Jenni Hermoso vuelve a casa. Vuelve al Atlético de Madrid, al club en el que debutó siendo apenas una adolescente. Después de un importante periplo internacional, tres años después, la campeona del mundo vuelve al club que la vio crecer como deportista. Una noticia que hoy ya es oficial, pero que en esta misma columna adelantamos el pasado mes de abril, cuando casi nadie daba crédito a esta posibilidad. No fue una operación sencilla. Las conversaciones se alargaron, hubo que encajar tiempos, condiciones y situaciones contractuales. Pero el desenlace culmina con un regreso de enorme simbolismo, porque no se trata simplemente de un fichaje. Es la vuelta de una de las grandes referentes del fútbol femenino español al lugar donde empezó todo, una jugada maestra no solo a nivel futbolístico, sino también a nivel de gesto, principios, imagen y medios. Jenni vuelve con otra dimensión. Tiene más experiencia, más madurez personal y profesional, más recorrido. Llega convertida en una figura de alcance internacional. Su etapa fuera de España, especialmente en México, la ha enriquecido en todos los sentidos y ahora regresa para aportar mucho más que goles: liderazgo, carácter, experiencia y una visibilidad que el Atlético, y también la Liga F, necesitan. Pero hay un elemento que hace todavía más llamativo su regreso. La vuelta de Jenni Hermoso coincide con el final de la inhabilitación de Luis Rubiales por parte de la FIFA . Tres años después de su salida, y después de todo lo ocurrido en este tiempo alrededor de su figura y del fútbol femenino español, Jenni vuelve a España coincidiendo en el tiempo con el cierre de ese convulso periodo. Algo simbólico, sin duda, pero que acallará (esperemos) una polémica que parecía imposible separar durante mucho tiempo de su nombre. Y esa es, precisamente, una de las grandes incógnitas de este regreso. El aterrizaje de Jenni puede traer recuerdos, debates y titulares. Pero ha llegado el momento de empezar a mirar hacia delante. Después de todo lo vivido, después de todo lo que se ha dicho y escrito, es de esperar que su figura pueda centrarse, única y exclusivamente, en aquello que la ha llevado hasta aquí: su rendimiento deportivo. Jenni Hermoso es, antes que cualquier otra cosa, futbolista. Y su regreso al Atlético debería hablar de goles, de asistencias, de liderazgo, de partidos decisivos y de lo que sea capaz de aportar sobre el césped. Su vuelta debería servir, precisamente, para recuperar esa normalidad: que se hable de Jenni por lo que hace con un balón en los pies. También conviene mirar hacia la Liga F . Porque el regreso de una jugadora de la dimensión de Jenni es una magnífica noticia, sí, pero también deja al descubierto una realidad incómoda. Una competición que aspira a ser grande no debería necesitar el regreso de una de sus grandes estrellas para recuperar focos, titulares e interés. La Liga F lleva tiempo perdiendo talento, atractivo y capacidad para retener a muchas de sus mejores futbolistas. Y no basta con celebrar que Jenni vuelva: habría que preguntarse por qué tantas otras se han ido y por qué la competición no ha sido capaz de crecer al ritmo que prometía. Que regrese Jenni es un golpe de efecto. Pero una liga fuerte no puede vivir permanentemente de golpes de efecto. Necesita una estructura sólida, mejores condiciones, más competitividad, mayor capacidad de atraer y retener talento y, sobre todo, una estrategia que vaya más allá de celebrar cada gran fichaje como si fuera una solución definitiva. El verdadero desafío empieza ahora.