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Edición en español Lunes 31 de agosto de 2026

Psicóloga venezolana pasó tres meses detenida por ICE en Texas y ahora ayuda a otras migrantes

Cortesía Lila Romero. Imagen Cortesía Lila Romero

 

Lila Romero tiene 47 años, es psicóloga y vive en Dallas (Texas). Su historia comienza cuando en 2024 llega a EEUU procedente de Venezuela con un visado de turista y comienza a tramitar su asilo.

Por Univision

Su historia dio un giro el pasado 9 de enero cuando quedó arrestada en una parada de tráfico. Cuenta que salió por error con un auto que no tenía la placa reglamentaria de su negocio familiar de venta de automóviles.

Los agentes la pusieron en custodia de ICE e ingresó en el centro de detención de Bluebonnet, en Anson (Texas), a unas tres horas de su casa.

Lila comparte con N+Univision cómo vivió esos tres meses y medio encerrada y cómo logró convertir una experiencia que muchas personas describen como dolorosa en una oportunidad para ayudar a los demás y reenfocar su carrera.

Pregunta.¿Cómo viviste tu ingreso en el centro de detención?

Respuesta.Cuando llegué y empecé a hablar con las demás internas, vi que había gente allí que llevaba ocho meses sin una fecha de corte para un juicio. El centro era un galpón amplio. De mi experiencia, tampoco sentí que fuera una rutina de castigo; no hay lujos y las comidas son lo esperable: prácticamente nada fresco y muchos productos ultraprocesados.

Por ejemplo, había una mujer insulinodependiente y sí vi que le administraban tres veces al día la insulina, pero luego las comidas que recibía no eran aptas para ella.

P.En lo personal, ¿cómo encaraste la situación?

R.Me inventé un juego mental que fue pensar que yo estaba ahí trabajando. Y creo que nunca había trabajado tanto, la verdad. Ejercer desde un escritorio es muy distinto que desde una litera (ríe).

Una de las cosas que peor llevé fue la falta de privacidad. Piensa que duermes en un gran dormitorio y siempre estás rodeada de gente. Las mujeres me buscaban, me consultaban todo tipo de cuestiones y me pedían ayuda. Así es como me convertí en terapeuta y seguí el proceso de varias de las mujeres con las que conviví. El hecho de acompañarlas y darles terapia me sirvió porque me ayudaba a sobrellevar la rutina.

P.¿Qué diagnosticaste a las internas? ¿En qué situación estaban?

R.Lo que más había era somatización en diferentes grados. Estaban en un estado tan agudo de estrés que viví ataques de ansiedad, de pánico, insomnio, urticarias nerviosas en muchas de ellas.

Desde el principio me di cuenta de que había síntomas clínicos claros, muchos gastrointestinales, también en la piel, alergias… etc. Todo esto es psicosomático, estaban en tales niveles de estrés que detonaban. Y, justamente, asumí que mi función iba a ser que la consecuencia que tuviera al estar privada de libertad era ayudar a las demás y a mí misma, para que la experiencia no nos costase ni la salud ni el bienestar.

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