Sara Gallego (Barcelona, 25 años) ha perdido la cuenta de las horas que ha echado entre médicos y fisioterapeutas. También de las lágrimas derramadas. Durante tres años, su carrera se convirtió en un laberinto irresoluble a causa de las lesiones. Quien parecía una de las grandes promesas del atletismo español, plusmarquista nacional de 400 vallas con apenas 22 años (54.34) y cuarta de Europa esa misma temporada, pasó a ser un enigma. Por fin, más de tres años después, la pesadilla parece haber terminado. En el pasado mitin de Vallehermoso se quedó a solo dos centésimas de su plusmarca nacional, la confirmación de que volvía a estar a su mejor nivel y también su pasaporte a los Europeos de Birmingham , a los que llega con la novena mejor marca de todas las participantes. En Madrid volvió a llorar, pero esta vez de felicidad. «Pensé que quizá nunca volvería», admite ahora, a las puertas de su regreso internacional, mientras explica a este periódico su largo proceso de recuperación: «Al principio creía que incluso me podía venir bien pasar un tiempo lesionada, fuera de competiciones, para centrarme en otras cosas. Me puse a trabajar. Pero, cuando llevaba tres o cuatro meses así y no mejoraba, empecé a pasarlo mal. De golpe, parecía que estaba en un pozo del que no había manera de salir». La siempre alegre Sara comenzó a estar cada vez más apagada y sin confianza. Intentaba competir sin haber podido entrenar al cien por cien y salían malas marcas. Por el camino se quedaron los Mundiales de Budapest y, lo que más le dolió, los Juegos de París. «Creo que es cuando peor lo pasé. En los Juegos de Tokio fui con el relevo porque logré la mínima directa para el 400 vallas una semana después del límite. Estaba en las gradas viendo la prueba y pensaba que tenía nivel para estar ahí. Sabía que a muchas les habría ganado. Me prometí que en los siguientes Juegos iría a muerte, pero en 2024 me veía tan mal que no podía ni andar. Intentaba correr y me rompía. Me dio mucha tristeza porque era uno de mis sueños, algo que creía que podía lograr, pero no estaba en mis manos y no podía luchar por ello». La falta de resultados afectó también a su vida personal. «Perdí la beca de la Federación. Tuve suerte porque mi contrato con Nike era de cuatro años y pude mantenerlo, pero, evidentemente, hubo cosas que cambiaron. Tuve que enfocarme más en la vida de fuera. Estudié un máster y seguí formándome porque pensaba que quizá tendría que ponerme a trabajar al no poder aguantar así». La atleta, agotada de buscar una salida sin éxito, dejó el CAR de Sant Cugat y se unió al grupo de entrenamiento de Pau Fradera. Fue el inicio del cambio. «La clave ha sido no tener prisa por volver a llegar, porque eso me hacía recaer en lesiones. No terminaba de curarme porque tenía ansiedad por rendir. Esta temporada la empecé desde el principio, sin ninguna prisa, escuchándome y cuadrando poco a poco los entrenamientos con mi entrenador. Eso marca la diferencia: he pasado de entrenar pensando solo en no tener dolor a entrenar enfocada en rendir y muy motivada». La prueba de fuego llegó en Madrid : «Antes del mitin le dije a mi entrenador que iba a intentar ir a quince pasos en la primera valla, algo que solo había hecho en 2022. Era la rítmica que me permitía correr en 54 segundos. Lograrlo me hizo pensar que estábamos otra vez donde lo dejamos». Cuatro años después, Gallego firmaba la segunda mejor carrera de toda su vida, a un suspiro de su récord de España. «Si llego a saber que era tan buen crono, me hubiese tirado en la meta», se sonríe, convencida de que la mala racha ha quedado atrás. «Forma parte de otra Sara, de la que he aprendido muchas cosas. Ahora soy otra chica, con otras aptitudes y herramientas que creo que me ayudarán en el futuro. En este trayecto me sorprendió darme cuenta de que había construido mi personalidad sobre ser atleta. Creía que solo existía esa faceta, pero he visto que tengo muchas otras que también son interesantes y que puedo ser feliz sin atletismo. Sigue siendo mi prioridad, mi hobby y lo que más me gusta hacer, pero sé que también puedo vivir sin ello. Muchos deportistas se retiran y caen en depresión; es normal, porque ha sido su vida y su día a día. Yo he podido ver que, cuando se termine, tendré muchas más cosas que aportar y hacer. No me da miedo. Creo que eso me ayuda a disfrutarlo más». Tan segura de sí misma en este momento, no dudó en aceptar un patrocinio tan polémico como el de OnlyFans: «Contactaron conmigo porque estaban intentando redirigir su estrategia y abrirse al ámbito del deporte, patrocinando deportistas. Al principio dije que no estaba interesada, pero me explicaron que solo querían que mostrase mis entrenamientos. Me enseñaron ejemplos de una surfista y una jugadora de pádel que también estaban en la plataforma. Me pareció bien porque lo que me pedían no era nada más que mostrar mi día a día como deportista, algo que ya hago en Instagram, pero de forma más extendida. Además, en ese momento me venían bien los patrocinios porque no tenía el apoyo económico de la Federación». A Birmingham acude con las ganas acumuladas en estos tres largos años. «Mi última experiencia con la selección fue aquel Europeo de 2022. Entonces fui cuarta y estuve muy cerca de la medalla. Ahora hay nuevas rivales y el nivel es altísimo. Estos últimos días he tenido problemas en el Aquiles y no me han permitido entrenar al cien por cien, pero mantengo el objetivo de estar entre las ocho mejores». Lo dice alguien que no paró de acumular medallas europeas en su etapa júnior (plata sub-23, bronce sub-20 y sub-18), y que aunque solo se atreva a decirlo con la boca pequeña, también piensa en Los Ángeles: «Me quedan dos añitos y ojalá que la tercera sea la vencida».