Después de casi una década de contracción del crédito al consumo en Venezuela, el financiamiento personal comienza a mostrar señales de reactivación. El proceso, todavía limitado por las restricciones de liquidez y el reducido tamaño de la cartera crediticia del sistema financiero, tiene un punto de entrada claro: la compra de vehículos.
Por Raylí Luján | Bloomberg
La reaparición de esquemas de financiamiento ocurre en un mercado que durante años funcionó prácticamente de contado. El primer impulso llegó desde el sector fintech con Cashea, la plataforma de modelo “compra ahora, paga después” (BNPL, por sus siglas en inglés), que introdujo nuevamente la posibilidad de adquirir bienes mediante pagos fraccionados.
Su crecimiento abrió espacio para que otras plataformas replicaran el esquema y para que algunas instituciones financieras comenzaran a retomar productos dirigidos al consumo.
Aunque el crédito para la adquisición de viviendas o préstamos personales de libre inversión sigue siendo escaso, el financiamiento para vehículos se ha convertido en uno de los primeros segmentos donde bancos, concesionarios y empresas especializadas vuelven a ofrecer alternativas.
Bancos y el crédito automotor
Las principales entidades financieras privadas del país han concentrado su oferta en préstamos para la compra de vehículos nuevos, generalmente mediante alianzas con concesionarios autorizados.
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