Josué Canales se va a Australia. El anuncio, publicado en sus redes sociales por el propio mediofondista , no es solo el adiós a la habitación 313 del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat. La marcha del explusmarquista nacional de 800 metros es un nuevo síntoma de una situación que comienza a instalarse en el atletismo español, una suerte de fuga de talentos, gota a gota, al extranjero. El mediofondista de origen hondureño, criado en Girona desde los tres años, bronce mundial indoor en Nanjing’2025, abandona el centro que le cambió la vida. «Algo se rompió dentro de mí hace un tiempo», escribió. «Desde entonces lucho en una guerra que por más que lo intente no he podido ganar». Canales agradece en su mensaje de despedida el apoyo de su entrenador, Carles Castillejo, y habla de decepción deportiva, de una temporada que no respondió a las expectativas y de la necesidad de «coger otra ruta». Melbourne será su nueva base. Allí, a 17.000 kilómetros de distancia de Barcelona, entrenará con Justin Rinaldi, el técnico que guía al reciente campeón de Europa, el irlandés Mark English . «Aquí hay varias cosas que han podido fallar», explica Castillejo a ABC. «Por un lado, hemos intentado potenciar en su entrenamiento la resistencia, el componente aeróbico, que era su parte más floja. Pero su cuerpo esto no lo ha asimilado, no hemos sabido traducirlo en rendimiento. Luego está la parte de la competición. Es muy complicado entrar en los grandes mítines de la Diamond y no hemos conseguido que lo admitan en las grandes carreras, donde se corre rápido, en 1:42. Y pienso que todo esto se va uniendo a un componente de estrés, una presión extra que él percibe porque en 2025 dio un gran salto de calidad y ahora no consigue rendir como debería». Canales no es un caso aislado. Llegó a España como un niño sin hogar estable, saltando de casa en casa, hijo de padres adolescentes. El atletismo lo salvó. Entró en el CAR pesando 58 kilos y salió convertido en un atleta de 66, con una velocidad innata que le permitía correr los 400 metros en 47 segundos y una capacidad de sufrimiento que lo convirtió en un kamikaze que no temía nada, igual que Attaoui . Debutó en los Juegos de París y pocos meses después, ya se colgó un bronce en los Mundiales indoor. Todo parecía en orden. El problema no es nuevo. España produce talento, lo forma en sus centros de alto rendimiento, le da las herramientas básicas… y luego lo ve marchar o estancarse. Quizá el sistema se queda corto cuando el atleta necesita el siguiente salto: un entorno más competitivo, una estructura más profesional, una presión mejor gestionada o, simplemente, un cambio de aires que le permita volver a creer. Canales lo dice sin rodeos: admite cierta huida por miedo a quedarse atrapado. Y no es el primero ni será el último. Castillejo resta dramatismo al cambio. «Yo creo que en el fondo puede ser algo positivo para él, se trata de un grupo de entrenamiento de alto nivel, totalmente profesionalizado. Allí tu entrenador está 24, 7, 365 contigo. Aquí en España es muy difícil tener un entrenador profesional las 24 horas del día». Andreu Ballbé, en su día plusmarquista nacional de 800 metros, se muestra sorprendido. «no entiendo esta huida. «El mediofondo español siempre ha tenido un alto nivel, tenemos un clima excelente, entrenadores con experiencia y también altitud si hace falta. Si se fuera a una universidad americana tendría un sentido cultural, pero irse hasta Australia sólo a entrenar, no lo veo. Me sorprende que se vaya tan lejos porque tendrá que volver frecuentemente a los campeonatos de España». Jorge González Amo , coordinador de mediofondo en la federación, considera que «la decisión de Canales yo creo que está movida por razones mentales, por querer romper con una racha mala y cambiar de aires. Lo necesita. Lo que me ha sorprendido es que se vaya tan lejos de España. De todos modos, también es bueno que haya grupos profesionales que ofrezcan contratos a los españoles, que quizá aquí no podría tener esas ayudas para dedicarse al cien por cien. La clave para mi es la mentalidad, la decisión de profesionalizarte al máximo, eso es decisivo, sea en España o en el extranjero». La realidad es que las dos medallas individuales que ha logrado el atletismo español sobre la pista de Birmingham se entrenan fuera de España. Mohamed Attaoui, el plusmarquista nacional de 800, se entrena en el grupo de élite del On Athletics Club Europe en Saint Moritz. Junto a él lo hace Marta García , médica de formación, que aparcó el MIR para dedicarse por completo al atletismo. Ambos se entrenan en Suiza y en Sudáfrica, lejos de las estructuras tradicionales españolas. Marta, plata en 5.000 y Attaoui, bronce en 800, han brillado en los Europeos. El impacto del On Athletics Club (OAC Europe) es grande. Financiado por la marca suiza On y dirigido en Europa por el entrenador alemán Thomas Dreissigacker, el grupo ofrece a sus atletas un sueldo, logística completa, fisioterapeutas, nutricionistas, concentraciones en altitud en Saint Moritz y un entorno profesional que muchos describen como «otro mundo». Attaoui se incorporó en 2023 y ha repetido que el cambio le permitió centrarse sólo en correr. García, una de las fundadoras del proyecto, ha encontrado allí la estabilidad que le faltaba. El OAC es un modelo privado que el sistema público español aún no ha sabido replicar. Mientras los CAR y las federaciones territoriales ofrecen la base, grupos como el OAC proporcionan el salto definitivo que convierte promesas en medallistas consistentes. Es un espejo incómodo: el talento español rinde al máximo cuando encuentra fuera lo que aquí no posee de forma estructural. En los lanzamientos, el panorama es similar. Diego Casas, el vallisoletano de 1,98 metros, rindió muy bien en Birmingham . Campeón de España, finalista europeo y autor de marcas por encima de los 65 metros, carga sobre sus hombros el disco español. «Te tienes que buscar tu profesión, de esto no voy a vivir», han llegado a decir otros lanzadores. Casas se mantiene a base de trabajo individual, se entrena en Italia y recibe el apoyo del club Playas de Castellón, pero la falta de recursos hace que cada paso adelante sea un milagro personal más que un éxito de sistema. Inés López y Sofía Cosculluela son otras dos atletas que se van puliendo fuera. López, campeona de Europa sub-23 de disco, se entrena en la Universidad Estatal de Arizona. En Birmingham se coló en la final del Europeo con un lanzamiento de 61,45 metros, rozando el récord nacional. Cosculluela, heptatleta de Las Rozas, se proclamó campeona universitaria USA, convirtiéndose en la segunda española de la historia en conseguirlo. Ambas vuelven con medallas y marcas, pero lo hacen después de haber bebido de estructuras norteamericanas que ofrecen instalaciones, competición regular y un entorno profesional que aquí cuesta encontrar. Este mes regresan a América para proseguir con su carrera deportiva allí. Es momento de analizar las estructuras técnicas del atletismo español. Entrenadores poco profesionalizados, falta de relevo con técnicos más jóvenes, centros de alto rendimiento que no acaban de despuntar. La realidad es que existe cierta fuga de talentos. Canales se va con la ilusión de un nuevo comienzo. «The happy kid will be fast again», ha escrito. Ojalá. El atletismo español necesita que sus talentos vuelvan más fuertes, no que se conviertan en recuerdos de lo que pudieron ser. Mientras tanto, la habitación 313 del CAR de Sant Cugat se queda vacía. Y el vacío, una vez más, dice más de nosotros que del que se marcha.