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Edición en español Miércoles 26 de agosto de 2026

Aramburu: «Ningún futbolista le hace faltas a Vinicius con mala intención»

Como tantos otros españoles, los abuelos de Jon Aramburu (Caracas, 2002) emigraron a Venezuela durante el pasado siglo. Naturales de Logroño y San Sebastián, en Caracas buscaron una vida mejor, pero siempre con sus raíces bien presentes. Tanto que iban y venían a España con asiduidad. En uno de esos viajes nació en Donostia Mikel, el padre de Jon, gran fanático de la Real Sociedad, el club que defiende su hijo desde hace tres temporadas. Para orgullo familiar. -Su historia familiar es curiosa -Sí, historia de abuelos emigrantes, pero con continuos viajes a España. En uno de ellos, mi abuela dio a luz a mi padre en San Sebastián, pero mi madre es venezolana. Se conocieron en el Banco Santander, donde trabajan los dos. Ahora ya no. Mi padre se dedica a importar vinos españoles a Venezuela. -¿Qué recuerda de su infancia en Caracas? -Pues recuerdo una infancia muy buena, rodeado de la familia y de los amigos. Tenía un grupo de amigos que soñábamos con ser futbolistas profesionales, pero con el paso de los años, poco a poco, todos se fueron bajando de ese barco. Todos menos yo. Estaba convencido de que lo conseguiría, a pesar de lo complicado que sabía que iba a ser. -¿Sigue dominando el béisbol en su país? -Sí, pero es normal. Es que tenemos un montón de venezolanos jugando en las Grandes Ligas de Estados Unidos (MLB). Por eso, siempre ha sido el béisbol el deporte con más seguimiento, pero hace tiempo que también hay muchos niños que aman y quieren jugar al fútbol. -Imagino que en su caso fue su padre el ‘culpable’. -Sí, siempre le ha gustado muchísimo el fútbol. Los fines de semana eran sagrados en casa. Desayuno o comida familiar y partidos de fútbol, sobre todo de la Real. Mi madre acababa harta: «¿Podéis dejarme, por favor, que ponga otra cosa que no sea fútbol?», nos decía (risas). A mi hermana, que es mayor que yo dos años, tampoco le gustaba mucho, pero ella se rendía pronto. Discutía un poco y se iba a su cuarto porque sabía que no le íbamos a hacer caso (risas). -¿En qué momento está ahora mismo Venezuela? -Todo el mundo sabe que Venezuela ha sufrido mucho en los últimos años, que ha habido bastante crisis y que mucha gente ha tenido que emigrar a buscar una mejor situación porque la calidad de vida ha bajado muchísimo, pero yo siempre hablo maravillas de mi país. Cada vez que voy me siento como en casa, aunque ya no viva ahí. Y hay algo que es muy importante. A pesar de las dificultades, los venezolanos tenemos una naturaleza increíble. Somos gente muy cálida y amable y peleamos por sobreponernos a las adversidades. Claro que todavía quedan muchísimas cosas por hacer y mejorar, pero estoy convencido de que nos espera un futuro muy bueno. Y no estoy hablando de política, que es algo en lo que no quiero meterme. Solo digo que vamos a mejorar mucho más como país. -¿En qué ha mejorado Venezuela en estos últimos años? -En la seguridad. Sin duda. Ha habido una mejora radical. Mire, Andrea Orlandi, que es mi representante, llevaba tiempo animándole a que viniera a Venezuela. Le decía: «Yo sé que se hablan muchas cosas de mi país, pero créeme que es increíble y que no vas a tener ningún problema de seguridad». Y el verano pasado fuimos a Los Roques que, en mi opinión, tiene las playas más hermosas del mundo. Vino con su familia y quedaron encantados. Y, por supuesto, no tuvieron ningún problema de seguridad. Desde ese viaje, mi agente ha cambiado el chip respecto a Venezuela. Claro que hay algunas zonas que son más peligrosas, pero en general el país en este tema ha mejorado bastante. -Entiendo que me resalta esto porque, cuando usted era un niño, quizás no era así. -Totalmente. Era una época de máxima inseguridad. No se podía salir a la calle por la noche porque igual te secuestraban. Era una locura. Por eso mucha gente se fue de Venezuela, porque daba miedo vivir allí por esa inseguridad. Recuerdo que si mis padres salían a la calle, por el motivo que fuera, y nos quedábamos solos en casa, mi hermana y yo nos quedábamos muy nerviosos porque la situación era tan grave que sentíamos que en cualquier momento nos podía pasar algo. Afortunadamente, esto ya no es así, porque era una situación insostenible. -Han pasado ya dos meses del devastador terremoto en el que murieron casi 6.500 personas. ¿Cómo está Yaracuy? -Pues curiosamente ese día, que era festivo, me pilló camino de Yaracuy porque es la zona de playa que está más cercana a Caracas, apenas a una hora en coche. Por suerte, aún iba en camino y no sufrimos ninguna consecuencia, pero la realidad es que allí el asunto sigue mal. Para reconstruir aquello va a pasar mucho tiempo. Y eso que ha habido mucha ayuda del exterior, sobre todo de España. -Hablemos de fútbol. Usted se formó en el Deportivo La Guaira. -Sí, allí estuve muchos años, llegué a Primera división de Venezuela, y jugué Libertadores y Copa Sudamericana, pero evidentemente el nivel de Venezuela es inferior al que hay en Europa y por eso cambié jugar en Primera de mi país a hacerlo en Primera RFEF de España. En 2022 recibí una propuesta de mi agente para jugar en el Real Unión de Irún y, si le soy sincero, ni conocía al equipo ni sabía lo que era la Primera RFEF. Orlando me dijo que era la Tercera división de España, pero que había mucho nivel, que jugaría contra filiales y que eso mejoraría mi carrera. Le hice caso y tuvo toda la razón, porque de ahí me llegó la propuesta de la Real. -En su país fue muy criticado por esa decisión. -Sí, mucho, pero yo pensé que en Venezuela ya no iba a ir a más y que con 19 años podía jugar en España, aunque fuera en la tercera categoría. Me dieron muchos palos, tanto la prensa como los aficionados, pero yo confiaba totalmente en mi agente y sabía que, si me ofrecía un movimiento así, era porque iba a ser bueno. Económicamente iba a ganar lo mismo, pero deportivamente era un impulso aunque pareciera un paso atrás. Y tampoco fue sencillo para mí, que llevaba toda la vida viviendo con mis padres, de repente irme a vivir solo a Irún. Tomé el camino difícil, no el fácil. -Y, entonces, llega la llamada de la Real Sociedad en el verano de 2023. -Sí. Tras la primera temporada en Irún, llegó una propuesta interesante del Feyenoord, pero justo antes de darle el sí, apareció la Real Sociedad para que fuera al filial. Y pasó lo mismo que cuando salí de Venezuela. La decisión fácil era jugar en la Eredivisie en un equipo como el Feyenoord, pero para mí fichar por la Real, aunque fuera para el filial, era lo máximo. Le dije a mi agente que parara todo lo del Feyenoord y que cerrara lo de la Real. No sabes qué emoción se llevó mi padre cuando se enteró de que iba a jugar en el equipo del que los dos somos aficionados. -Fichó por el filial pero esa primera temporada ya la acaba con el primer equipo y desde entonces es el lateral derecho titular sin discusión. ¿Qué balance hace de estos tres años? -Muy positivo. Incluso de los momentos malos. Estoy muy feliz aquí, tengo contrato hasta 2030, hemos jugado en Europa, hemos ganado la Copa y esta temporada tenemos cuatro competiciones. Es un escenario ideal y estoy muy ilusionado. Algunos pueden pensar que todo esto nos hace ser conformistas, pero es justo todo lo contrario. Queremos apuntar todavía más alto. ¿Por qué no repetir otra Copa o soñar con hacer algo grande en Europa? -Esta noche, el Santiago Bernabéu. -Pues allí vamos, como cada temporada, sin miedo. Sabiendo que es un partido muy complicado, pero sin miedo y con ganas de sacar un buen resultado. -Delante tendrá a Vinicius. -Pues imagínese. Defender a uno de los mejores jugadores del mundo no es sencillo. Puedes estar 95 minutos sin un error, que en el 96 haces uno y te va a penalizar porque es ese futbolista al que no puedes regalarle nada. -¿Usted cree que sufre bullying, como dijo Mourinho tras el Espanyol-Madrid? -Los laterales derechos salimos al campo con la intención de quitarle el balón limpiamente, pero es que Vinicius es muy rápido, habilidoso y ágil, y hay momentos en los que solo puedes pararle con una falta. Esa es la realidad. Pero no son faltas con mala intención. No creo que haya futbolistas que le hagan faltas a Vinicius con mala intención. Por ejemplo, el año pasado a mí me pitaron dos penaltis en el Bernabéu, los dos sobre él, quizás el segundo algo dudoso, pero fue parte del juego. Me la como y listo. Fue una rivalidad sana y deportiva. Y siempre lo es cuando me toca enfrentarme a Vinicius. Cada uno utiliza las armas que tenemos, y si hay jugadas en que solo puedes pararlo con una falta, pues una falta, pero siempre sin mala intención.

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