El Mundial de Estados Unidos fue un flechazo para Trump e Infantino , ese par de regalos, que han visto en el balón oportunidad de negocio. «¿Dónde está la bolita?». La bolita sería el garbanzo, que usan los del trile, o el «esférico», que dicen los becarios de Rivero en la TV de Estado. Dado que Trump anda ocupado bombardeando civilizaciones, como a él le gusta decir, del negocio del Mundial de fútbol se ocuparía, con la asesoría de JP Morgan, Joshua Kushner, el hermanillo del yerno de Trump, Jared, hijos del embajador americano en París, de vida francamente «ondoyant», como cualquiera puede comprobar entrando en Google. –La vie est ondoyant –gustaba de decir Pla, gran lector de Montaigne. Del Mundial se ocuparía Joshua (nombre, por cierto, común en la playa de Punta Umbría, donde las madres suelen llamar a gritos a sus hijos «¡Joshua!» y «¡Jonatán!»), porque a Jared ya no debe de caberle más dinero en tanto que enviado especial del Presidente en las cosas de la Diplomacia, para la cual no parece muy dotado, si miramos las caras que pone Jack Matlock (embajador americano en Moscú cuando la crisis de los misiles de Cuba y luego durante la caída del comunismo) cuando habla de las andanzas del personaje, que también le echó un ojo a una isla albanesa atestada de búnkeres antinucleares de la época soviética para montar un Sofico como el diseñado para Gaza. La Uefa de Ceferino, dueña de la mejor competición de fútbol mundial, la Champions, se ha mosqueado con la operación trumpiana de la Fifa de Infantino (‘The Times’ sostiene que la Casa Blanca está al tanto de la movida), y, harta de ver los dólares volar, ha dicho muy farruca: «La Fifa no puede seguir utilizando nuestro deporte para enriquecerse a sí misma y a sus amigos». La votación definitiva, el 19 de Septiembre, festividad de San Genaro, el del milagro de la licuefacción de su sangre en Nápoles, que todavía hoy reparte sus devotos con Maradona. Así que hagan juego, señores, que el próximo Mundial será en Marruecos, y el siguiente, en Cuba, una vez liberada y recuperada para el mundo de los capos casineros. Con Trump, Infantino y los Kushner en el tapete verde del casino, ¿quién atenderá al tuya-mía de Rodri en el césped artificial del estadio? El fútbol (al menos el fútbol de Mundial) habrá muerto. A todo esto, el Real Madrid cierra el balance de su pésima temporada deportiva (¡el gatillazo de Xabi ‘Jotdáun’ Alonso, que en gloria del Chelsea esté!) con un récord histórico de ingresos, panal de tan rica miel que podría excitar la codicia de los yernos de América (pensamos en los Kushner, no en los Riquelme) y poner a Yan Diomandé a tirar desmarques en los hoyos de golf de Mar-a-Lago en Palm Beach. ¡Yan Diomandé! El piperío se mostró escandalizado por los cien palos largos que habría costado Yan Diomandé . Desde luego, es mucho dinero. Canetti era de la teoría de que la loquísima inflación alemana de entreguerras allanó mentalmente al pueblo alemán para aceptar como normales los disparates del nazismo rampante. Los precios del mercado futbolístico andan tan desbocados que recuerdan al ambiente de la inflación alemana, pues cien palos por Diomandé parecen, en efecto, muchos palos, hasta que salta la noticia en Las Gaunas de que Gonzalo García ha sido tasado en setenta millones para el Fulham de Arbeloa, pelotazo que convierte la operación Diomandé en una ganga estival, gracias a lo cual, por una módica cantidad añadida, se ha anunciado, para el puesto de Gonzalo García, el fichaje de Carlos Espí , una suerte de Joselu para situaciones desesperadas. Fuera de España, hay admiración por la rentabilidad económica que el Real Madrid saca de la cantera de Valdebebas, cuyos ‘valors’ se miden en ‘leures’ del Banco Central, no en adjetivos de Dazn, como ocurre con los míticos canteranos de la Masía. La guinda del proyecto de Mourinho sería un Baresi, que no hay, pues el que hubo acaba de partir, dejándonos a todos con un palmo de narices, que era el mayor espacio que él concedía a los atacantes rivales. Su primer fallo al tirar el fuera de juego, y tenía 66 años.