Víctor de Aldama y otros implicados en la trama Koldo del caso Ábalos pudieron moverse con libertad por los pasillos y los despachos del Ministerio de Transportes sin que nada trascendiera a la opinión pública. Bajo el velo de la opacidad de la agenda de los altos cargos y la ausencia de una obligación legal de transparentar las reuniones y contactos que mantienen las personas encargadas de redactar las leyes con quiénes tienen intención de influir en ellas ha medrado una casta de conseguidores , que no solo ha permitido la proliferación de tramas corruptas sino que ha extendido un halo de desconfianza sobre aquellos otros profesionales del lobby que defienden los intereses de sus clientes de manera lícita. La… Ver Más