Iris Tio y Lilou Lluis se estrenan con una penalización

Llegaban al Mundial con las esperanzas de brillar y se marcharon con nueve medallas. Llegan a los Europeos de París en otro estatus, como el país al que imitar, al que batir. Con una Iris Tio convertida en estrella que regresa a París, donde ya conquistó ese bronce olímpico en equipo, dispuesta a liderar y revolucionar este deporte. Y con una Lilou Lluis con la que se ha compenetrado a la perfección en las últimas temporadas. Y en el estreno pesó la presión: octavas por culpa de una ‘base mark’ en el primer elemento. Debutan las terceras en esta final europea a la que se habían clasificado en la primera plaza con holgura, con rutina de nuevo cuño, estrenada en la Copa del Mundo. Al son de ‘Verano’ de Vivaldi, ofrecen un ejercicio lleno de fuerza, velocidad y entrega. Pero hay una nota naranja en el panel de los jueces en ese primer elemento de la rutina, un híbrido que conlleva la mayor puntuación de toda la coreografía, y que pasó por la revisión. El veredicto, pocos segundos después, un ‘base mark’ y un 0’5 en ese elemento que dejaba a la pareja española sin opciones de pelear por las medallas. Síntoma de la presión y de la ambición de este equipo, pues quisieron apuntar a todo lo alto, que para algo son las actuales campeonas del mundo en dúo libre, y querían también conformar un ejemplar dúo técnico. Pero hubo un error, no se ejecutó tal y como estaba escrito en la tarjeta de entrenador, y se esfumó el podio a la primera. Octavas al final con 274.0117 puntos. Aunque ningún país bailó al nivel que lo hizo España, con un nivel de dificultad inalcanzable para muchas participantes, Italia no falló, ni tampoco Bielorrusia. Francia incluso se le acercó tanto en ejecución, y con una coreografía sin fallos relevantes, se auparon hasta la primera plaza a mitad de prueba. Al final, también fueron superiores Gran Bretaña (297.9108), y Rusia de bandera neutral y sin himno propio, pero la Rusia de siempre: mecánica, robótica, precisa y segunda en el podio gracias a la actuación de alta dificultad de Maria Doroshko y Elizaveta Minaeva (302.9950). Las sorprendió una Grecia todavía más llamativa (311.4308), con las hermanas Eirini Marina y Anna Maria Aleixandri, recién estrenada su nueva nacionalidad tras dejar de competir por Austria. Es verdad que en impresión artística se quedaron lejos tanto las rusas (119.9500) como las griegas (126.1000) de lo que ofreció España (129.1000), pero de nada sirve pensar en que Tio y Lluis les habrían peleado el oro porque el error en el primer elemento lo arruinó todo. En su filosofía de trabajo, Andrea Fuentes admitía que esta había sido una temporada rara, con pocas competiciones y mucho entrenamientos de físico y detalles. Y con otra lección que les pilló de sorpresa tras el Mundial: la gestión del éxito. Muchos viajes, reconocimientos, premios, galas, mucho desgaste de energía que les impidió ponerse en faena hasta bien entrado el año. Algo que la seleccionadora asumía como un mal estupendo porque se reconocía a los nadadores y llegaba en el mejor momento: de Mundial a Europeo, a dos años de los Juegos para seguir creciendo como personas. También asumía que el nivel al que aspiraban podía ser un riesgo excesivo. Pero continuaba Fuentes en su dinámica: «Si nos damos el tortazo también aprenderemos», concedía a este periódico. Todo es una oportunidad para el grupo. También este ‘base mark’ en la primera final de los Europeos que pone al equipo con los pies en la tierra y con ganas de olvidarlo con una buena actuación en la siguiente rutina.

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Author: Pablo Perez