
Los días de Sonia Soto tienen seis horas menos. Son las que pasa sin luz. En las que solo quiere encerrarse en el baño de su casa a llorar. “Esto es muy difícil, es algo que te angustia y te deprime, es un colapso mental”, cuenta por teléfono la mujer de 62 años desde Maracaibo, la principal ciudad petrolera del país y uno de los motores de la economía nacional, que vive desde hace años inclementes racionamientos de electricidad por una infraestructura averiada por la corrupción y la falta de inversión y mantenimiento.
Por: El País
Aunque pudiera pensarse que los racionamientos no pueden ser peores, este año se ha demostrado que sí. Se han extendido en horas y en regiones, en imprevisibilidad, y ocurren en un país más cansado, que algunas noches de este mes ha salido en medio de la oscuridad a protestar y bloquear vías en poblados como Turmero y Valencia, ciudades industriales del centro del país.
El problema es estructural, pero el régimen ha argumentado que el fenómeno climático de El Niño, que inició en agosto con una tendencia de sequías fuertes y altas temperaturas en Venezuela, le ha obligado a tomar medidas extraordinarias. Se han ampliado las horas de cortes diarios, que en promedio van de entre 6 a 11 horas en varias regiones del país; se establecieron horarios reducidos para la administración pública en algunas ciudades y, esta semana, han acordado con los centros comerciales dos bloques de racionamiento diarios.
La situación recuerda a la emergencia eléctrica de Hugo Chávez en 2009, cuando el embalse de Guri —que a través de su hidroeléctrica alimenta al 70% del país— bajó de nivel por una sequía severa. La crisis intentó ser resuelta entonces con la compra de plantas termoeléctricas a través del empresario Alejandro Betancourt y su empresa Derwick, que nuevamente ha reaparecido para hacer negocios con el régimen en el sector petrolero. Betancourt obtuvo entonces 11 contratos de los que se denunció sobreprecio y con los que se trajeron equipos que al poco tiempo fallaron.
Así fue como los apagones se convirtieron en el día a día, y el ruido sordo de las plantas eléctricas en el sonido ambiente en muchas ciudades. En esa crisis, el chavismo obligó a que los centros comerciales autogeneraran su energía y redujeran sus horarios de funcionamiento. Hoy, gran parte de estos establecimientos tienen plantas propias. Los que no las tienen sufrirán racionamiento de ocho horas al día, entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde, y de las 6 de la tarde hasta las 10 de la noche. Los que sí tienen recibirán a sus usuarios sin aire acondicionado y con las escaleras mecánicas apagadas. El plan de ahorro durará al menos dos meses. En 2009, por ejemplo, también se ordenó apagar las luces y avisos luminosos publicitarios en la capital. Pero la Caracas de ahora se ha llenado de pantallas LED en las que el chavismo difunde propaganda.
Aunque la capital suele estar exenta de racionamiento, las fluctuaciones de luz las padecen todos por igual y varias veces al día. La Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano de 2025 encontró que vivir sin cortes de luz es un lujo que solo puede darse el 10% de los venezolanos. En las regiones el problema es crónico.
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