
Hayden Panettiere interpretó en “Heroes” a una animadora capaz de regenerar su cuerpo después de cualquier herida. Se llamaba Claire Bennet y su indestructibilidad quedó resumida en uno de los lemas más populares de la televisión de los años dos mil: “Salva a la animadora, salva el mundo”. Millones de espectadores veían a aquella adolescente levantarse una y otra vez, pero nadie sabía cómo salvar a la actriz que la interpretaba.
Por larazon.es
Panettiere murió el domingo 16 de agosto, cinco días antes de cumplir 37 años. Fue encontrada inconsciente en su apartamento de Greenville, en Carolina del Sur. Los servicios de emergencia no pudieron reanimarla y las autoridades no apreciaron señales de violencia ni traumatismos. La investigación continúa abierta y la causa de la muerte no ha sido determinada. Conviene detenerse ahí. Cualquier relación directa con las adicciones que padeció sería, por el momento, una conjetura.
Pero si todavía no existe una explicación forense, sí hay una biografía del desgaste. La escribió ella misma en “This Is Me: A Reckoning”, las memorias que publicó el pasado mayo y que, leídas después de su muerte, resultan aún más escalofriantes. En ellas reconstruía el éxito precoz, la explotación, la enfermedad mental, el alcohol, los medicamentos, la violencia y el duelo. También revelaba una advertencia que había recibido de un médico: si no dejaba de beber, podía morir en el plazo de cinco años.
Un cuerpo sometido al castigo
No era una profecía ni permite establecer qué sucedió el domingo. Era la constatación de que su organismo llevaba tiempo sometido a una batalla. Su madre, Lesley Vogel, antigua actriz de telenovelas, la inscribió en agencias de publicidad y representación cuando tenía cuatro meses. A los cuatro años ya aparecía en televisión y a los siete se sentaba frente a Jay Leno con las piernas demasiado cortas para alcanzar el suelo.
“Vivía para que mi madre se sintiera orgullosa de mí”, confesó. Creía que la única manera de ganarse su afecto consistía en obedecer y rendir. Cuando comenzó a perder las piezas de leche, su madre la llevó a un dentista para que le fabricara una pequeña prótesis. Una sonrisa incompleta podía costarle un anuncio. En otra ocasión, lejos de casa y ante una grabación inminente, llegaron a pegarle un diente a la prótesis con adhesivo comprado en una ferretería. El cuerpo infantil debía ajustarse a las exigencias del rodaje, aunque la naturaleza llevara otro calendario.
Su cuerpo era una herramienta de trabajo y detenerse, enfermar o crecer a destiempo podía resultar imperdonable. A los 16 años consiguió el papel de Claire Bennet en Heroes y se convirtió en millonaria. Compró una casa para su familia, pagó los gastos del complicado divorcio de sus padres y se transformó en la chica impecable de Estados Unidos. Firmó campañas publicitarias, lanzó productos con su nombre y prestó su imagen a causas solidarias. Su contrato con Neutrogena incluía cláusulas morales destinadas a proteger aquella apariencia sin mácula.
“Cuando tu imagen está tan limpia, lo único que puedes hacer es ir cuesta abajo”, le dijo en 2013 a la periodista Jane Mulkerrins. Tenía 23 años, aunque aseguraba sentirse como si ya hubiera pasado de los treinta.
Panettiere contó que, durante la promoción de Heroes, un miembro de su equipo le proporcionó una “pastilla de la felicidad” para que afrontara con mayor energía las alfombras rojas y las entrevistas. Tenía 16 años y estaba acostumbrada a confiar en los adultos que dirigían su vida. Con el tiempo llegó a pensar que aquellas pastillas eran anfetaminas.
Explotación sexual
A ello se sumaron el asedio de los paparazzi y distintas situaciones de explotación sexual. En sus memorias relató que un actor ganador de un Óscar le mostró sus genitales durante una fiesta y que, en un superyate, una amiga intentó conducirla hasta el camarote donde la esperaba una estrella británica. Consiguió huir. Se sintió, escribió, como “carne cruda” ofrecida a las hienas.
El otro gran quiebro llegó después del nacimiento de su hija Kaya, en diciembre de 2014. Panettiere sufrió una grave depresión posparto que tardó meses en identificar. La describió como un apagón emocional, la sensación de que su alma había dejado de responder. Mientras rodaba jornadas de hasta 16 horas en Nashville, su entonces pareja, el boxeador ucraniano Wladimir Klitschko, pasaba buena parte del tiempo en Europa.
Panettiere comenzó a automedicarse con vino y whisky. También tomaba Klonopin, una benzodiazepina que le habían recetado contra la ansiedad y a la que terminó desarrollando dependencia. Ingresó por primera vez en rehabilitación cuando su hija tenía cuatro meses.
Pérdidas
En 2018, durante un viaje a Kiev y todavía atrapada entre la depresión y las adicciones, firmó la cesión de la custodia de Kaya a Klitschko. Siempre negó haber abandonado voluntariamente a su hija. La niña, que hoy tiene 11 años, vive en Europa con su padre. Panettiere mantenía con ella una relación a distancia, mediante llamadas y visitas menos frecuentes de lo que deseaba.
Después llegó una relación marcada por los malos tratos. Su expareja Brian Hickerson fue condenado en 2021 a 45 días de prisión por violencia doméstica. Panettiere relató que llegó a esconderse de él dentro de un automóvil cerrado y que temió tener que matarlo para defenderse. Salir de aquella relación y denunciar la violencia requirió un proceso lento, lleno de miedo y recaídas.
En 2020 pasó ocho meses en rehabilitación. Regresó después a la interpretación con Scream VI y trató de reconstruir su carrera, pero en febrero de 2023 murió repentinamente su hermano menor, Jansen, a los 28 años, debido a una cardiomegalia acompañada de complicaciones en la válvula aórtica. El duelo no fue cediendo. Al contrario.
En mayo, cuando le preguntaron cuánto tiempo llevaba sobria, evitó ofrecer una fecha. Explicó que vivía el proceso en fragmentos de 24 horas y, cuando era necesario, hora a hora o minuto a minuto. No pronunciaba la grandilocuencia de quien se considera curado, sino la prudencia de quien conoce la fragilidad de cada día.
Sus memorias no deben leerse como una nota de suicidio retrospectiva ni como la resolución anticipada del misterio de su muerte. Hayden quiso contar quién había debajo de la animadora, la estrella, la adicta, la madre cuestionada y la superviviente.
