A solo 90 minutos de tocar el cielo en Polonia, la selección española que disputa el Mundial sub-20 femenino afronta el desafío definitivo por la gloria. Frente a ellas estará la siempre temible Corea del Norte, en una final con un indiscutible aroma a revancha tras lo sucedido en la cita mundialista sub-17. Alba Cerrato (Córdoba, 2007), delantera de la Fiorentina y una de las grandes referencias ofensivas de la ‘Rojita’, desvela las claves tácticas para derribar el muro asiático, el sentir de un vestuario invicto y la ilusión de levantar una copa que toda España espera con el corazón en un puño. —Alba, está a las puertas de jugar una final de un Mundial contra Corea del Norte, un rival con el que ya hay historia en categorías inferiores. ¿Cómo se gestionan los nervios y las ganas de revancha deportiva antes de una cita así? —Pues se gestionan bien. Intentamos que sea un partido más y afrontarlo de la misma manera que hemos afrontado todos los demás. —La trayectoria de España en este torneo en Polonia está siendo impecable, contando sus partidos por victorias. Desde dentro, ¿cuál ha sido la clave para mantener esa regularidad y ese nivel de concentración tan alto? —Pues creer en el cuerpo técnico, que siempre nos intenta ayudar en todo, y confiar también en todas nosotras. No es solo por nosotras, sino por todo el equipo. —El fútbol asiático, y en especial el norcoreano, destaca por una intensidad física y un ritmo de transiciones tremendo. ¿Cómo se le frena a un equipo tan directo sin perder la identidad de posesión que les caracteriza? —Pues de la misma manera que intentamos hacerlo contra todos los equipos, hacer nuestro juego y representar el fútbol español. —Usted ha ganado europeos y ha jugado finales continentales, pero ¿qué significaría a nivel personal levantar este título mundial sub-20 para cerrar su ciclo en las categorías formativas? —Sería un orgullo que podamos levantar esta copa pues es el reflejo de todo el trabajo que se hace. Queremos demostrarlo en este último partido. —¿Está nerviosa, verdad? —Las entrevistas me ponen más nerviosa que el fútbol. —Empezó en el fútbol base cordobés en equipos como Los Califas o el Séneca. Si miramos atrás, ¿qué queda de aquella niña que dio sus primeros toques en Córdoba en la Alba Cerrato que hoy brilla con la selección? —Yo creo que todo. Solo que ha ido mejorando todo poco a poco, conforme los años y los aprendizajes que he tenido durante todos estos años. —Su hermano Javier fue el gran culpable de que empezara a jugar al fútbol. ¿Cómo recuerda aquellos primeros partidos juntos y qué significa él para usted en su carrera? —Gracias a él yo me aficioné al fútbol, porque lo veía jugar y los primeros partidos que yo jugaba con él eran en el parque, con sus amigos. Me ha dado mucho. Él es un maniático de todo y me ayuda un montón. —Una de las historias más bonitas de este Mundial es la de sus abuelos, Emiliano y María Dolores, junto a su hermano, recorriendo más de 3.000 kilómetros en coche desde Córdoba hasta Polonia para verla jugar. ¿Qué sintió la primera vez que los vio en la grada polaca tras semejante palizón por carretera. —Pues la verdad, sinceramente, sentí normalidad porque siempre me acompañan a todos lados y me sentí como en casa, como si estuviese jugando en los Califas o en el Séneca. Siempre me acompañaban a los entrenamientos, y me sentía como si fuese esa niña pequeña. —Su abuela prometió llevar la copa a la Virgen del Rocío si salen campeonas. Con una familia tan entregada que le acompaña a Suecia, República Dominicana o Polonia, ¿se juega con más presión o con una motivación que le hace volar en el campo? —Al revés, yo pienso que es una motivación. Es mirar a la grada y decir: ‘Joder, es que esto va por ellos, el último esprint, el último todo, mirar a la grada y decir, es que es por ellos que se han pegado esa paliza, no sé’. —¿Cuál es el consejo o la frase de sus abuelos que siempre lleva grabada en la mente antes de saltar a un terreno de juego? —Siempre me dicen que disfrute y que sea feliz en todo lo que hago. —Forma parte de una generación que ha crecido con referentes femeninos claros en la televisión, campos llenos y mejores estructuras, algo que sus predecesoras ni soñaban. ¿Es consciente de la suerte de jugar en esta época? —Las cosas sí que han cambiado mucho y eso es gracias a las generaciones anteriores y yo creo que todavía tenemos que seguir luchando y seguir consiguiendo más cosas para las generaciones que suben desde abajo. —Aunque ahora haya más facilidades técnicas y logísticas, llegar a la élite con el Sevilla siendo menor de edad e irse a la Fiore sigue requiriendo un sacrificio tremendo. ¿Qué es lo que más te costó asumir al dar el salto al fútbol profesional? —Yo soy muy familiar y lo que más me ha costado es estar fuera de casa, lejos de mi familia. Aunque siempre venían a verme no es lo mismo vivir en mi casa que vivir sola. Y eso es lo que más me ha costado. —Sus abuelos y sus padres vivieron la época en la que el fútbol femenino era invisible. ¿Qué le comentan ellos sobre el cambio radical que ha dado este deporte y cómo lo ven implementado en su día a día? —Sí, me han dicho que ha sido un cambio brutal y que se alegran que las generaciones anteriores hayan luchado por lo que quieren y lo que nos han conseguido dar a nosotras. Lo que me dicen es que intente disfrutar todas las cosas que tenemos, los recursos que tenemos ahora y que luchemos también para que se puedan dar mejores situaciones. —Estamos viendo cómo grandes talentos y jóvenes estrellas de la Liga F deciden hacer las maletas e irse a otras ligas, como usted. Como jugadora joven ¿por qué cree que resulta tan atractiva la opción de marchar fuera? —No sé, mi caso es que me hicieron una propuesta, la vi muy atractiva y me gustaba también afrontar ese reto. Fue por el reto y por mi trayectoria deportiva. —¿Qué cree que le falta cambiar o mejorar estructuralmente a la competición doméstica en España para conseguir retener todo el talento que generan en las categorías inferiores? —Yo creo que están haciendo el trabajo bien, lo que pasa es que es decisión de las futbolistas. No creo que tengan que mejorar nada en especial. —¿Cómo está siendo la aventura en la Fiore? ¿Qué es lo que más le está costando? —Pues la verdad es que he estado poco, he estado solo dos semanitas y no he estado sola porque han estado mis padres para ayudarme al cambio, a la mudanza. Pero me gusta mucho el equipo, veo un equipo sólido y me han ayudado mucho. —¿No hay nada que le dé miedo? —No, la verdad que no. Me sorprendió hasta a mí cuando dije que me iba, porque lo dije sin tenerle miedo a nada. Era una propuesta que me encantó y vi que era lo mejor para mi futuro. —España domina prácticamente todas las categorías del fútbol femenino mundial a nivel de selecciones. ¿Cuál es el secreto de ‘La Roja’ para que el relevo generacional funcione de manera tan perfecta año tras año? —Yo pienso que es porque estamos aprendiendo de las generaciones de antes, de su fútbol, y nos están enseñando a todas lo mismo. Se nos está dando bien y las cosas que van bien no se cambian. —El crecimiento del fútbol femenino es innegable, pero ¿dónde cree que está el techo o cuál debería ser el próximo gran paso para que se consolide definitivamente a nivel de clubes? —Sobre todo la inversión. —Para terminar, Alba: imagínese que gana el Mundial. ¿Qué mensaje le mandaría a todas esas niñas que hoy empiezan a jugar en los barrios de Córdoba y la ven como su gran referente? —Que luchen por sus sueños, porque esto era un sueño que teníamos todas desde chicas y ahora podemos conseguirlo. Insisto, que luchen por sus sueños, que disfruten jugando, y que se diviertan, que hagan todo lo que les haga felices.