Se cuelga el fútbol español una nueva estrella en la camiseta, celebrada por todo lo alto por las calles de Madrid y que continuará en las respectivas localidades de los jugadores una vez se despidan de esta familia que ha sido la selección durante el último mes y medio. Un campamento de verano en el que hubo dudas ajenas pero confirmación interna, y un ejercicio de estilo sobre el césped que resumía Rodri tras el partido: «Somos el equipo que más situaciones del juego controla: el pressing, la posesión, el contraataque, el balón parado… España es la que más ha controlado todos los ámbitos del fútbol». Se cose esta estrella con puntos de oro: el manejo y la posesión del balón, la concentración, la calma, la insistencia, las ocasiones, el ataque inteligente (14 goles), la defensa solidaria (solo un tanto en contra), el estilo reconocible y temido, las bromas fuera del campo, la compenetración dentro. La primera selección campeona del mundo que solo recibe un gol. La cuarta que gana sin haber ido nunca en contra del marcador. A falta de poder premiar a todos, el torneo destacó a Rodri, como mejor jugador, a Unai Simón, como mejor portero, y a Pau Cubarsí, como mejor jugador joven. Tres puntales que simbolizan a todos. Los de hoy y los del ayer. No se ha zurcido esta estrella en estos 40 días. Han sido años de convencerse de que podían ser mucho más. Rota la barrera en 2010, destrozados los complejos, los sucesores de Casillas, Iniesta y Puyol han crecido sin ataduras, como si el mundo les perteneciera. Así ha sido en estos tres años con Luis de la Fuente al mando: 39 partidos consecutivos sin perder y un currículo para enmarcar. Porque los chicos de Luis de la Fuente culminan en Nueva York un ciclo magnífico en el que han puesto el listón a una altura inalcanzable para muchos rivales. En apenas tres años han brillado en los mejores escenarios del fútbol, y han llenado las vitrinas del fútbol nacional de orgullo y trofeos. Como recordaba el Rey Felipe VI son «los vigentes campeones del mundo y de Europa». Pero mucho más. Campeones de la Nations League 2023 y finalista en 2025, oro olímpico en París 2024, campeones de la Eurocopa 2025 y este Mundial 2026 que culminó Ferran Torres con su zurdazo ante Argentina. Todo a la vez en todas partes. Ni los Casillas, Iniesta y Puyol lograron tanto, pero de aquel triplete de Eurocopa (2008 y 2012) y Mundial (2010), que solo han logrado Francia y Alemania, llegaron todos los demás. Éxitos que se unen a los cosechados por la selección femenina: Mundial 2023, Eurocopa 2024 y 2025, final de la Eurocopa 2025. No es baladí, pues por primera vez en la historia un mismo país luce estrellas mundialistas a la vez. Soy español, ¿a qué quieres que te gane? España lo quería todo y lo tiene todo. Y hay poco que haya dejado para los demás, aparte de lecciones de ilusión, compañerismo y juego limpio ante una Argentina que evidenció su mal perder durante y después la final; y de juego, muy buen juego, con el que anularon cualquier duda al inicio y arrasaron a todos sus rivales después. Empate con Cabo Verde (0-0); 4-0 a Arabia Saudí; 0-1 ante Uruguay; 3-0 a Austria; 0-1 ante Portugal; 2-1 a Bélgica; 0-2 ante Francia y ese gol en el minuto 106 para siempre. En el camino se han quedado candidatas que traían quizá más nombre, más fama, más rumores de éxito. Fueron cayendo por el camino, o a los pies de la selección, Países Bajos, Croacia, Alemania, Noruega, Francia, Portugal, Inglaterra, Brasil, Argentina. 47 equipos a los que no les alcanzó el fútbol, el corazón, la estrategia, la convicción. Caer contra España tuvo sus consecuencias en todos los banquillos rivales. Supuso el fracaso y el abandono del puesto del argentino Marcelo Bielsa, que decepcionó a Uruguay; Roberto Martínez con Portugal, en octavos; y el de Rudi García en Bélgica, en cuartos; y el de Didier Deschamps con Francia, en semifinales, y el de Lionel Scaloni, con Argentina y entre dudas y lágrimas, tras la final. También pone este equipo el punto y amargo final a leyendas del fútbol como Kevin de Bruyne, que meditará su continuación con Bélgica tras ser incapaz de descifrar el enigma español. También Cristiano Ronaldo, frustrado ante este equipo al que tampoco supo cómo jugarle. Y a la de Messi, cuya última imagen queda reducido a unas lágrimas, un desplante ante Cucurella y una derrota que duele. «El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida», aceptó el argentino, por la puerta de atrás en esta última incursión en el mayor escenario del mundo. Es el efecto de esta selección que se lo cree, que ilusiona, que se divierte, que gana, que disfruta, que juega al fútbol como ninguno. Reyes y reinas del mundo.