
A un mes del sismo que sacudió al país el pasado 24 de junio, la fase de respuesta a la emergencia no solo deja ver los retos inmediatos de la reconstrucción y la atención social, sino una tarea histórica pendiente: la alfabetización sísmica y la concienciación de que Venezuela es, por naturaleza geológica, una nación propensa a temblores.
En en el programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegria Noticias , el ingeniero geólogo Franck Audemard, investigador y asesor técnico de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), reflexionó sobre los aprendizajes que deja este evento y la imperiosa necesidad de que la prevención trascienda el trabajo de las instituciones y pase a formar parte del día a día de la ciudadanía.
Internalizar que vivimos en un país sísmico
Para el geólogo Audemard, el primer paso hacia una sociedad protegida es la aceptación de la realidad geográfica del país.
«Así como sabemos que vivimos en un país tropical y que tenemos unos seis meses de lluvia al año, tenemos que incorporar dentro de nuestro cerebro que vivimos en un país sísmico y que en cualquier momento podemos estar supeditados a la ocurrencia de un sismo de magnitud sentida».
A pesar de que las redes sismológicas nacionales registran sismos a diario, la gran mayoría son de magnitudes menores a 3,5 en la escala de Richter y resultan imperceptibles para la población. Sin embargo, el experto señala que el gran fallo de la sociedad venezolana radica en que la conciencia sísmica solo se reactiva de forma reactiva tras un evento de gran impacto, desvaneciéndose progresivamente a los pocos meses o años.
La prevención no es solo del Estado: «Protección Civil somos todos»
«El gran problema que tenemos en la sociedad venezolana es que la conciencia sísmica solo se retroalimenta con estos eventos: nos mantienen alerta de repente seis meses, un año o dos años, y como no vuelve a temblar, se nos vuelve a olvidar. Lo que nos falta es una educación sísmica, una conciencia sísmica viva y latente en permanencia, porque ante eventos de gran magnitud como un sismo de 8.0, la respuesta no puede improvisarse», dijo Franck Audemard.
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