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Edición en español Jueves 17 de septiembre de 2026

La NBA corteja a la Euroliga en busca de una alianza: «Estaríamos mejor como frente unificado»

Hay una fina línea que separa el cortejo del asedio. Lo de la NBA con la Euroliga lleva siendo ambas cosas de manera simultánea, y esta semana quedó retratada en una sola frase de su comisionado, Adam Silver: «No tiene que pasar, pero creo que todos estaríamos mejor como frente unificado en Europa». Es decir: nos gustaría hacerlo con vosotros, lo haremos igual sin vosotros. El máximo responsable de la liga americana habló este martes en Nueva York, al término de los dos días de Junta de Gobernadores —órgano donde se reúnen los dueños de las 30 franquicias norteamericanas —, y dedicó una buena parte de su comparecencia a NBA Europa, la liga que la competición quiere levantar en el Viejo Continente con el aval de la FIBA y cuyo arranque sigue fijado para octubre de la próxima temporada. Faltan poco más de doce meses y apenas se conoce nada de ella. Lo que Silver sí dejó claro es que su capacidad negociadora tiene fecha de caducidad. «Creemos que estamos haciendo progresos», dijo sobre las negociaciones con la Euroliga, antes de deslizar el argumento que de verdad importa: «Dependiendo de dónde estemos con la Euroliga, creo que es importante introducir competencia en el mercado el verano que viene». Es decir, que si el acuerdo no llega, la NBA prefiere salir con un producto inacabado antes que esperar. Él mismo lo admitió sin rodeos: «Lo que se vea dentro de un año no se parecerá a la liga definitiva». La respuesta no reside en Nueva York, sino en una lujosa villa a orillas del lago de Como. El próximo 5 de octubre, los propietarios de los trece clubes accionistas de la Euroliga — Real Madrid , Barcelona y Baskonia entre ellos— se dan cita en Villa d’Este, en Cernobbio, en una asamblea organizada por el Olimpia de Milán. No es un consejo rutinario: estas convocatorias solo se producen cuando hay que redefinir la competición entera. Y esta vez hay que votar. Sobre la mesa descansan dos caminos antagónicos y una tercera vía intermedia. El primero consistiría en aceptar una eventual oferta de compra por parte de la NBA —no confirmada por ninguna de las partes— y erigir una nueva competición sobre los cimientos de la Euroliga actual. El segundo pasaría por rechazar la propuesta y activar el plan de blindaje cocinado desde hace meses por Chus Bueno: aprobar ocho licencias nuevas en esa misma asamblea para transitar, a partir de la temporada 2027-2028, hacia un modelo cerrado de 24 equipos con 21 plazas permanentes —un sistema de franquicias sin ascensos ni descensos, calcado al norteamericano—. Por último, la opción de consenso buscaría un punto de encuentro que permita compartir intereses y fusionar ambas competiciones sin la necesidad de ceder la totalidad de los derechos comerciales. El hecho de que el mandamás de la Euroliga sea un antiguo directivo de la NBA hace que la partida de los despachos sea aún más ambigua. Chus Bueno conoce ambas casas y así puede ejercer de puente o trinchera. De momento, ha elegido la segunda. «Si no logramos un acuerdo en Europa, vamos a competir en Europa; esa fue la discusión interna y, si tenemos que hacerlo, estamos listos», avisó hace días. Mientras se esclarece la partida, la NBA va colocando alfileres en el mapa. Doce ciudades señaladas para otras tantas plazas fijas: Madrid, Barcelona, París, Lyon, Roma, Milán, Múnich, Berlín, Londres, Mánchester, Atenas y Estambul. El formato previsto contempla 16 equipos: esa docena de grandes ciudades con plaza fija y cuatro rotativos. Hay favoritos en cada plaza —clubes históricos en unas, inversores dispuestos a inventar un equipo desde cero en otras—, pero ni un solo nombre oficial. Entre los proyectos de nueva creación sonarían el del Paris Saint-Germain, el Manchester City y el que Luka Doncic pretende impulsar en Roma como inversor. La lentitud, insiste Silver, no es solo indecisión sino ingeniería. Hay que diseñar un sistema salarial, repartir derechos televisivos, decidir qué se gestiona desde arriba y qué se deja en manos locales, y levantar pabellones donde no los hay. También donde sí: el Barcelona prevé empezar en 2027 las obras del nuevo Palau Blaugrana, con la vista puesta en estrenarlo entre finales de 2029 y principios de 2030, justo cuando el nuevo ecosistema debería estar rodado. «Lo vemos como una oportunidad única e histórica», resumió el comisionado. «Y lo queremos hacer bien». Lo que está en juego, para el aficionado que solo quiere saber qué verá por televisión dentro de dos temporadas, es sencillo de enunciar y enorme de consecuencias: si el 5 de octubre gana el ‘sí’, el Madrid y el Barcelona jugarán una competición con capital y marca estadounidenses. Si gana el ‘no’, habrá dos ligas peleando por los mismos jugadores, los mismos patrocinadores y los mismos martes por la noche. Europa lleva treinta años discutiendo quién manda en su baloncesto. Esta vez la pregunta tiene fecha de respuesta.

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