Ocho años después del bronce en 2018, la selección española femenina de baloncesto vuelve a una Copa del Mundo. El equipo de Miguel Méndez selló el billete para Berlín en el premundial de Puerto Rico y afronta la recta final de su preparación, que ha tenido su punto álgido en la victoria frente a Bélgica por 96-67 en Tenerife, saldando así las cuentas pendientes tras la dolorosa final del Eurobasket 2025. En la concentración inicial había dieciséis jugadoras —catorce tras los descartes de Txell Alarcón y Carolina Guerrero, a la espera de las cinco que disputan la WNBA— y solo doce del total de veintiuna viajarán a Alemania. Entre ellas figura Maite Cazorla (Las Palmas de Gran Canaria, 29 años), base del USK Praga, con el que conquistó la Euroliga 2024-25, y una de las voces con más recorrido internacional de un grupo en pleno relevo generacional. Formada en Oregón y elegida en el draft de la WNBA en 2019, este mismo verano vivió en Atlanta la cara amarga del oficio: ser cortada a las puertas de la temporada. De todo ello habla en esta entrevista. -Primeras semanas de trabajo y primeros test superados. ¿Qué balance hace de las sensaciones dentro del grupo? -Muy buenas. Con muchas ganas, se nota la ilusión. Es verdad que es mucha información en poco tiempo, pero nos estamos adaptando todas muy bien. -Se cumplen ocho años de la última presencia en una Copa del Mundo. ¿Se respira un ambiente distinto en el grupo durante esta preparación? -Sí. Para muchas va a ser nuestro primer Mundial, por no decir para casi todas. Creo que Alba (Torrens) es la única que ha disputado uno. Poder jugar un Mundial es una ilusión, y más después de ocho años sin que la selección española estuviera. Es ilusionante. -Vienen de dinámicas y roles muy distintos en sus clubes. ¿Cuáles son las claves para ensamblar todas esas piezas y construir un verdadero equipo? -Una de las claves, y creo que lo hacemos muy bien, es adaptarse. Vas a tener que adaptarte a las situaciones y al rol que te toque, porque todas tenemos minutos importantes en nuestros equipos, muchos minutos, y es muy difícil que todas juguemos esa cantidad aquí. También es difícil que todo el mundo juegue, va a depender mucho de cómo estemos. Pero somos un equipo con muchísimo talento y lo bueno es que, sea quien sea que esté en la pista, siempre va a aportar algo. -Iyana (Martín) ya está en la concentración y Awa (Fam) se sumará más adelante, ambas con 20 años. Desde su experiencia internacional, ¿cómo se ayuda a las más jóvenes a gestionar la responsabilidad de vestir esta camiseta? -No les pedimos más que hagan lo que saben hacer. No se les puede pedir más. Que disfruten del proceso, porque hay que disfrutarlo. Habrá momentos en los que lo haremos mejor y otros peor. El talento lo tienen, están aquí porque saben lo que hay que hacer. Muchas veces solo hay que decirles: «Oye, olvídate, disfruta, haz lo que sabes hacer». -Se habla mucho de este periodo como una transición natural en la selección. ¿Cómo está viviendo desde dentro este relevo generacional? -Viene mucho talento por debajo. Yo ya soy ‘medio veterana’ y pienso: «¡Cómo puede ser, si no llevo tanto tiempo aquí!». Tampoco creo que sea normal (ríe), pero lo vivo con mucha ilusión. Hay muchísimo talento, son chicas bastante maduras para su edad y muy trabajadoras. Mucho carácter, mucha competitividad, y eso es bueno. -El baloncesto base español no deja de cosechar medallas verano tras verano. Viendo los resultados en las categorías inferiores, ¿se está trabajando en la dirección correcta a nivel formativo? -Sí, creo que se está trabajando muy bien. Y más allá de conseguir medalla o no, porque hay veces que tienes mucho talento y no se consigue, ganar es muy difícil y estamos acostumbrados a ganar mucho, pero no es fácil, creo que se están haciendo las cosas muy bien. -Son dieciséis jugadoras en la concentración, de una lista amplia de veintiuna, y solo doce estarán en la lista final. Con tan pocos puestos en juego, ¿se percibe esa competencia interna en el día a día? -Cuando competimos y entrenamos hay competencia, en el sentido de «yo lo quiero hacer bien». Pero siempre hay muy buen rollo, y eso se nota. Cuando ves las fotos, los vídeos… cuando nos ves entrenar, hay muy buen rollo, y eso también se agradece. -Pero en lo individual, ¿no aflora esa tensión o el deseo inevitable de querer ganarse una de esas doce plazas? -Sí, creo que sí. Todas la tenemos, porque no hay nada asegurado; pueden pasar veinte mil cosas, puede haber lesiones… Pero, dentro de la competitividad y de las ganas de estar aquí, siempre hay buen ambiente, algo que creo que es superimportante. -Vivio una experiencia de ese tipo en su etapa con Atlanta en la WNBA. ¿Cómo se asimila un «no» cuando has estado acostumbrada a recibir siempre el «sí»? -Depende mucho de la expectativa que tengas tú y de la comunicación que haya con el cuerpo técnico. En Atlanta yo no sabía si iba a estar o no, así que también había esa incertidumbre de «puede ser que sí, puede ser que no». Al final todas queremos estar, y no es fácil que te digan que no, menos aún si estás en una concentración larga y llegan los últimos días y te dicen: «Oye, por los motivos que sea, el seleccionador ha decidido estas doce». No es fácil. Pero como todas hemos pasado por algo así en algún momento, nos arropamos las unas a las otras. -¿Cómo fue exactamente el momento en el que le comunicaron esa decisión en Atlanta? -Teníamos un entrenamiento voluntario, una sesión de tiro. Fui sola a hacerla y en ese momento me dijeron: «Oye, queremos hablar contigo». Ya ahí me olía por dónde iban los tiros. Me dijeron que muchas gracias, que habían decidido dejarme ir y que, si necesitaba cualquier cosa, intentarían ayudarme. -Hay cinco internacionales disputando la WNBA que no llegarán a los partidos de preparación previos al torneo. Con la distancia y la exigencia de sus calendarios, ¿mantiene un contacto fluido con ellas? -Sí. Habíamos hablado un poco con Alba (Torrens), que es la capitana, para intentar hacer videollamadas o ponernos más en contacto con ellas, saber cómo les está yendo y contarles lo que hemos trabajado. Llevamos solo dos días y no nos ha dado tiempo, pero la idea es contactar con ellas y seguir así durante todo el mes. -¿Cómo se gestiona esa doble exigencia mental de estar compitiendo en la WNBA y, al mismo tiempo, tener la mente puesta en el chip del Mundial? -Este grupo tiene que adaptarse, y ellas van a tener que adaptarse igual. Estarán centradas en lo que les toca, que es estar allí, disfrutar de la experiencia y hacerlo lo mejor posible, y luego, cuando les toque venir aquí, cambiar el chip. Como son jugadoras importantes, intentarán ayudarnos lo máximo posible. -Sorprende ver que Estados Unidos ha dejado fuera de la lista para el Mundial a Sabrina Ionescu, con quien compartió vestuario en Oregón. ¿Cómo ha recibido esa ausencia? -A mí me chocó. Cuando vi la lista, le mandé un mensajito, un emoji de un corazón. Me contestó, le puse «espero que estés bien» y estuvimos hablando un poco. A ella también le chocó, porque no se lo esperaba. -¿Puede ser una ventaja real para el resto de potencias el hecho de que Estados Unidos no cuente con una jugadora de su perfil, o su fondo de armario sigue siendo inalcanzable? -Sí y no. Hay muchísimas jugadoras con talento en Estados Unidos. Por la parte que me toca, prefiero que Sabrina no esté (ríe), porque me parece una jugadora muy difícil de defender, pero luego hay otras que también lo son mucho. Y por la parte de excompañera y amiga, me da pena, porque es una tía supertrabajadora, tiene muchísimo talento y se merece estar ahí. -Seamos realistas: ¿Estados Unidos es un equipo imbatible hoy en día o hay margen para dar la sorpresa en un partido perfecto? -Mira, te voy a contestar con un «¡por qué no!». ¿Por qué no? Si nos llega el momento, si es que nos llega, porque nunca se sabe, nosotras vamos a ir a por todas. En Puerto Rico fuimos a por todas, y es verdad que no estaba todo el equipo, pero demostramos que hay que competir los cuarenta minutos y que se puede ganar. ¿Por qué no? -El duelo contra Bélgica en Tenerife era la prueba de fuego de la gira. ¿Había cierto aire de revancha o de querer dar un golpe sobre la mesa? -No dejó de ser un partido más, pero luego nuestro carácter y nuestro orgullo dicen: «Oye, el último partido que disputamos contra ellas fue el del Eurobasket». Bueno, lo disputaron ellas, yo no pude estar. Es un partido de preparación y vamos a pensar en nosotras, en seguir mejorando, en trabajar los puntos clave que nos toquen y en el Mundial. No fue a vida o muerte en nuestro caso. -¿Importan los resultados en este tipo de partidos? -Sí importan, queremos ganar. Pero creo que lo que más importa es el trabajo. Si hemos hecho las cosas bien y luego no conseguimos ganar, nos podemos ir satisfechas. Aunque somos competitivas y queremos ganar siempre. -Para acabar, aún no se sabe cuál va a ser su equipo la próxima temporada… -Puedo decírtelo, porque ya más o menos se sabe: voy a seguir un añito más en Praga.