Si un jugador había estado en entredicho durante el irregular inicio de temporada del Atlético de Madrid, ese era Giuliano Simeone. Su dependencia del físico para generar desequilibrios, su fútbol unidireccional y el aumento de la competencia tras el fichaje de Kang-In Lee, mucho más estimulante el surcoreano en el sector derecho, hacían indicar que el argentino podría perder la condición de titular indiscutible que había construido en los dos últimos cursos. Unos fantasmas que, sin embargo, el correcaminos se ha encargado de espantar en los compromisos más recientes, especialmente tras su desempeño en el derbi contra el Real Madrid , donde fue el mejor de los suyos con diferencia. Si el pasado día 13 ya mostró indicios de renacimiento tras completar la goleada colchonera ante la Real Sociedad (0-3) después de un genial esprint de casi 50 metros, contra los blancos fue un auténtico torbellino de malas intenciones. Primero provocó un penalti y la expulsión de Huijsen en el minuto 50 y, un par de jugadas después, asistió de manera magistral a Jonathan David para poner el 2-0 en el electrónico del Metropolitano. También completó 13 pases en el último tercio del campo, realizó seis de sus clásicas conducciones pegado a la cal y, para colmo, acabó aderezando su creación con seis duelos ganados y tres recuperaciones. Incluso se llevó una profunda ovación tras encararse con Bellingham. Una vez más, Giuliano ha conseguido ahuyentar el nepotismo. Porque desde su llegada definitiva al primer equipo del Atlético en el verano de 2024, no han sido pocas las voces que auguraban que su estancia en uno de los mejores equipos del mundo se debía a ser el hijo del Cholo Simeone . Unas dudas que el propio jugador, a base de mucho esfuerzo sobre el terreno de juego y un carácter irreductible, ha conseguido cambiar por aplausos, ciega la fe que tanto su padre como la afición a la que defiende sobre el césped tienen en su figura. Y eso que esta temporada se le ha puesto cuesta arriba desde el principio. Fue uno de los más señalados en la dolorosa derrota en San Mamés ante el Athletic de Bilbao (3-0) el día 5, duelo en el que fue sustituido en el minuto 59. Además, la vuelta de Llorente al centro del campo (el madrileño anotó contra el Liverpool ocupando la posición de Giuliano) era una pista significativa para pensar que el argentino podría adoptar esta campaña un rol de revulsivo desde el banquillo o, directamente, convertirse en un elemento de rotación. Pero, en su enésimo resurgimiento, el extremo ha demostrado que, cuanto mayor es el desafío, mayor son sus ganas de imponerse a él. «Hay veces que me pongo en lugar de los que me critican, y siempre y cuando sean constructivas… Yo estoy tratando de mejorar técnicamente, mi disparo de zurda… Siempre trato de dar mi 110% por este club, que es lo que sirve (…). Dedico mi vida para estar en la mejor forma posible, para ayudar al equipo. Soy muy intenso, aunque siempre con la humildad de estar con los pies en la tierra. Sé que nadie me va a regalar nada», declaró después de ser nombrado el mejor jugador ante el Real Madrid. Incluso con los números en la mano, se puede decir que las prestaciones del velocista son adecuadas, pues ya ha anotado dos goles y ha regalado dos asistencias en los ocho primeros choques del curso. Cifras que, si continúan en progresión, podrían superar sus anteriores registros con el Atlético, ya que en la 2024-25 acabó con dos y seis mientras que en la 2025-26, con cuatro y seis. Además, los refuerzos positivos también le han llegado desde el otro lado del Atlántico, pues ha sido incluido por Scaloni en la convocatoria de Argentina para los próximos compromisos internacionales ante Bolivia, Burkina Faso y Benín. Y ahí no hay nepotismo que valga, se lo ha ganado a pulso.