El final era esperado, pero no por ello menos triste. Los argentinos lloran este lunes la noticia más dolorosa de los últimos años en materia deportiva. El ídolo indiscutido de toda una nación ha confirmado finalmente su retiro del seleccionado albiceleste. Algo que ya había insinuado, pero sus seguidores se resistían a creer. Tras más de dos décadas al frente del equipo, Lionel Andrés Messi se retira y deja a su país huérfano de ídolos de su magnitud. Los argentinos sueñan con un partido de despedida. Hace más de un mes que los argentinos estaban al tanto del posible retiro de su capitán. Sin embargo, la derrota en la final de Nueva York había quitado protagonismo a una realidad que se avecinaba pese a la negación de sus seguidores: el próximo Mundial de la selección albiceleste no tendría a Messi entre sus jugadores. A las puertas de los 40 años, y por su desempeño en la última Copa del Mundo, los argentinos se referían a su ídolo como el «hombre que desafía el tiempo». Incluso soñaban con la posibilidad de que el anuncio de su posible retiro se tratara apenas de una respuesta a la derrota deportiva. La muerte de su padre, Jorge Messi , trajo consigo otro sugestivo indicio en el mismo sentido, pero los argentinos todavía no acababan de admitirlo. «Elijo creer», fue la frase que les dio fuerza a lo largo de todo el Mundial. Y la sostenían. Pero desde este lunes ya no hay lugar para la esperanza. La decisión es irreversible y la contundencia que muchos seguidores le reclamaron en la final estadounidense llegó en una carta de adiós que duele en Argentina tanto o más que la derrota de julio. Los compatriotas de Messi no se resignan a que su despedida del campo de juego haya sido el enfrentamiento contra España, en el que el desempeño de su ídolo no estuvo a la altura de su carrera . Quieren verlo una vez más con la camiseta celeste y blanca. Sueñan con un partido homenaje para celebrar al máximo referente del fútbol. Aunque, por el momento, se desconoce si esto ocurrirá. La salida del astro —que parte «coronado de gloria», como reza el himno albiceleste, tras haber disputados seis mundiales— pone fin a largos años de éxitos deportivos. Pero también genera un abismo luego de al menos tres generaciones de argentinos reunidos en torno a la figura de un ídolo máximo. Es por ello que el duelo que se inicia este lunes en el país es doble. Implica aceptar que el próximo Mundial no contará con la presencia de la figura más querida de la selección albiceleste. Y, al mismo tiempo, obliga a los argentinos a acomodarse a un fenómeno que no ocurría en el país desde hace largas décadas: el de un fútbol acéfalo, en el que cada jugador tiene un rol esencial, pero donde, por el momento, no existe una figura magnánima a la cual atribuir y exigir verdaderos «milagros» como los que salvaron a la ‘Scaloneta’ varias veces en los últimos minutos durante la reciente Copa del Mundo. Desde hace casi 50 años –el fallecido Diego Armando Maradona debutó con la camiseta albiceleste en 1977- los argentinos se juntaban para ver un partido de su selección no solo con la idea de alentar y sentir los colores del país, sino también con fe inquebrantable en una figura a la que se le atribuían poderes sobrehumanos. Ejemplo de ello son las estampitas a San Maradona que circularon el último Mundial o el apodo de ‘Messías’ concedido a la querida ‘Pulga’. A partir de este 31 de agosto, que quedará marcado para siempre en la memoria deportiva de los argentinos, las cosas cambian para siempre. Y la costumbre que se mantuvo durante medio siglo de un juego de fútbol armado en torno a una figura central, elevada a la categoría de ‘astro’ por un pueblo entero, llega a su fin. Es cierto que, tal como lo ha expresado Messi en su carta de despedida, quedan excelentes deportistas, que en las últimas citas de Argentina han dado muestras de su buen desempeño. Quedan figuras que destacan en el fútbol europeo y que han sabido acompañar durante dos décadas a quien hoy cierra con broche de oro una carrera llena de laureles. Pero aquellos que se quedan, al menos por el momento, no despiertan irrefrenables pasiones como ocurrió con Maradona o Messi. A Lautaro, Enzo Fernández, Julián Álvarez, Cuti Romero, Garnacho, Mac Allister… no se les piden milagros ni se les construyen estatuas. Los argentinos de 20, de 40, de 60 años están acostumbrados, tal vez mal acostumbrados, a dos ídolos del fútbol que se perciben casi como semidioses, a quienes se les perdona todo o casi todo apenas pisan el césped. ‘San Maradona’, ‘la mano de Dios’, ‘el Messías’ y tantas otras expresiones que pasarán a los anales de la historia del fútbol. «Vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar», aseguró Messi este lunes casi a modo de consuelo. Pero los argentinos saben muy bien que hay algo que cambió para siempre, que los que quedan son mortales y que a partir de ahora hay que levantarse y afrontar el enorme e inabarcable vacío que dejan Messi y Maradona.