
José Luis Pinto es ingeniero civil y llegó a Noruega en febrero de 2018 sin imaginar que, años después, terminaría por construir DIDAU, un emprendimiento familiar tan ligado a sus raíces como la comida criolla. Esa respuesta, convirtió un pequeño food truck en un negocio exitoso que actualmente atiende a más de 4.000 personas al mes y que además tiene la mirada puesta en su próxima expansión.
“Elegí este país porque tenía familiares que residían aquí desde hacía más de dos décadas. Ellos fueron una referencia importante para tomar la decisión de emigrar y comenzar una nueva etapa de mi vida en Noruega”, relató Pinto a La Patilla.
En Venezuela, Pinto había forjado una trayectoria profesional vinculada a la construcción. Se desempeñaba como ingeniero civil, tenía su propia empresa y estaba dedicado a la gerencia y dirección de proyectos. Sin embargo, al emigrar a Noruega se vio obligado a asumir nuevos desafíos.
“Mis primeros meses fueron bastante difíciles. Llegué a un país con una cultura muy diferente, otro clima, otro idioma y prácticamente sin conocer a nadie. Puedo decir que nos tocó empezar de menos cero. Los ahorros que pude traer de Venezuela, debido a la enorme diferencia económica entre ambos países en aquel momento, alcanzaron apenas para cubrir los primeros días. Para poder mantener a mi familia y cubrir nuestros gastos tuve que comenzar a trabajar en la construcción”, dijo.

Recordó que llegó a trabajar al aire libre con temperaturas de hasta -26 grados centígrados y el idioma también se convirtió en una barrera para recuperar su profesión y desenvolverse con normalidad en el país nórdico. Fue precisamente esa limitación la que lo impulsó hacia una alternativa que inicialmente parecía alejada de su experiencia: crear su propio negocio.
“Me tomó tiempo poder comunicarme con fluidez y desenvolverme profesionalmente en Noruega. En ese proceso comencé a buscar otras alternativas y decidí emprender”, explicó el criollo a La Patilla.
Una apuesta por la gastronomía
Así arrancó DIDAU, un proyecto que comenzó a tomar forma a mediados de 2021 y que encontró en un food truck la manera de presentar la gastronomía venezolana a un público que, en buena parte, nunca había tenido contacto con ella.
“La idea nació de una combinación entre mi pasión por la cocina y una oportunidad que observé en el mercado noruego. La cocina siempre había sido un hobby para mí, pero poco a poco se convirtió en un oficio y posteriormente en un proyecto empresarial. Observé que existía una oferta muy limitada de gastronomía latinoamericana y, especialmente, de comida venezolana”, expresó.
No obstante, el inicio estuvo acompañado por otra carrera contra el reloj: aprender las reglas para operar un negocio de alimentos en Noruega. Pinto manifestó que se enfrentó a requisitos legales, administrativos, laborales, contables y de seguridad alimentaria, muchos de ellos con terminología técnica en noruego.
“Tuve que estudiar muchísimo y prepararme durante bastante tiempo para poder cumplir con todos los requisitos necesarios. Fue difícil, pero también fue una experiencia que me permitió aprender mucho y avanzar en mi integración en Noruega”.
En 2022 DIDAU comenzó a operar con su primer food truck en Trondheim. Un año después llegó el segundo vehículo, que le permitió participar en eventos y festivales en distintas partes de Noruega. La estrategia era sencilla, pero exigía paciencia: acercar los sabores venezolanos a los noruegos y conseguir que una comida desconocida se convirtiera en una elección habitual.
Pinto acotó que hubo momentos en los que parecía que el esfuerzo no daba los resultados esperados. “Uno de los grandes retos fue precisamente que la población noruega no conocía lo que estábamos ofreciendo. Hubo días en los que llegábamos a realizar solamente tres o cuatro ventas”.
La conquista del público noruego
La respuesta comenzó a cambiar con el tiempo. DIDAU participó en diferentes eventos, mostró sus productos y construyó una clientela hasta conseguir que la mayoría de sus consumidores fueran precisamente noruegos.
Actualmente, Pinto calcula que 85 % de sus clientes son noruegos, 10 % latinoamericanos y 5 % turistas o personas de otras nacionalidades. “Eso para nosotros es muy importante porque significa que DIDAU no solamente está llegando a la comunidad latinoamericana, sino que también estamos logrando que los noruegos conozcan y disfruten nuestra gastronomía”.

Esa aceptación empezó con clientes que llegaban al food truck sin saber exactamente qué iban a encontrar. Para José Luis, los verdaderos indicadores de éxito han sido conseguir que probaran la comida venezolana y lograr que quisieran regresar.
“Muchos clientes quedan muy emocionados y satisfechos con nuestra comida venezolana y, lo que para nosotros es todavía más importante, regresan y vuelven a pedir nuestros productos de manera habitual”.
Agregó que “eso nos demuestra que no se trata solamente de curiosidad por probar algo diferente, sino que estamos consiguiendo crear clientes que realmente disfrutan nuestra gastronomía”.
La ruta hacia el reconocimiento
Los tequeños y las empanadas son los productos más solicitados, aunque el menú incluye también arepas, patacones, salchipapas, churros y quesillos. Pinto aseguró que la apuesta ha sido conservar el sabor tradicional venezolano en lugar de modificar las recetas para adaptarlas al paladar local.

Además, DIDAU también comercializa productos latinoamericanos de otros países, con la intención de convertirse en un espacio en el que distintas comunidades puedan encontrar sabores y productos con los que se sienten identificadas.
“Mantenemos los sabores tradicionales venezolanos. Consideramos que precisamente eso es parte de lo que hace diferente nuestra propuesta y queremos que las personas que nos visitan puedan conocer el verdadero sabor de nuestra gastronomía”, afirmó.
Una de las experiencias que más marcó al equipo ocurrió en 2025, durante un festival de food trucks, cuando su patacón fue elegido como el mejor plato del evento, según contó Pinto. Para entonces, aquel proyecto que había comenzado con la necesidad de abrirse camino en otras latitudes, sumó un logro más importante: que los sabores venezolanos fueran reconocidos por los locales.

La evolución se reflejó finalmente en la apertura del primer restaurante DIDAU en junio de 2026. El paso de los food trucks al establecimiento propio representó, para Pinto, la consolidación de una historia que emprendió varios años antes y que ahora tiene una cifra que resume buena parte de ese crecimiento: más de 4.000 personas atendidas cada mes.
“Cuando recuerdo aquellos días en los que apenas hacíamos tres o cuatro ventas y los comparo con la realidad actual, siento que todo el esfuerzo ha valido la pena”, mencionó.
El sueño que sigue creciendo
Pero DIDAU no es solamente un nombre comercial para Pinto. Está construido a partir de las iniciales de sus tres hijos —Diana, Daian y Augusto— y representa una dimensión mucho más personal de su recorrido como migrante y empresario.
“DIDAU tiene un significado muy especial para mí. Para mí, DIDAU es la batería de mi vida, la razón que me ha impulsado siempre a seguir adelante. “Por eso DIDAU no es simplemente un nombre comercial. Es un proyecto que tiene un significado familiar y personal muy profundo para mí”, destacó.
Pinto trabaja junto a sus hijos y empleados noruegos, en un equipo que combina la familia con la comunidad local. Además, el restaurante se ha convertido en un punto de encuentro para venezolanos, latinoamericanos y noruegos, un triunfo que el empresario consideró tan importante como el crecimiento comercial.
“Para mí significa muchísimo. No se trata solamente de vender comida; significa llevar una parte de Venezuela a un país que está a miles de kilómetros de nuestra tierra. Me llena de orgullo ver cómo una persona noruega puede probar una arepa, un tequeño o un patacón, conocer su historia y terminar disfrutando de nuestra cultura”.

La mirada del venezolano está puesta en el siguiente escalón. Sueña con abrir un nuevo restaurante en otra ciudad de Noruega el próximo año y ampliar el proyecto hacia actividades de integración cultural relacionadas con la gastronomía y el turismo.
“Nuestra meta es continuar creciendo. Esperamos poder abrir un segundo restaurante, aún más amplio que el primero, en otra ciudad de Noruega (…) Pero nuestros planes van más allá de abrir restaurantes. Queremos continuar utilizando la gastronomía como una herramienta de integración cultural entre Venezuela y Noruega”, adelantó.
Y en medio de esa expansión, el empresario mantiene intacta la idea que transformó un hobby por la cocina en una historia de éxito. “Queremos que DIDAU siga siendo ‘un puente entre dos continentes’ y que cada persona que entre a nuestro restaurante pueda llevarse un pequeño pedazo de Venezuela consigo”.
