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Edición en español Domingo 30 de agosto de 2026

Petróleo en Venezuela: Apertura transparente vs. arrebato opaco

Este es el título del artículo que terminaré de escribir y publicaré al ver los términos de la mega, o MAGA, operación que anunció Donald Trump, que intentó clarificar Marco Rubio y que celebra Delcy Rodríguez, la criminal que usurpa el poder en Venezuela con el beneplácito de quienes la tienen encañonada.

Como miembro de la Junta Directiva de PDVSA durante sus mejores años (segunda mitad de los 90s), participé del proceso de Apertura y de los esfuerzos conexos para asegurar el acceso preferencial a los mercados financieros y la transformación de la empresa en búsqueda de las eficiencias indispensables para aumentar la producción en un mercado donde algunos de nuestros socios en la OPEP tenían costos mucho más bajos y no estaban dispuestos a cederle el mercado de EE.UU. a Venezuela.

Esa PDVSA, la azul, era respetada y logró todos los objetivos que se trazó para proyectar con confianza duplicar su producción de 3 a 6 millones de barriles diarios. Nuestras vastas reservas justificaban nuestra ambición, y el gobierno de EE.UU. diseñó una política de seguridad energética hemisférica que asumía que una mejor coordinación entre productores, desde Canadá hasta Argentina, podía garantizar el suministro energético de todos los países sin necesidad de importar petróleo o gas extrahemisférico. Era una estrategia de consenso entre países soberanos capaces de entender los beneficios de una mayor coordinación.

Todo esto lo destruyeron Hugo Chávez y Nicolás Maduro, su manada de presidentes corruptos de PDVSA y gente como Delcy Rodríguez, quien por años fue parte medular de la corrupción que infectó por completo a la estatal petrolera. Venezuela se volvió irrelevante en el mercado petrolero mucho antes de las sanciones que EE.UU. impuso en 2019 como forma de presionar un cambio democrático en Venezuela. Por cierto, esa era la época en que Donald Trump pretendía ser un demócrata preocupado por la legalidad, las elecciones y los derechos humanos.

Desde el 3 de enero, hemos sido testigos de un manejo caprichoso y opaco de nuestro sector petrolero, una mezcla de lo peor del chavismo casi intacto y un Trumpismo envalentonado por haber “capturado a Venezuela en 48 minutos”. Lo que se anunció ayer es el resultado de un arreglo a punta de pistola, un arrebato casi mafioso, sin preocupación alguna por la legalidad ni la sostenibilidad. Y peor aún, un campanazo de que Washington usará su poder brutal para evitar elecciones en Venezuela mientras no termine el segundo período de Donald Trump.

Antes de cerrar este preámbulo, quiero dejar claro que siempre fui partidario de aumentar la participación privada en el sector petrolero, y dentro de ello siempre reconocí que el rol de las grandes petroleras americanas era clave, como lo fue desde el inicio de la explotación comercial del petróleo en Venezuela. Como director de PDVSA fui el responsable de evaluar la colocación de acciones de la empresa en la Bolsa de Nueva York, como forma de crear otro mecanismo de inversión en el sector petrolero de Venezuela para venezolanos y extranjeros, y también como manera de garantizar mayor transparencia en la gestión y supervisión de la empresa.

Finalmente, he vivido muchos años en EE.UU. Estudié ahí y trabajé ahí hasta hace muy poco. No tengo sino admiración por lo que ese país ha significado para el mundo, hasta hace muy poco también. Desde el 2023 ostentó ciudadanía norteamericana con orgullo y ejerzo a plenitud los derechos adquiridos.

Espero poder terminar mi artículo muy pronto y espero que entiendan que los detalles importan aunque las formas no sean buen presagio.

Hasta pronto.

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