
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se excusó el martes, cinco días después de la entrada masiva de inmigrantes irregulares, con un «hay muchas cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber ninguna responsabilidad». Esa cosa que ocurrió es que 72.000 personas atravesaron desde una ciudad marroquí de ese tamaño, Castillejos, a otra española de tamaño similar, Ceuta, sin que las autoridades marroquíes hicieran nada por impedirlo ni las españolas estuvieran preparadas para contenerlo.
Por El Debate
El siguiente mapa muestra una comparación entre el tamaño de la masa humana que se atravesó la frontera del Tarajal con el tamaño de las localidades marroquíes más próximas al cruce por Ceuta en su flanco sur. Castillejos, la ciudad más próxima, por donde consumaron la irrupción por la frontera, es una población de 77.250 habitantes, según el censo marroquí. Imposible que una masa de igual tamaño pasara inadvertida.

Castillejos está apenas a 7 kilómetros de Ceuta, a poco más de una hora y media a pie en un terreno de fácil tránsito. La siguiente ciudad más próxima es Rincón, a 25,6 kilómetros de Ceuta, casi seis horas a pie. El tamaño de la localidad es de 67.599 habitantes, inferior al de la masa que cruzó la frontera, 72.000 inmigrantes irregulares, según las últimas cifras ofrecidas por Marlaska.
Precisamente en Rincón esa noche el rey Mohamed VI ofreció ese jueves por la noche una recepción en su residencia real para conmemorar la Fiesta del Trono, el aniversario de entronización del monarca. Tahar Ben Jelloun, el escritor marroquí vivo más célebre en lengua francesa, presente en la fiesta, fue testigo atónito de la turba, tal y como escribió en su artículo en el periódico marroquí Le360, medio afín a la postura oficial del Palacio Real: «El jueves, de regreso de las celebraciones del Día del Trono, vi a estos aspirantes a exiliados marchando con determinación. La policía marroquí no intervino».
Disputa entre Interior y Defensa
A pesar de las evidencias, el Gobierno de Pedro Sánchez las ignora para no incomodar a Rabat, a quien sigue calificando un socio fiable, indispensable para la regulación de la inmigración y la vigilancia del terrorismo. El Gobierno sigue acotando la culpa de lo que llama «tragedia» a una operación «orquestada por el conjunto de mafias».
Tan sólo la ministra de Defensa, Margarita Robles, se ha desmarcado de la postura oficial y ha exigido a Marruecos que «investigue y llegue hasta el final» para dilucidar lo ocurrido. Robles advirtió que «quien haya estado detrás de esto, o quien lo haya consentido o tolerado, tendrá que asumir responsabilidades».
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