarme a Riquelme girándose hacia su equipo de campaña, avante media, pitillo entre los dientes, carnada lista en el cubo y repitiendo la mítica frase de Roy Scheider, «necesitaremos un barco más grande». Pero a este paso ni con el Icon of the Seas. No se puede rivalizar con quien se admira, y eso es lo que en el fondo le pasa a Enrique con Florentino, que le idolatra. Encadena sus frases una detrás de otra («Aquí tienen que jugar los mejores», «El club pertenece a sus socios») pero sin sentirlas como ciertas, del mismo modo que un alumno recita de memoria las Nanas de la Cebolla como si se tratara de las Normas Internacionales de Información Financiera. Si Florentino no ha finiquitado las elecciones este miércoles, poco le habrá faltado para hacerlo. Ya lo dijo el filósofo neoyorkino Mike Tyson: «Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan la primera hostia».

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Author: Pablo Perez