
Es muy difícil cargar con un problema como el que agobia diariamente al venezolano: los apagones. Permanecer sin luz eléctrica durante horas y hasta días, sin computadora, aire acondicionado, en lugares como en el Zulia donde la temperatura no baja de 30°, sin acceso a ningún tipo de comunicación, porque hasta el celular requiere electricidad para su recarga, etc. Con la permanente amenaza que representan los picos de la electricidad por el daño que ocasiona a los electrodomésticos, neveras, televisores, lavadores… En fin, un San Benito.
Alumbra, alumbra, luz
Alúmbrame el zaguán
Alumbra, alumbra, luz
Alúmbrame el zaguán
Porque en la penumbra
No puedo cantar.
Hace poco se asomó una tenue lucecita al final del túnel, luego que la Asamblea Nacional aprobara en primera discusión la inversión privada para el sector eléctrico. A continuación, el ministro del poder popular para la Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, invitó a un número de expertos en electricidad, entre ellos, a Gustavo Villarroel, profesional especialista en el tema y parte de la anterior Electricidad de Caracas, la que funcionó antes de la llegada de Chávez al poder, para presentar un nuevo plan nacional eléctrico.
Resumamos algunos hechos que antecedieron al desastre eléctrico ocasionado por este gobierno. Comenzaremos recordando que durante el periodo 2009-2013, se sucedieron los primeros apagones en Venezuela, a raíz del fenómeno de El Niño, que afectó los niveles del embalse del Guri.
Entre el 2014 al 2018 hubo un deterioro progresivo del sistema hidroeléctrico, con apagones cada vez más frecuentes, principalmente en el interior del país, en los estados Zulia, Táchira, Mérida, Trujillo, Lara, Barinas y otros. Mientras que el 7 de marzo 2019 se produjo el colapso del sistema con el mayor apagón a escala nacional. En 2024 se reportaban cerca de 200 interrupciones diarias en el país, entre fallas locales y regionales, circunstancia que continúa hasta el presente.
La causa de los apagones se le atribuye a la excesiva dependencia del Guri, la falta de mantenimiento, el fracaso de los proyectos termoeléctricos, la fuga de personal, las limitaciones presupuestarias y una corrupción de proporción descomunal en el manejo de la SEN, inédita en nuestra historia. Como ejemplo de ello podemos referir las más escandalosas.
Durante el gobierno de Hugo Chávez Venezuela compró unas plantas eléctricas que Cuba le revendía y que tenían potencial para unos 1.800 megavatios, pero esas plantas eran inadecuadas para el país, y en la práctica, la operación sirvió como una transferencia de dinero a La Habana, tal como lo afirmara el ingeniero Miguel Lara Guarenas, quien recordó, además, que el chavismo destinó US$9.000 millones a la central de Tocoma “tres veces más de lo que asegura costó la central de Caruachi que es un desarrollo idéntico en obras civiles y electromecánicas”. La Central debía estar lista para 2010, pero 16 años después sigue sin funcionar.
Aparte de estas consideraciones, con una demanda actual de electricidad que ronda entre los 12.000 MV y 16.000 MV tenemos un déficit reconocido de entre 2.000 y 5.000 MV, en períodos de la demanda normal.
De ahí surge la pregunta: ¿Qué hace falta para incrementar la oferta eléctrica en unos 5.000 MV, de forma que cesen los apagones? De acuerdo con las fuentes consultadas, no se soluciona solamente con la instalación de nuevas plantas eléctricas, sino implementando un plan integral que contemple la habilitación de plantas hidroeléctricas, 1.200–1.500 MW, US$ 1.000–1.800 millones; la recuperación de termoeléctricas existentes, 1.500–2.000 MW, US $1.500–3.000 millones; nuevas plantas de ciclo combinado a gas, 2.000–2.500 MW, US $3.000–4.500 millones; energía solar distribuida y baterías, 800–1.200 MW, US $1.200–2.200 millones; transmisión, subestaciones y distribución, —, US $2.500–4.000 millones e inversiones en gasoductos, compresión y almacenamiento de combustible. El plan de inversiones estaría probablemente entre US$10.000 y US$17.500 millones, ejecutada durante cuatro o cinco años.
En este momento existe un programa propuesto para tales inversiones, y las empresas Simmens y la General Electric, nuestros principales proveedores, han hecho el avalúo. Ahora, sigue la asignación de los recursos para el plan eléctrico que tiene que competir con un sinnúmero de necesidades presupuestarias a nivel nacional.
De acuerdo con la opinión de expertos en la materia, todos coinciden en que la situación es muy difícil, aun cuando exista la disposición para realizar el plan. En primer lugar, el volumen de proyectos es muy grande. En segundo lugar, no hay en el país ni capacidad de gerencia ni personal especializado para ejecutar tal volumen de obras. Basados en lo ocurrido anteriormente, la posibilidad de que pueda hacerla algún ente extranjero es remota, conocidas las experiencias previas de los chinos, los hindúes y los norteamericanos, luego, es poco probable que trasladen los recursos valiosos al país. Tercero, el gobierno es reconocido como corrupto y mala paga, debe ya cantidades importantes de dinero a proveedores, así que es imposible que alguno quiera correr ese riesgo.
Bajo estas circunstancias concluyen que pasaran, al menos, cinco años, antes de que veamos algunos resultados positivos.
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