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Edición en español Lunes 31 de agosto de 2026

La UDO Monagas naufraga en la desidia: un ataque directo al futuro de la República, por

Recorrer la Universidad de Oriente, Núcleo Monagas, genera una indignación profunda. Este centro de estudios, que por décadas fue el faro del conocimiento y motor de desarrollo para el oriente del país, hoy naufraga entre la maleza, el olvido y el peso muerto de la desidia institucional. Quienes tienen el deber sagrado de preservar y dignificar este espacio le han dado la espalda, dejando que la sombra del abandono devore la academia.
La magnitud de esta triste realidad no se puede ocultar. Pasillos desolados, aulas convertidas en solares, laboratorios desmantelados y un comedor en ruinas hablan por sí solos. Espacios que antes albergaban promesas hoy son auténticos basureros; un cementerio de pupitres dañados y apilados se alza como monumento al descuido. Afuera, la maleza indomable sobrepasa los dos metros de altura en patios y caminerías, convirtiéndose en un peligro latente. No es un problema estético: es el reflejo físico de cómo las autoridades que usurpan el Estado ahogan el campus.
Estudiar aquí es un acto de heroísmo, pero no debería serlo. Esta crisis provoca una disminución drástica de la matrícula porque no existen condiciones mínimas. Lo que ocurre en la UDO Monagas es un ataque directo al derecho humano fundamental a la educación. Ante esta dura realidad, la comunidad universitaria no se ha quedado de brazos cruzados. Profesores y estudiantes, con sus propias manos, han promovido iniciativas para recuperar minuciosos espacios. Aunque este esfuerzo es heroico y significativo, no es justo ni suficiente. La responsabilidad recae sobre un régimen que a su paso destruyó todo, dejando claro que no le importa la excelencia, el progreso, ni la institucionalidad.
Quienes hoy callan son cómplices del naufragio de los sueños de miles de jóvenes. Al ver esto, es imposible no levantar la voz. La recuperación de la UDO es una prioridad nacional porque salvar la universidad es salvar el futuro de la nación. No nos cruzaremos de manos; trabajaremos fuerte hasta conseguir elecciones libres. Solo a través del voto democrático podremos transformar esta triste realidad y construir un país que enaltezca la educación.
Hoy más que nunca, la histórica frase de Simón Bolívar, “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, debe dejar de ser letra muerta. La “moral” es nuestra resistencia ética frente a la corrupción del sistema, y las “luces” son la formación y el conocimiento que usaremos para reconstruir la República.
¡La UDO Monagas volverá a ser luz!

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