El Rayo jugó en Leganés, Vallecas se quedó en el barrio: «Llevamos muchos años así»

Es día de partido, pero en el Estadio de Vallecas el único ruido que se escucha sale del gimnasio en el que tiene sede la Federación Madrileña de Boxeo. Las puertas están cerradas a cal y canto y la tienda, que tiene ya en el escaparate las camisetas de este año, carece de actividad. Para encontrar el fútbol hay que irse a 15 kilómetros, a Leganés, porque la Comunidad de Madrid ha decidido que este recinto vallecano no reúne las condiciones para disputar un partido de fútbol ni nada que se le parezca. O cambian las cosas o aquí no se juega. Las gradas de Vallecas están vacías, pero en los bares que tienen televisión en los alrededores se ven varias decenas de camisetas franjirrojas y un puñado del Alavés, que están ahí para vivir el partido y de paso solidarizarse con un equipo afín. «Ni de coña vamos a ir a Leganés», dice Andy, un joven rayista en la puerta de uno de esos bares. La frase, tan explicativa, recoge el sentir general del rayismo y la petición de la unión de peñas, que ha solicitado que nadie vaya a Butarque como medida de presión. No hay un ambiente tremendo en las terrazas, es algo parecido a cualquier tarde de verano madrileña, aunque con una mayor cantidad de camisetas de fútbol. Sobre todo en los pocos bares que dan el partido, porque en las otras terrazas, en las que no tienen pantallas, las camisetas de la franja desaparecen. El runrún de Vallecas, eso sí, se nota más que el de Butarque, que no llega a un tercio de entrada y presenta una imagen que no está a la altura de una competición que entiende que es clave para cualquier buen campeonato que las gradas sean una fiesta. «Es una situación muy frustrante, porque ahora se está visibilizando todo, pero llevamos muchos años así», cuenta Fernando, que fuma en la puerta del bar la Frasca. El nombre omnipresente, desde las conversaciones a las pintadas del estadio, es el del propietario, Raúl Martín Presa, dueño del club y a la vez persona non grata entre la afición. «Da un poco de rabia porque estamos totalmente desvinculados de la directiva, de la gente que manda en el club, y es una sensación muy rara, porque debería haber un sentimiento de comunión con el barrio, con una afición tan singular y tan especial. Pero la directiva está a otra cosa, es como si no lo viesen, no lo entienden. Son unos extraños, ahí mandando», añade Alberto, también con una camiseta vintage del Rayo. De fútbol se habla poco, es algo secundario cuando la institución está en crisis. Y eso que todos son conscientes de que hace unos meses estaban viajando por Europa y el momento deportivo del Rayo es el mejor de su historia, pero no llega a compensar. El equipo está en medio de cambios importantes, con poco fuelle y un cambio de entrenador. Se nota que andan cortos de gasolina, porque en la primera parte se imponen y Sergio Camello marcó después del descanso, pero en los minutos finales apareció Mariano Díaz, el delantero sorpresa de esta liga, y empató el marcador. Queda mucho por hacer para los vallecanos, que han ingresado dinero, pero todavía se espera una inversión para adecentar el equipo. Son conscientes, además, de que cada partido fuera de Vallecas es una bala perdida, porque aunque la situación social sea trágica, cuando todos se ven las caras en su casa el equipo madrileño sube enteros. Al Rayo, equipo humilde de siempre, nunca le sobra nada, así que todo el lío que parece extradeportivo puede terminar siendo un puñal para el club también en lo deportivo. Nunca son cosas independientes. En ese proceso para solucionar el entuerto tiene un papel importante la Comunidad de Madrid, que al final es la dueña de la instalación. Los aficionados les reprochan los años de mirar hacia otro lado, pero lo ocurrido este verano, este golpe de realidad que ha obligado al exilio, ha convertido al Gobierno madrileño en un aliado inesperado. «Es evidente que llevan años sin hacer nada, y claro que también son culpables, pero si ahora nos salen como un aliado inesperado, por interés suyo también, pues adelante. El enemigo de tu enemigo es tu amigo ¿no? En eso estamos, en una extraña comunión, como en la última temporada de Juego de Tronos, todos juntos a ver si nos cargamos al líder. Tampoco somos tontos, el año que viene hay elecciones, se quiere dar un nuevo uso al estadio… nada es casualidad», señala Fernando. También, por supuesto vestido con su camiseta con la franja. A 15 kilómetros, en Leganés, el árbitro pita el final. Empate, un punto y una pregunta: ¿cuándo volveremos a Vallecas, nuestra casa?

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez