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Si eres español promedio, educado bajo los códigos de la preponderancia europea, la conquista y posterior colonización de América por tres siglos, es un hito cultural.
Si eres americanista, de los recuerdos rotos y olvidados, fue una acción criminal.
El punto medio, apenas se revela. No hay imperios bondadosos. Y los colonizados tampoco fueron unas mansas palomas.
El tema no es un asunto del estudio mesurado y que procura una comprensión abierta. El tema es ideológico y político.
La evangelización fue un lava cocos, como toda religión monoteísta. La fundación de instituciones se hizo de acuerdo a una lógica de dominación para la extracción de recursos y el control social. El desarrollo urbano, que duda cabe, trajo avances insospechados, aunque focalizados en una aristocracia de la tierra.
Luego está el reverso de la moneda: “el bajón demográfico” de la población autóctona, el odioso sistema de castas junto a la esclavitud laboral. Y el saqueo, más o menos organizado, desde la Metrópoli. Hay autores que explican que el capitalismo europeo fue financiado por los metales americanos.
Las distintas narrativas tratan de explicar estas realidades caóticas dictaminando pareceres. Unos tumban las estatuas de Colón, otros hablan de una hispanidad ecuménica. La mayoría hace pactos con la ignorancia.
Lo cierto del caso es que de acuerdo a los americanistas más expertos: Europa y América forjaron una economía atlántica a una escala por primera vez global. Y lo limpio se entremezcla con lo sucio.
Ante estos temas, tipo torneo, hay que ser prudente y reservado. El pasado es el olvido. Y lo poco que se recuerda son memorias frágiles y volubles.
Algunas almas buenas, que quieren estar bien con Dios y el Diablo a la vez, reivindican el “encuentro entre mundos” como una tercera vía explicativa. Tampoco están exonerados de malas intenciones. Al exaltar el mestizaje como hecho relevante de ese crisol de razas, procuran una genealogía de lustre.
El mundo mestizo no es un hecho exclusivo del continente americano. Todas las historias de todos los continentes y pueblos terminan siendo idénticas: mestizas.
Junto al intercambio violento también existen actos culturales afirmativos de una humanidad cuerda.
Se dice que la papa americana salvó a los europeos de sus mortales y periódicas hambrunas. Las primeras universidades americanas debatieron sobre el escolasticismo y los saberes ordenados.
Algo, muy poco, se puede salvar de las llamas del poderoso olvido.
DR. A. R. LOMBARDI BOSCAN
@LOMBARDIBOSCAN