Indiscutible heroína del atletismo español, inalcanzables sus cuatro oros mundiales y sus dos medallas olímpicas, María Pérez (Orce, 30 años) afronta en Birmingham el inicio de una larga travesía que desembocará en Los Ángeles 2028, última parada de su carrera deportiva. En otro Europeo, Múnich 2018, logró la granadina su primer gran éxito internacional. Ocho años después, en el que puede ser el último, la garra de María sigue intacta. También su ambición. La española vuelve a ser favorita en el estreno de la distancia de medio maratón de marcha, un cambio aparentemente menor respecto a los 20 kilómetros anteriores, pero que le ha obligado a la enésima reinvención. -¿Cómo se encuentra? -Bien, Muy bien. Tranquila. Entrenando bien y contenta. Con ganas de competir, porque se me está haciendo larga la preparación. -Encima compite al final (sábado 15, 8.30 horas). -Me da un poco igual al principio que al final. A Birmingham no llegaré hasta el miércoles, así que allí voy a tener solo dos días de parado, como digo yo. Cuando esté allí, con todo el mundo en la salsa de la competición es posible que me entren más ganas. -¿Llega con la sensación de que puede ser su último Europeo? -Yo siempre pienso que puede ser la última competición. No porque lo crea realmente, sino porque también nos podemos lesionar, Dios no lo quiera. Pero es verdad que el plan de ruta es igual al de otros años. El año que viene hay Mundial, y en 2028 el Europeo toca en el mismo verano que los Juegos. Mi idea sería repetir lo de París y hacer solo una gran carrera. Entonces sí, puede ser el último Europeo antes de ser madre. -¿Cuánto hay de distinto en la María actual de la que logró el oro en el Europeo de Múnich 2018? -Pasa el tiempo volando. Ocho años ya. Creo que la María de entonces era una niña que soñaba en grande, muy exigente. Igual que ahora. Lo único que ha cambiado es que la actual no es tan obsesiva con el resultado como antes, porque ya tengo esa medalla. Ahora disfruto más. -¿Es más fácil competir cuando ya no hay cuentas pendientes? -Mmm, no sé, no creo que sea más fácil, porque hay que mantener la motivación. Y cuando la has conseguido todo es mucho más complicado mantenerla. -¿Y cómo consigue mantenerla usted? -Pues mira, Antonella (la italiana Palmisano, amiga y principal rival de María) dice que yo soy su motivación, que por eso sigue otro año más hasta los Juegos. Y puede ser que mi motivación sea estar aprendiendo de una persona que yo tenía como ídolo. Y pienso que ahora puedo disfrutar de lo que es realmente el deporte y lo veo con esa perspectiva más de disfrutar que de obsesión. Y al fondo está esa medalla de oro individual en los Juegos, y es algo que quiero. No por ser la mejor, ni por hacer historia, ni para que lo ponga en mi palmarés, sino porque significaría que me he superado a mí misma. Creo que la motivación es ese equilibrio entre encontrarme bien conmigo misma y con el resto de la gente. -Habla de Antonella Palmisano, amiga íntima con la que igual se tiene que jugar el oro… -Yo creo que la María que hay ahora no es solo gracias a mi equipo y mi familia, sino también a ella y su entorno. Hemos estado entrenando juntas en Livigno y en Font Romeu. Al final yo aprendo de ella y ella aprenderá de mí, seguro. Estar con ella me ayuda a sacar algo diferente que yo sola sería incapaz de hacer en un entrenamiento. Las dos sabemos diferenciar bien las cosas. Se vio en Tokio con nuestra reacción en la meta. Acabamos de competir y nos fuimos a cenar una hamburguesa, más allá del resultado. Hay que diferenciar y saber que una a la otra nos hacemos mejores. Yo sé que Antonella ha trabajado muy bien este año, ha hecho cosas que yo no he hecho, ha trabajado mucho la velocidad… Y bueno, el jueves cumple 35 años, así que me quito el sombrero. -Esa instantánea de Tokio, con usted esperando en la meta a que llegase la italiana (plata), fue una de las imágenes de los campeonatos. —Seguramente volvería a hacerlo. Quise hacer una reverencia a alguien a quien tengo como ídolo, como persona. Eso no quita que en competición nos tengamos que poner en una situación que a veces la gente no sabe llevar. Uno de los valores del deporte es la amistad y el compañerismo, se sea del país que sea, de donde se venga, de las raíces, cultura o religión. Somos personas y todos sufrimos por estar ahí. Y lo de favoritas… No sé, hay muchas ucranianas a las que no hemos visto competir y no sabemos nada de ellas. Siempre hay sorpresas en el Europeo. -¿Qué opina de la nueva distancia? La de Birmingham va a ser mi segunda media maratón. Son cinco minutos y pico más de sufrimiento, pero no hay una diferencia enorme. Es bueno que vuelva a haber una distancia corta y otra larga, porque un maratón no es lo mismo que 35 kilómetros. Estoy contenta por los compañeros que se han tenido que reconvertir en varias ocasiones debido a los cambios. Y es una manera de estar más cerca del corredor popular. Para nosotros, en competición, es un poco más incómodo, entre comillas, a la hora de hacer cálculos de ritmo: esos noventa y pico metros desajustan y son treinta o cuarenta segundos más. Pero nos igualamos a quienes hacen una media maratón o una maratón. Habrá gente que, viendo el ritmo, se dé cuenta de lo que supone marchar. -Sobre el futuro, ¿le da vértigo la retirada? -Soy consciente de que vivo en Granada y ahora mismo estoy sola, entre comillas. Si ahora fuese madre, sería madre soltera. Me quito el sombrero ante las personas que deciden dar ese paso, porque si siendo dos personas cuesta, una sola persona tiene el doble de trabajo. Pero tanto un hombre como una mujer, si tienen el sueño de ser madre o padre, deberían poder cumplirlo y tener esas facilidades. Mira, una vez un taxista de Granada me dijo que la medalla más bonita es ser padre o madre, y no creo que se equivocara. Considero que me falta la mejor medalla de la vida. Vértigo nos da todo, sobre todo cuando te sacan de una rutina y unos horarios. Pero con 15 años ya trabajaba de camarera en mi pueblo y sé lo que es el trabajo sacrificado. No me da miedo el cambio. Además, con 30 años y aunque me siento joven, para la sociedad ya soy mayor. Intenté conseguir una de las plazas de militar reservadas a deportistas y no pude porque pasaba de la edad… De ahí también el plantearme cuándo voy a dar ese paso a la maternidad y a la entrada a la vida laboral. La vida son etapas, y no todo es deporte de alto nivel. Y podría volver después de ser madre, pero lo que me apetecerá cuando esa personita llegue al mundo será ocuparme bien de ella y darle la vida que se merece. -¿Echa de menos más ayudas? -Ayudas hay, pero para los jóvenes. Somos personas que damos todo por nuestro país. Todos los que están en casa, delante de la televisión, se sienten orgullosos de nosotros cuando conseguimos un gran resultado. Pero hay ese vacío laboral, tengas estudios o no, y siempre te va a costar encontrar algo. Porque con 30 años vas a las empresas y ya eres mayor. Prefieren a uno de 23. Creo que hay que sensibilizar a la sociedad, que sepan que somos personas normales, que durante unos años hemos decidimos sacrificar muchas cosas… Que mientras toda la sociedad funciona de una manera normal y rutinaria nosotros pasamos fuera de casa casi 200 días. Que ahora que llega el verano y todos están de vacaciones, nosotros estamos entrenando para una gran competición. Es algo que he decidido y estoy orgullosa de lo que hago. No me arrepiento y me siento una afortunada. Pero sí que que hay que dar un toque de atención. Damos todo por nuestro país y luego no tenemos nada a cambio. -¿Qué trabajo cree que se le daría bien a María Pérez? -Buf, Pues mira, podríamos hacer una encuesta entre la sociedad. Creo que los deportistas son buenos en casi todo. Saben trabajar bien en equipo, conocen la disciplina y creo que pueden liderar bien. No me gustaría ni en el campo ni en la hostelería porque lo he probado y son muy esclavos. Pero si me toca, pues sería como otros muchos españoles, que igual están en trabajos que no les dejan del todo satisfechos. -Y hay algo que se le dé especialmente bien fuera del deporte? -Los niños. Así que si alguien necesita una ‘nanny’, ya sabe. -Ahora vive sola. ¿Cómo se apaña con las tareas domésticas? -Me encanta limpiar, me relaja. Cuando llego a casa desconecto, dejo el móvil y me olvido de todo. En cambio, odio fregar los platos. -¿Y qué plan le encanta hacer cuando sus obligaciones se lo permiten? -Me encanta que venga gente a casa. Cuando uno siente su casa suya, quiere hacerla también de los demás también. -¿Y es de pedir consejo o de decidir por su cuenta? -Uf, depende. Depende de lo que sea, pero soy más de intuición, de actuar por mi cuenta. Y normalmente me ha ido bien. -¿Entrena con música? -Rara vez. Ahora un poco más porque en el reloj puedo poner música y Antonella me puso una playlist. Me enseñó cómo se instalaba y a veces la pongo, pero no es lo normal. -¿Alguna canción que escuche ahora sin parar? -Me encanta la de Lola Índigo y Ana Mena, la de toda ‘Pa ti toa’.. -¿A qué lugar especial volverá después de la retirada? -Uf. No sé si era Sabina el que decía que no debes volver al lugar donde has sido feliz. Mi sueño ahora es ir a Los Ángeles, que nunca he estado. Ir con mi familia y amigos, ojalá sea en los Juegos. Y cuando me retiré iré a Budapest. Me gustaría volver con mi hijo y decirle: ‘mira, aquí hice algo importante’. Fui de vacaciones en 2019 y estuve en la Plaza de los Héroes. Quién me iba a decir que cuatro años después iba a ganar allí dos oros mundiales… Tengo que volver sí o sí. También a París.