¿Por qué se desmaya Musiala?: su cerebro se desconecta durante unos segundos

De repente, Jamal Musiala se desplomó sobre la hierba. Y no una vez, sino dos en cuatro días. Primero sucedió el pasado sábado ante el Leipzig, minutos después de firmar el tercer gol de su equipo en un amistoso de pretemporada. Después, en Heidenheim, a los cinco minutos de haber saltado al césped desde el banquillo. En ambos casos, sin contacto, sin rival que lo empujara, sin razón aparente a simple vista. El futbolista alemán, de 23 años, se quedó inmóvil, perdió el control de su cuerpo y cayó. Los compañeros reaccionaron al instante. Los médicos invadieron el césped. El estadio se silenció. Y el mundo del fútbol, de nuevo, se pregunta qué le sucede a una de sus estrellas más brillantes. «No veo problema en que siga jugando al fútbol. Seguro que está medicado y controlado». Así se expresa para ABC el doctor Guillermo García Ribas, neurólogo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. «En la primera de las crisis sufrió lo que llamamos ‘ausencias atípicas’ o también crisis parcial compleja. Lo más probable es que ahora tengan que ajustarle el tratamiento después de estos episodios. Con control médico adecuado y un tratamiento constante, los epilépticos pueden practicar muchos deportes, tan sólo hay que evitar los que entrañan peligrosidad, como por ejemplo buceo o alpinismo. Hay una idea errónea, pero muy extendida, en el sentido de que los epilépticos no deben hacer deporte. No es así. Es más, la práctica deportiva les beneficia en aspectos como la coordinación, el balance muscular, la concentración y la oxigenación cerebral». La medicina del deporte también considera que Musiala puede seguir jugando. El doctor Christophe Ramírez, jefe médico de la Federación de atletismo, coincide en que «médicamente no se trata de un gran problema. Recuerdo un caso que tuvimos de un corredor de 5.000 metros, que sufrió una crisis en plena carrera, de repente se puso a andar y no recordaba lo que le había pasado. Aquel caso era liviano y pudo continuar en el atletismo. El cerebro se desconecta durante unos segundos y no hay mayor problema, médicamente no es grave. Pero, ojo, aquí la clave es la actividad que estés desarrollando. En el fútbol no le veo mucho problema a priori y estoy seguro que los neurólogos alemanes estarán siendo consultados por el Bayern, lo que habría que ver es el grado de afectación. Eso sí, si esto le sucede a un piloto de Fórmula 1, hay que contraindicar esa práctica porque se puede matar». El propio centrocampista ha salido a dar explicaciones. Con un tono sereno, casi didáctico, publicó un mensaje en sus redes sociales que disipó —o al menos intentó disipar— las peores sospechas. «Antes que nada, estoy bien», escribió. «Me han diagnosticado crisis de desconexiones breves y temporales, pero altamente tratables, causadas por una disfunción neurológica». Crisis de ausencias. La forma más leve de la epilepsia, también denominada antiguamente en Neurología ‘petit mal’. Estas ausencias, explicó el futbolista germano, pueden provocar precisamente los incidentes de los últimos días. No hay riesgo adicional para su salud, insistió. Los neurólogos le han dado el visto bueno para seguir jugando. El Bayern, sus servicios médicos, y su entorno más cercano le respaldan. Y él, con la determinación que le caracteriza dentro del campo, ha decidido continuar. El mensaje de Musiala es un ejercicio de transparencia poco habitual en el fútbol moderno, donde las lesiones y las dolencias suelen rodearse de eufemismos y partes médicos opacos. El jugador no habla de un golpe de calor, aunque el club lo mencionara tras el primer episodio, cuando el termómetro rozaba los 33 grados. Habla de algo más profundo, de un trastorno neurológico que provoca lo que los epileptólogos denominan crisis de ausencia: momentos en los que la conciencia se desconecta de forma fugaz, el cuerpo deja de responder durante unos 15 segundos, no se producen convulsiones y el individuo queda, literalmente, fuera de sí. Suelen tratarse con un fármaco conocido como etosuximida. Son episodios tratables, subraya Musiala. Forman parte ya de su vida cotidiana. Pero para quien lo ve desde fuera resultan inquietantes. El futbolista del Bayern no es un jugador cualquiera. Nacido en Stuttgart en 2003, de madre alemana y padre nigeriano, debutó con el Bayern a los 17 años. Desde entonces ha crecido a una velocidad vertiginosa y en este Mundial ha sido de los pocos que ha salvado el honor de una selección que se marchó pronto. Tres goles, 400 minutos en el campo y la sensación de que con él Alemania siempre tiene una puerta abierta hacia la genialidad. Pero el camino no ha sido fácil. En el verano de 2025, durante el Mundial de clubes, se fracturó el peroné y sufrió una luxación de tobillo en una acción desafortunada con el portero Donnarumma. Estuvo más de cinco meses fuera. Ahora, cuando todo parecía listo para una gran temporada a las órdenes de Vincent Kompany, aparece este nuevo obstáculo. No es una lesión muscular. No es un problema óseo. Es algo que no se ve, que no se toca, que sólo se manifiesta cuando el cuerpo decide desconectarse. El fútbol tiene pánico a los desvanecimientos. En la memoria de los aficionados españoles siguen presentes las tragedias del sevillista Puerta o el españolista Jarque , que fallecieron como consecuencia de problemas cardiacos. Al jugador madridista De la Red se le indicó que debía abandonar el fútbol tras sufrir un espectacular desvanecimiento en un partido de Copa. El caso de Musiala, sin embargo, es diferente, al no tratarse de una afección del corazón. El Bayern, que lo tiene atado hasta 2030 con un contrato de los más jugosos de la plantilla, se enfrenta ahora a un dilema delicado. ¿Hasta qué punto se puede confiar en un jugador que puede sufrir una ausencia en cualquier momento? ¿Cómo se gestiona la carga de minutos, los viajes, el ritmo de una temporada que incluye Bundesliga, Champions y selección? Kompany y el cuerpo técnico tendrán que caminar sobre una línea fina: proteger al jugador sin restarle protagonismo v monitorizar cada entrenamiento sin convertirlo en un paciente. La medicina deportiva moderna ha avanzado mucho en el tratamiento de estas disfunciones, pero el terreno de juego sigue siendo imprevisible. Hay quien ya especula con las posibles consecuencias a medio plazo. ¿Afectará esto mentalmente a su rendimiento? ¿Condicionará su presencia en la selección alemana? ¿Podría verse obligado a reducir su carga competitiva? Por ahora, el propio interesado se muestra optimista. «Estoy recibiendo una atención médica excelente y me mantengo muy positivo», escribió. «He asumido la responsabilidad de esta decisión». Esa última frase es clave. Musiala no se esconde detrás del club ni de los médicos. Asume que quiere seguir, que acepta el riesgo, que confía en el tratamiento. El caso Musiala recuerda, de algún modo, a otros episodios en los que el talento se ha visto obligado a lidiar con lo invisible. Hay jugadores que han superado problemas cardíacos, otros que han convivido con epilepsias controladas o algunos que han vuelto después conmociones cerebrales graves. El fútbol no perdona, pero tampoco olvida a quienes pelean. Musiala, con su edad y su proyección, quiere salir adelante. Sólo necesita tiempo. Y supervisión médica.

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Author: Pablo Perez