La España de Chus Mateo, tras un inicio fulgurante, cinco victorias en sus cinco primeros encuentros, parece haberse empantanado al sumar ante Portugal su segunda derrota consecutiva. Un bache entendible, pues el grupo está forjándose, necesitado de tiempo para que se conjugue tanto talento joven, aunque preocupa al darse en plena fase de clasificación para el Mundial de 2027. Los pupilos del técnico madrileño aún lideran el grupo I empatados con Ucrania, pero los tropiezos ante los lusos y ante Georgia el pasado julio aprietan la clasificación de lo lindo cuando quedan cinco encuentros por disputarse, el primero de ellos este lunes en Atenas (18:00, TDP) ante una malherida Grecia que ocupa el puesto de colista. «Tuvimos muchos altibajos. De equipo que todavía no está cohesionado. Nos faltan horas de vuelo porque somos un conjunto nuevo«, resumió Mateo desde la sala de prensa del Príncipe Felipe de Zaragoza, un pabellón que se entregó en cuerpo y alma a la selección pero que digirió la bocina final de forma agridulce tras la remontada visitante en el último cuarto. Aún así, hubo brotes verdes con los que soñar, como las grandes actuaciones de Parra (17 puntos) y Brizuela (18) o el debut del pívot Aday Mara, que aspira a liderar la nueva remesa española en los próximos años. Pero, si algún jugador ilusionó a las gradas, ese fue Álvaro Cárdenas. El base granadino, a los 24 años, dio todo un recital, tanto a la hora de guiar al conjunto español como a la de anotar en los momentos calientes. De hecho, en el tercer cuarto y con un 58-59 en el marcador, el andaluz sumó siete puntos consecutivos, sin fallos en el tiro, para poner a los locales nueve arriba. Un liderazgo magistral que le permitió acabar el choque con 18 tantos, cuatro rebotes, cuatro asistencias, el mejor de los suyos pese a que acabó expulsado por cinco faltas personales. Hace unos años muy pocos conocían su nombre; hoy, es uno de los grandes diamantes del baloncesto nacional. Álvaro comenzó su carrera en el Granada mientras su padre, David Cárdenas, era entrenador del equipo en la ACB durante la temporada 1998-99. Unos años después, cuando su progenitor se convirtió en presidente y técnico del también granadino Club de Baloncesto La Zubia, este siguió sus pasos, y fue allí cuando comenzó a despuntar como una de las grandes promesas de la ciudad pese a que, comparado con otros jugadores de su misma edad, contaba con una estatura más baja de lo habitual. Pero, cuanto más se reducía la brecha física, llegó el primer volantazo de su trayectoria: enrolarse en la academia checa Get Better Academy. En palabras del propio jugador, su año en la antigua Bohemia tenía como objetivo prepararse para dar el salto a Estados Unidos , asistir a una especie de clase de refuerzo para que su implementación al baloncesto americano fuese menos brusca que si lo hacía en España. Y la estrategia dio resultado, ya que, después de enviar varios vídeos de sus partidos a diferentes universidades estadounidenses, la californiana San José llamó a su puerta y le ofreció la esperada beca deportiva. Jugó tres años con los Spartans, de 2021 a 2024, y cerró su ciclo en Boise, ciudad del estado de Idaho, donde promedió 11,5 puntos, 3,1 rebotes y 6,9 asistencias, exquisitos números que le permitieron volver a su patria. Fue el Valencia, ahora campeón de la ACB, el que le ofreció su primer contrato profesional, aunque la amplia gama de estrellas del conjunto naranja empujó a Cárdenas a otra mili, esta vez en Grecia. El verano pasado se fue cedido al Peristeri griego y, en el oeste de Atenas, no aflojó el acelerador y mantuvo sus promedios universitarios en los 23 encuentros que disputó. Un gran hacer que le regaló el primer gran premio de su carrera: debutar en partido oficial con la selección el pasado 27 de noviembre contra Dinamarca, donde jugó 19 minutos y aportó seis puntos. En las últimas semanas del curso pasado ya se unió a la disciplina del Valencia, destacadas sus actuaciones en la final de la ACB contra el Barcelona, y hace solo unas semanas el conjunto, en plena reconstrucción, anunció su renovación hasta la 2027-28. Un gesto que hace indicar que Cárdenas será una pieza de calado en la rotación pese a que competirá por minutos contra T.J. Shorts, toda una estrella de la Euroliga, y Mario Saint-Supéry, compañero en la selección y otra de las grandes promesas del baloncesto español. Sin embargo, su talento, cocinado a fuego lento y en el anonimato, parece haber alcanzado una velocidad de crucero muy difícil de frenar.