Han pasado varios inviernos desde que Laura Cueto, la exjefa de prensa de la Vuelta, decía aquello de «solo tres preguntas para Roglic». Y el esloveno, líder casi siempre de la carrera desde 2019, respondía taciturno y corto de expresión en un inglés severo. El pasado domingo en el puerto de Aitana, donde Enric Mas se exhibió como maillot rojo, Roglic muestra que el transcurso del tiempo le ha servido para relativizar los problemas, esquivar las preocupaciones y disfrutar de la vida. Lejos del resultadismo y los números, las clasificaciones y los análisis, Primoz Roglic, vencedor de cuatro Vueltas y jefe del potente Red Bull-Bora, dijo a los periodistas en la meta de Aitana: «Estoy super feliz, compañero, como había dicho no perdí mucho tiempo. Y es bonito volver a montar en bici ahora mismo, aquí fuera, hace buen tiempo. Estoy contento». El corredor que no conocía los códigos del ciclismo, que fue saltador de esquí profesional en su país, se acostumbró durante su trayectoria a convivir con la fatalidad. Demasiadas caídas, golpes, lesiones, accidentes y calamidades para un ciclista que con 23 años y nuevo en el pelotón no sabía cómo ponerse y quitarse la ropa, cómo comer, cómo beber o cómo orinar desde la bici. Hace un mes Roglic tampoco sabía cómo visualizar su futuro. Fue atropellado por un coche cerca de Mónaco, donde vive, mientras se entrenaba. Aunque no sufrió ninguna fractura, el accidente le originó un fuerte traumatismo y un gran hematoma en el muslo y el flanco derecho del cuerpo. El contratiempo alteró por completo sus planes previos a la Vuelta predestinada para Tadej Pogacar. El relato deportivo de Primoz Roglic es la redención, el rescate del que se presume cautivo. Después de tantos accidentes, ganó la Lieja, cuatro Vueltas, un Giro, el oro olímpico contrarreloj… 92 victorias. Es la historia de alguien que replica a la adversidad con una tenacidad superior y rigor mental, al que ninguna fatalidad le parece tan grande como para no superarla. «Estamos recibiendo lecciones de vida a través del ciclismo -comenta el esloveno-. Creo que con la edad se puede disfrutar aún más. La vida y todo lo que nos rodea se amplían en la perspectiva cada vez más. Se puede disfrutar». Roglic tiene 36 años y su esperanza de conquistar cinco Vueltas no se transforma en reto obsesivo. «Nadie es eterno, así que cada día que pasa estás más cerca de marcharte. Es un proceso», dice. Mermado físicamente y sin la preparación pertinente, Roglic tomó la salida en la Vuelta en un discreto segundo plano, pero con un ojo en el dato. En los 22 enfrentamientos directos con Enric Mas, desde el Algarve en 2018 a la crono en Mónaco 2026, el esloveno siempre ha ganado. Sobre una distancia total de 548 kilómetros, la ventaja que adquirió sobre Enric Mas fue de 2,9 segundos por kilómetro. Trasladando esa cifra a la próxima contrarreloj de Jerez de la Frontera (32 kms.), el esloveno podría aventajar a Enric Mas en una franja de 1 minuto y 30 segundos a 1:45. Roglic se muestra impasible y relajado. «En las montañas duras, algunos chicos fueron demasiado rápido, pero estoy feliz, seguro. Sin Pogacar esto está definitivamente abierto, tu no deseas que a nadie le suceda algo malo y por eso le deseo a Tadej una rápida recuperación».