
Queremos o no que el país salga del tremedal del continuismo y se pueda enrumbar hacia su reconstrucción integral…
Queremos o no que impere la soberanía popular y electoral, para que pueda establecerse un estado de derecho democrático…
Queremos o no que se aseguren los derechos políticos, económicos, sociales, comunicacionales, con el norte de la justicia y libertad…
Queremos o no que el futuro económico se decida acá, por autoridades legítimas, en especial a lo que concierne al petróleo, la deuda externa y el modelo de desarrollo…
Queremos o no que regrese la mayor cantidad posible de emigrantes, para que todos colaboremos en construir un sistema de educación, salud, innovación tecnológica, obras y servicios públicos y promoción cultural…
Queremos o no que se haga valer la justicia nacional e internacional, no con ánimo de revancha, sino de reivindicación de los derechos vulnerados por los crímenes del poder…
Queremos o no que las Fuerzas Armadas estén al servicio de la nación, conforme a la doctrina democrática de una República Civil…
Queremos o no que pueda recuperarse, al menos una parte del colosal patrimonio depredado, y que paguen su culpa los depredadores…
Y así hay muchas más preguntas. Yo tengo claras mis respuestas. Y lucho por ellas. Estoy seguro que los mandoneros del poder y sus cómplices de variada índole, tienen respuestas muy diferentes o contrarias.
Usted, amigo lector, debe tener sus respuestas. Y pienso que las mismas, en su inmensa mayoría, son esperanza para el cambio.