El Reverse Mentoring, o mentoría inversa, es una práctica empresarial mediante la cual un empleado de menor rango o más joven capacita, orienta o comparte conocimientos con un directivo o empleado senior.
A diferencia de la mentoría tradicional, este modelo rompe las jerarquías habituales para permitir un intercambio de conocimientos en beneficio tanto del individuo como de la organización.
Es por demás interesante el tema, sus implicaciones, alcances, evolución y el constante desarrollo que viene experimentando.
El indetenible avance de la tecnología, en sus variadas y nuevas manifestaciones, crecientes e inmateriales, afortunadamente hacen de este tema un asunto de valía para los tiempos por transcurrir.
Hacen de este tema un asunto de interés para el análisis de algunas premisas que, por inquietud, considero necesario plantear:
Vigencia, modelos, vinculaciones, alcances, especificaciones, relaciones estrechas con temas de desarrollo de Estado, sistemas de gobierno, sistemas productivos, modelos económicos y, en fin, todo lo que abarca el concepto amplio de país, nación y Estado, dentro de un escenario de conflictividades que nos conduce hacia nuevas relaciones intergeneracionales.
La vigencia tiene un techo alto de alcance, por tal razón se encuentra en plena vigencia para continuar desarrollándose.
Por ser innovación, está en pleno desarrollo de nuevos modelos.
Las vinculaciones son un viaje sin regreso. Es previsible que esto sea cada vez mayor y más amplio, vinculando grandes y variadas materias.
A partir de lo anterior, sus alcances son indeterminados.
En cuanto a las especificaciones, una vez abordado el tema y su complejidad, serán igualmente amplias.
Debe existir una estrecha relación con el desarrollo del Estado y los sistemas de gobierno. Según mi apreciación, la comprensión e inicial conocimiento del tema permite observar que estamos ante un asunto de inmenso ámbito.
Como todo Estado que se precie de serlo, debe contar con todos sus elementos: territorio, población, soberanía y gobierno.
Todos, o la mayoría de las nuevas generaciones productivas, profesionales o no, tienen ventajas competitivas y comparativas frente al gran avance, constante e irreversible, de la tecnología, sus variantes y aplicaciones.
La tecnología constituye una herramienta que, bien entendida y utilizada, puede producir transformaciones de gran importancia en todos los ámbitos de la sociedad.
Las nuevas generaciones, en su inmensa mayoría, son ciudadanos de visiones distintas a las de las generaciones anteriores. En el trato familiar, de pareja y en lo asociativo son, en términos generales, honestos entre sus sociedades y sus negocios. Eso es de gran valor.
Son, además, personas con mayor madurez en muchos sentidos, incluyendo el emocional, aspecto que, a mi entender, escapa en buena medida a nuestras generaciones.
Asimismo, han logrado aplicar de forma natural la economía liberal, cosa que no es malo si de economía se trata.
Por las bondades que nos brinda esa práctica en la economía, sin embargo, me permito señalar que también existen elementos que deben ser considerados.
Ellos, los jóvenes activos y productivos, también tienen debilidades y amenazas. A mi entender, son pocos dados a los asuntos de Estado. Sin interés por cuestiones de gobierno, son analistas y ejecutivos en sus actividades profesionales.
Pienso que esto es de inmenso interés para los próximos tiempos: el Estado y su elemento Gobierno no pueden ser tomados al abandono ni hacer caso omiso de ellos.
Por el contrario, considero que la tecnología puede y debe ser muy útil para la realización de los asuntos de Estado y su gobernabilidad.
Hay temas en los que la bondad de la tecnología y sus avances están ayudando a mejorar materias básicas: industrias pesadas, las energías existentes y las también emergentes, la agricultura, la cría ganadera, la piscicultura, entre otras actividades que también requieren presencia humana.
También en estos países desarrollados existen áreas donde todavía hay necesidad de personas que tradicionalmente han realizado labores que, a pesar de los avances tecnológicos, continúan requiriendo presencia humana.
La tecnología va creando grandes espacios para la no presencia del ser humano, sin embargo, se requiere en muchas actividades su presencia.
Es de hacer notar que en los cinco países europeos: España, Francia, Italia, Reino Unido y Alemania existen pueblos abandonados por la inmigración hacia las ciudades, producto de las actualizaciones tecnológicas y del abandono de las tradiciones de las producciones agrícolas y pecuarias, entre otras actividades que van, en alguna manera, en decrecimiento.
Esta situación debe ser observada con atención.
Todos los países anteriormente citados están pasando, en forma creciente, por dificultades añadidas a las que ya enfrentan, como consecuencia de amenazas reales que no pueden ser ignoradas.
Entre ellas se encuentra el denominado antioccidentalismo, así como determinadas diferencias culturales y religiosas que, en opinión del autor, pueden resultar contrarias a los principios y valores sobre los cuales se han desarrollado las sociedades occidentales.
En este punto tampoco puede dejar de mencionarse el fenómeno de la inmigración musulmana y las dificultades que en determinados casos se han presentado en los procesos de integración, particularmente cuando existen sectores que mantienen posiciones abiertamente contrarias a determinados valores o principios de las sociedades occidentales.
No se trata de desconocer la existencia de ciudadanos musulmanes plenamente integrados y respetuosos de las sociedades que los reciben. Se trata, más bien, de advertir sobre aquellas expresiones radicales que puedan representar una amenaza para la convivencia, la seguridad y los valores democráticos de Occidente.
Imagínese llevar esta situación a muchos países de la región latinoamericana y, en particular, a nuestro país, Venezuela.
Cuando afrontemos esta realidad con verdaderas estadísticas y argumentos, y alejándonos de prejuicios o posiciones preconcebidas, podremos comprender que la dimensión del problema es mucho mayor de lo que normalmente observamos.
Es precisamente allí donde la mentoría inversa puede adquirir una importancia extraordinaria.
Las nuevas generaciones poseen conocimientos, herramientas y formas de interpretar el mundo que pueden resultar de enorme utilidad para quienes hoy tienen responsabilidades de dirección, administración y gobierno.
Pero el proceso no debe entenderse únicamente como una transferencia de conocimientos tecnológicos.
Debe ser un verdadero intercambio.
La experiencia, el conocimiento institucional, la historia y la visión de quienes han ocupado responsabilidades durante décadas también tienen un valor que las nuevas generaciones necesitan conocer y comprender.
Por ello, la mentoría inversa no significa sustituir una generación por otra.
Significa establecer un mecanismo de intercambio permanente entre ambas.
Una generación aporta experiencia, conocimiento y memoria; la otra aporta innovación, tecnología, nuevas formas de comunicación, nuevas herramientas y una visión diferente de la realidad.
Si logramos comprender esta relación en su verdadera dimensión, podríamos estar ante una herramienta de extraordinario valor para la empresa, para las instituciones y, por qué no, para el propio Estado.
El concepto amplio de país, nación y Estado debe comenzar a considerar esta nueva realidad generacional y tecnológica.
Los gobiernos necesitan comprender los cambios tecnológicos, sociales y culturales que están ocurriendo a una velocidad que muchas veces supera la capacidad de adaptación de las instituciones.
La juventud no debe ser considerada únicamente como destinataria de las políticas públicas.
Debe ser incorporada como parte activa del proceso de construcción del país.
Un país no se puede permitir el lujo de desperdiciar el conocimiento, la creatividad y la capacidad productiva de sus nuevas generaciones.
Ellos son, en buena medida, quienes tendrán que asumir las responsabilidades futuras de la Nación.
Por eso considero que debemos comenzar a pensar seriamente en la mentoría inversa como una práctica que trascienda el ámbito empresarial y pueda incorporarse progresivamente a otros espacios de la sociedad.
En la administración pública, en las instituciones educativas, en las empresas, en las organizaciones sociales y, especialmente, en los sistemas de gobierno, existe un enorme campo para desarrollar este concepto.
No hacerlo sería desaprovechar una oportunidad que tenemos frente a nosotros.
Las nuevas generaciones están aquí.
Son modernas, tienen una forma distinta de entender la realidad y poseen herramientas que nosotros no tuvimos en nuestro momento.
No debe preocuparnos que ocupen su lugar.
Por el contrario, debemos procurar que lo ocupen.
Lo verdaderamente importante e interesante de todo esto es que las nuevas generaciones son las que vienen y las que tendrán que conducir el país.
Un país no se para.
Un país no debe tener vacíos generacionales.
Ellos son madera fina y, como lo son, debemos procurar que ocupen su lugar.
Solicito y pido respetuosamente que este tema sea reflexionado y que cada quien observe y analice sobre el mismo.
Hay muchas fuentes sobre el Reverse Mentoring y sus implicaciones. Lo expuesto no pretende ser más que una aproximación inicial a un tema de enorme amplitud, que merece una discusión y un análisis profundo para bien de nuestras organizaciones, de nuestros Estados y, fundamentalmente, de las nuevas generaciones que tendrán en sus manos la responsabilidad b del futuro.