Para la resaca del Mundial, que a todo aficionado sin patria lo ha dejado ayuno de fútbol y ahíto de lo que lo parece, el mejor ‘alkaseltzer’ es la Segunda Venida de Mourinho , con la que uno tiene el privilegio de cerrar el círculo de esta hoja volandera que nació como una mezcla del Moe de los Simpson y el Mou de la Biblia, aquella Biblia de tapas encarnadas que, hace 14 años, Mourinho ponía marcada con ‘post-its’ sobre su mesa de Valdebebas. La Biblia tenía rabiando a los mugrillas del antimourinhismo, devotos todos del ‘istil’ culé. Un mourinhista usaba la mesa para comer. El antimourinhista comía con ‘istil’. Descrito por Pla, el ‘istil’ (entiéndase ‘fúpbol’) es una imitación exagerada de las buenas maneras. El cuerpo se debe mantener rígido. Se trasladan los alimentos del plato a la boca, con la cuchara o el tenedor dándoles con el brazo, a estos chismes, una curva majestuosa (el pase en corto guardiolés). Cuando los alimentos llegan a la boca, se lo absorbe con el borde de los labios, con una delicadeza extrema, procurando dar a la cara, mientras tanto, un aspecto de indiferencia displicente. El trabajo de masticación es más perceptible en las mejillas que en la mandíbula. La absorción de los líquidos se hace a base de sorbitos tan insignificantes, tan pequeños, tan irrisorios, que las copas, después de haber bebido, parecen tener más líquido que antes. –El conjunto pone carne de gallina. O «gallina de piel», como popularizó el dicho Johan Cruyff, el tipo que llevó el ‘istil’ hasta los límites del ridículo. ¡Una Biblia en Valdebebas! ¿Adónde iremos a parar? Que De la Fuente rece el ‘Pater Noster’ en el vestuario, pase. Pero que Mourinho hojee la Biblia en su despacho, da que pensar. Hubo que explicar a los piperos que San Francisco jugaba con la Biblia a la ruleta: abría al azar una página y decía: «¡Así lo haremos!». Que así, por cierto, fue como San Agustín (el Papa y el ministro Puente son agustinos) halló el texto que cambió su vida. Para el nuevo Madrid de Mou, los piperos, azuzados por los revistosos del puchero, piden ‘istil’, y para alcanzar el ‘istil’ el camino es Rodri. Si lo de Mourinho es rocanrol, pedir a Rodri para su Madrid es como pedir a Sergio Dalma para Led Zeppelin, pero la coherencia no es el distintivo de los piperos, que en el primer partido del Mundial pedían al marroquí Al Bouaddi. Mas la insolencia del piperío («el dinero en el campo, no en el Banco», es el eslogan de estos keynesianos de bocata en el Bernabéu) sugiere cambiar a Valverde, y una carretilla de ‘leures’, por Rodri, de manera que en abril («nos vemos en semifinales», despidió Haaland, con sorna noruega, a Bernardo Silva, que acababa de fichar por el Madrid) Valverde haga con el City en el Bernabéu lo que el año pasado hizo contra el City, y nos echemos unas risas con las cosas del ‘istil’ de Rodri, que parece viajar con biógrafo, como Bob el Inglés en ‘Sin perdón’, aquel W.W. Beauchamp (interpretado por Saul Rubinek) que tantos imitadores tiene en nuestro periodismo de andar por casa, ése que nos ha dado un mes de turra con el ‘istil’ culé en el Combinado Autonómico, y resulta que en el Once Ideal del Mundial aparecen tres jugadores del Madrid por ninguno del Barcelona, lo cual, naturalmente, no es óbice, como decían los viejos revistosos, para que Lamine’2030, el Fido Dido de todos los sonajeros mediáticos, se lleve el Balón de Oro, no por goles, no por asistencias, no por regates, sino por los poderes paranormales que le atribuye la Crítica Selecta en las lesiones de Nuno Mendes ante Portugal, de Courtois ante Bélgica, de Saliba ante Francia y de Lisandro ante Argentina. Ese muchacho sería como un basilisco, que con la mirada mata, y del que Quevedo escribió: «Si está vivo quien te vio / toda tu historia es mentira, / pues si no murió, te ignora, / y si murió no lo afirma». Infantino se va a la Onu (¡don Tebas y Trump moviendo sus peones!), y Mourinho ya está aquí. «Ya soc aquí!», dijo Tarradellas, que también dijo otra cosa: «¡Cony! ¡Quina Catalunya ens ha deixat Franco!». Como Mourinho, cuando vea el almacén de Champìons.