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Edición en español Viernes 4 de septiembre de 2026

Josué Canales y la fuga de talentos del atletismo español: «Me pasé una semana llorando, sabía que me iba a marchar»

Ha sacudido al atletismo español. La noticia de que Josué Canales, medallista de bronce en 800 en los Mundiales 2025 en pista cubierta, se marcha a Australia a entrenarse ha sido la gran sorpresa después de los Europeos de Birmingham. El mediofondista, 24 años, de origen hondureño y criado en Gerona, atiende a ABC por videoconferencia y se muestra emocionado por el impacto que ha tenido la noticia y las muestras de cariño recibidas. —Se ha convertido de golpe en el atleta de moda. —Pues sí. He tenido muchos mensajes, mucho cariño, me he sentido súper querido. Siento que estoy recibiendo más de lo que yo puedo dar. Aunque también alguno ha malinterpretado el cambio, pensando que iba a dejar la selección española. —Quizá lo que sorprende es que se vaya tan lejos.   —Sí, jaja, que no me voy a Madrid precisamente. —¿Cuándo tomó la decisión? —Pues después de los Campeonatos de España, a finales de julio. Se lo comuniqué a Carles Castillejo, mi entrenador la semana siguiente al campeonato. Tampoco es tan sorprendente que cuando un atleta pilla una racha mala, pues piense que, bueno, va a tener un cambio de aires. Lo único que ha pillado por sorpresa es lo de irme a la otra punta del mundo… (risas) —Le recuerdo llorando en Valencia el pasado mes de marzo, a pie de pista, al quedar eliminado en semifinales en los Nacionales en pista cubierta. Ha sido un año duro para usted. —Sí, fue una gran decepción. Supongo que todo viene a raíz del bronce en los Mundiales, una sensación de que no hemos podido convertir en consistencia a nivel de resultados. La cagué mucho este año en la pista cubierta. Pero todo esto te enseña y te sirve para poner los pies en el suelo. —Llevaba tres años entrenándose con Castillejo ¿no? —Sí, cuando comencé con él, yo venía de entrenarme de una forma diferente, como un velocista. Y siempre he tenido un punto débil que era la resistencia. Entonces, nos centramos en ello, pero creo que he ido perdiendo lo que a mi me hacía diferencial, que era la velocidad y la gente me lo decía: «Josué, no estás finalizando las carreras». Había quien decía que no sabía manejar la presión de haber ganado una medalla. Pero yo pienso que no era eso. Creo que sí sé manejar la presión. Y estoy en una posición cómoda, vivo del atletismo. —La temporada de verano tampoco ha salido bien. —Pues no. Y a mí no me gusta ver las finales desde fuera, como ha pasado en los Europeos . ¡A mi me gusta correrlas! He sentido que el trabajo que hacía no acababa de cuajar. Sentía que me estaba convirtiendo en un mediofondista mediocre. Y eso no me gustaba. Yo soy un atleta que corre a cuchillo y no estaba funcionando… Y no quiero echar la culpa a nadie. Entonces llegué a la conclusión de que tenía que cambiar. —Después del meeting de Vallehermoso, a mediados de julio. No te voy a mentir. Me pasé una semana llorando. Fue un duelo. Sabía que me iba a marchar, que iba a dar un cambio total, que iba a dejar todo atrás. Y se lo dije a Santi Pérez, el responsable de New Balance, mi patrocinador. Y también lo he trabajado con María, mi psicóloga. Y aquí me di cuenta de que hay una diferencia muy grande entre estar mal y no correr o estar mal por no correr. Y no quería entrar en un bucle mental. —¿Y por qué Australia? —Porque me di cuenta de que quería entrenarme con los mejores, estar en un grupo de élite donde yo sea el peor de todos. Y volver a trabajar la velocidad, volver a los orígenes, a recuperar mi chispa. Entonces se plantearon varios entrenadores. Y a mi me da igual donde sea. ¡Si me tengo que ir a la Antártida, pues me voy a la Antártida! Yo ya conocía a Rinaldi, el que va a ser mi nuevo entrenador. Él es un especialista en atletas de 800 metros, que es lo que quiero ser. A mi no me interesan los 1.500 metros. —¿Hubo reuniones en Birmingham? —Sí. Allí se reunieron mi patrocinador y la federación con Rinaldi, que se mostró encantado de entrenarme. —¿Y nunca se planteó ir a entrenarse al grupo de Attaoui? —No. Ellos trabajan más kilometrajes, son más milleros. Rinaldi entrena a gente como el campeón europeo Mark English, que nunca ha corrido un 1.500. —Tampoco se planteó venir a Madrid, donde hay buenos técnicos como Serrano o Arturo Martín. —No. Yo vengo de un CAR, un Centro de Alto Rendimiento, el de Sant Cugat. No quería cambiar un CAR por un CAR. Llevo cuatro años en Sant Cugat y sentía que se convertía en mi casa, una casa demasiado grande. He vivido en bucle, he conseguido grandes resultados, pero no quería meterme otra vez en lo mismo después de cuatro años. Yo sentía que necesitaba un cambio y me puedo permitir lanzarme a la piscina, no tengo responsabilidades. Esto me abre las puertas a un nuevo idioma, una nueva filosofía, abrir la mente ¡y me voy a entrenar con gente que no es coja! Las estructuras de los CAR creo que queman cuando llevas varios años. Quiero probar el cambio. No quiero quedarme con el «y si lo hubiera hecho…» —¿En Melbourne vivirá en un piso? —Sí, lo están organizando. La idea es estar allí ya el 1 de octubre. Y volver en Navidad para pasarla en familia. El primer objetivo serán los Europeos de Valencia, en marzo. Y el trabajo realmente tendrá después el gran foco en los Juegos de Los Ángeles, dentro de dos años. Y ya gasté mi bala de aprendiz. Ya no iré a eso. —¿Anima a otros atletas a que salgan al extranjero a entrenarse? —A ver, yo creo que se puede correr bien hasta entrenándote en tu pueblo. Lo que sí hay que hacer es arriesgar todo por un sueño. Yo no tengo Plan B. Voy a por el Plan A. Estas oportunidades son muy estimulantes. Y sé que habrá también inconvenientes, que voy a estar muy solo en Australia, lejos de mi familia. Pero cuando necesitas un cambio hay que hacerlo. —La ruptura con Castillejo habrá sido dura… —Claro, es romper un vínculo afectivo. Josu, el director deportivo de la federación me decía: «no es que sientas que estás pasando un duelo… ¡es que lo estás pasando!». Y Carles me lo ha puesto súper fácil. Siempre lo llevaré conmigo.

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