
La captura del entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa el 3 de enero constituyó una agresión sin precedentes por parte de Estados Unidos.
Por Insight Crime
En ese momento, el presidente Donald Trump describió a Maduro como el “cabecilla de una vasta red criminal” —el Cartel de los Soles— y lo vinculó con el Tren de Aragua y el Cartel de Sinaloa, organizaciones que su gobierno ha catalogado como terroristas.
Maduro dirigió lo que denominamos un “Estado híbrido”, en el que el gobierno y el crimen llegaron a ser indistinguibles. Los grupos criminales se convirtieron en brazos armados del Estado, reprimiendo a la oposición e imponiendo su control a cambio de impunidad. La corrupción enquistada en las instituciones estatales utilizó el gobierno como una fuente privada de ingresos.
¿Cómo ha afectado la captura y salida de Maduro al crimen en Venezuela?
Ha afectado menos de lo que se podría esperar. El Estado híbrido permanece prácticamente intacto, pese a algunos cambios en la cúpula impulsados por la presidenta interina, Delcy Rodríguez, quien intenta equilibrar los intereses de su régimen con los de Trump. Rodríguez ha cooperado con el gobierno estadounidense en acciones contra el Tren de Aragua y ha destituido a algunos funcionarios gubernamentales que formaban parte del círculo íntimo de Maduro. Sin embargo, la corrupción, el tráfico de drogas y la minería ilegal continúan operando como siempre.
