
Tras diez días de intercambio de ataques con Estados Unidos por el control del estrecho de Ormuz, los líderes iraníes parecen tener tres opciones. Ninguna ofrece un camino claro hacia la victoria.
Por Amir Azimi | BBC Mundo
La primera consiste en aceptar gran parte de lo que Washington quiere:
Garantizar el paso libre y seguro por el estrecho de Ormuz poniendo fin a los ataques contra el transporte marítimo comercial, renunciar a las reservas de uranio altamente enriquecido, o reducirlas, y aceptar las inspecciones intrusivas del organismo de control nuclear mundial.
A cambio, Teherán buscaría el fin del bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes, el levantamiento de las sanciones y la protección contra nuevos ataques.
Esta es probablemente la opción más económica, pero también la más costosa políticamente.
Reabrir el estrecho de Ormuz sin asegurar un papel reconocido de Irán en la gestión de la vía fluvial significaría renunciar a lo que algunos en Teherán consideran cada vez más un elemento disuasorio recién descubierto, uno que ahora puede parecer más eficaz que los misiles, sus aliados regionales o incluso su programa nuclear.
Por primera vez, la República Islámica ha demostrado su capacidad para imponer costos inmediatos a la economía global en caso de un ataque de sus enemigos contra su territorio.
Mientras tanto, el programa nuclear se ha presentado durante mucho tiempo como un derecho al que Irán no puede ser obligado a renunciar.
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