El fútbol femenino español merece mucho más, qué duda cabe. Dicho lo cual, conviene gritar alto y claro lo ocurrido con los derechos audiovisuales y exigir explicaciones. Primero, a quienes gestionan la Liga F y, segundo, a los clubes que les amparan y mantienen esa estructura directiva que, a la vista está, va a la deriva. La adjudicación de tales derechos deja una fotografía preocupante que vale la pena analizar: DAZN se queda el Lote 1, con ocho partidos por jornada en emisión de pago, mientras que RTVE y TV3/3Cat comparten el Lote 2, con cuatro partidos por jornada en abierto. DAZN, por su parte, decidió rescindir un año antes el contrato que mantenía con la Liga F, simple y llanamente porque consideró que era económicamente insostenible. Ahora, ¡oh sorpresa!, vuelve a hacerse con el principal lote de derechos. Evidentemente, y aunque ni la LigaF ni las cadenas adjudicatarias han desvelado las cifras finales, en unas condiciones económicas sensiblemente inferiores. Si el modelo anterior era insostenible para el operador, ¿qué ha cambiado para que ahora vuelva a apostar por la competición? Pues ni más ni menos que el precio, mucho más ventajoso para la plataforma. La jugada es redonda. No es un caso aislado. Recordemos Finetwork. En septiembre de 2022, la Liga F firmó con Wewi Mobile, sociedad vinculada a la marca Finetwork, un acuerdo para que la compañía fuera esponsor y patrocinador oficial de la competición durante tres temporadas. Sin embargo, una vez terminada la primera temporada, Finetwork dejó de abonar la contraprestación económica pactada, pues sostuvo que no existía un contrato de patrocinio vinculante y que lo que había existido era un acuerdo de intenciones. Mientras tanto, la marca había dado nombre a la competición y había estado vinculada públicamente a ella durante aquella temporada. No se trata de responsabilizar a la Liga F de las decisiones empresariales de Finetwork, pero sí de preguntar qué tipo de mecanismos de control, qué garantías y qué condiciones se establecieron antes de comprometer una relación comercial de semejante importancia. Y esa pregunta es especialmente relevante ahora. La Liga F no solo gestiona derechos audiovisuales. También mantiene acuerdos comerciales y estratégicos de enorme importancia, como el de Gasol 16 Ventures, planteado a largo plazo, o el alcanzado con Moeve. Nadie está afirmando que esos acuerdos vayan a romperse. Pero los antecedentes permiten formular una pregunta legítima: ¿qué garantías tienen los clubes de que dentro de unos meses o años no estaremos hablando de Gasol 16 Ventures o Moeve como hoy hablamos de DAZN o Finetwork? Eso es exactamente lo que se debería exigir. Los clubes son quienes mantienen la estructura de gobierno de la Liga F. Si están satisfechos con la gestión, deberían explicarlo. Y si no lo están, deberían actuar. Merece una reflexión aparte el papel de la televisión en abierto. RTVE y TV3/3Cat compartirán cuatro partidos por jornada, mientras que DAZN emitirá los otros ocho en modalidad de pago. Que la televisión pública y autonómica apueste por el fútbol femenino es positivo. La emisión en abierto puede contribuir a aumentar la audiencia, la visibilidad y el crecimiento de la competición. Pero también resulta legítimo preguntarse por qué una competición profesional que aspira a incrementar año tras año su valor audiovisual, necesita apoyarse de forma tan importante en operadores públicos que garanticen una parte esencial de su exposición, máxime tras haber dispuesto de, ni más ni menos, que de 40 millones de euros de dinero público las últimas temporadas. No acaba aquí la cosa. Hay otro dato especialmente preocupante: los derechos internacionales, por increíble que parezca, quedan desiertos. Una competición que aspira a crecer, globalizarse y aumentar el valor de su marca no puede considerar normal que no haya compradores para sus derechos fuera de España. Es inconcebible y se transmite un mensaje incómodo; el potencial existe, pero hay que explicar por qué no se traduce en mayor valor económico, comercial e internacional. ¿Quién asume la responsabilidad? Una liga profesional necesita algo más que una estructura consecuente: necesita resultados acordes con las posibilidades de la competición. Los clubes tienen la obligación de preguntar por qué no se está consiguiendo; deben exigir números, explicaciones y responsabilidades y, por lo que aseguran fuentes solventes, hay ya clubes planteándose pedir la dimisión de los gestores de La Liga F. Veremos. La película no ha hecho más que empezar. Y, de seguir por este camino, puede incluso que el Real Madrid no sea el único club que acabe pagando «en gloria».