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Edición en español Domingo 6 de septiembre de 2026

El día siguiente de Topuria tras su derrota en la Casa Blanca: «No puede ser que este sea yo»

Hace más de dos meses y medio, Ilia Topuria conoció por primera vez el amargo sabor de la derrota . No fue un tropiezo cualquiera, pues supuso acabar con al rostro muy desfigurado, que perdiera el título del peso ligero de la UFC y se esfumara su imbatibilidad en su carrera profesional. Para más inri, después de diecisiete victorias consecutivas, la derrota llegó en el evento más simbólico de la historia , en el Jardín Sur de la Casa Blanca, ante la estrella estadounidense, Justin Gaethje, que cuajó un gran combate. Ahora, 83 días después, Ilia Topuria ha reaparecido para hablar de aquella fatídica noche, pero desde el aprendizaje, desde la aceptación, pero también desde el reconocimiento crudo de que los daños causados en su rostro fueron un trauma difícil de superar. «Durante muchos años conocí una sensación: ganar» , relata Topuria. «Había disputado dieciocho combates profesionales; diecisiete noches terminaron como yo quería y una no», añade. Aquella única noche diferente no solo cambió su récord. También le mostró una dimensión del deporte que nunca había tenido que afrontar. «Por primera vez en mi carrera profesional, había perdido », admite. Y lo hizo pagando un precio físico considerable: «Las dos órbitas de los ojos fracturadas, el tabique roto y el pie roto». Pero entre las consecuencias de aquella pelea hubo una escena que, en su relato, adquiere un significado mucho mayor que las lesiones o el resultado. «Recuerdo despertarme y mirarme al espejo», escribe. «Durante unos segundos no reconocí el rostro que tenía delante» . El impacto fue inmediato. «Pensaba: ‘No puede ser. No puede ser que este sea yo’» . Era una imagen difícil de asumir. El rostro que veía reflejado era el de un hombre golpeado, herido y derrotado. Sin embargo, Topuria descubrió algo inesperado en aquel momento de vulnerabilidad. «Era difícil sostener la mirada», reconoce. Pero no apartó los ojos. Y entonces ocurrió algo que él mismo considera extraño: «Mientras me observaba sentía más respeto por mí mismo; incluso podría decir que me quería un poco más». La razón estaba clara para él. No necesitaba esconderse detrás de una excusa. «Yo sabía algo mejor que nadie: lo había dado todo», afirma. «Había llegado preparado y me sentía bien física, mental y espiritualmente» . Por eso decidió no buscar culpables ni explicaciones externas. «No necesitaba buscar una excusa. Lo había intentado y aquella noche no había salido; eso era todo». Vea aquí la carta íntegra de Ilia Topuria En esa aceptación encuentra Topuria una de las principales enseñanzas de su primera derrota. «Descubrí que podía vivir con ello» , explica. Porque el resultado puede doler, pero no necesariamente destruye al deportista que hay detrás. «Cuando sabes dentro de ti que lo has entregado todo, el resultado duele, pero no te destruye». También decidió no renegar de aquella noche. «No quería volver atrás, borrar aquella noche ni cambiar mi historia», asegura. Su fe tuvo un papel fundamental en esa aceptación. «Creo en la voluntad de Dios» , recuerda. Y recupera una frase que había pronunciado cuando todo iba bien: «Si Dios arruina alguna vez mis planes, quizá sea porque esos planes podían arruinarme a mí». Ahora, esa convicción adquiere un significado diferente. «Era muy fácil repetirlo cuando todo salía bien; ahora me tocaba vivirlo. Y lo acepté», reconoce. Topuria no sabe todavía qué consecuencias tendrá esta derrota en su carrera, pero sí parece haber descubierto algo sobre sí mismo. «Quizá aquello también debía formar parte de mi historia» , reflexiona. «Tal vez necesitaba esa experiencia para descubrir una versión de mí que todavía no conocía». El récord ya no es perfecto. El título ya no está en sus manos. Pero la derrota tampoco puede borrar lo construido. «Había ganado diecisiete veces y una noche salió mal», recuerda. Y termina con una frase que resume toda su nueva perspectiva: «Una noche no puede borrar una vida».

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