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Edición en español Martes 29 de septiembre de 2026

La selección como bálsamo

Debo admitir que el sábado cuando encendí la tele y vi jugar a la selección en Wembley, todo volvió a la calma. Fue una especie de bálsamo tras los días de furia por una (desafortunada) metáfora tras el derbi del Metropolitano, que sirvió para abrir fuego a discreción. En medio de ese (mal) ambiente, recordé, viendo a España, los momentos felices del pasado Mundial: la convivencia, la normalidad, la deportividad en los mensajes. Disfruté viendo el fútbol del equipo, al que le pitaron un penalti dudoso, algo que puede ocurrir, y después me emocioné con la capacidad de reacción y la demostración, una vez más, de que esta es la mejor selección del mundo. Yo, que antes había criticado estos parones de selecciones situados en el calendario nada más empezar la temporada, me reconcilié de repente con ellos al ver ese estadio, esos equipos, esas camisetas. Por si quedaban dudas, España ha estrenado su segunda estrella ganando en Londres a la tercera selección del Mundial. A la cuarta, Francia, le dio un baño histórico en semifinales. Viendo el mapa, ya puede decirse que en el imperio de De la Fuente no se pone el sol, lo ha ganado todo, y se atreve a decir que lo mejor está por llegar. Sin caer en comparaciones, y mucho menos en metáforas (Dios me libre), creo que los jugadores se sienten muy cómodos en un entorno más habitable. Baena y Oyarzabal fueron suplentes en Wembley, salieron en la segunda parte, arreglaron el partido, y aquí paz y después gloria. Pedri, otra vez en el banquillo. Pues ya jugará, pensamos todos, aún conscientes de que es buenísimo. Y todo es así, mucho más sano, menos viciado que en sus clubes, donde se generarían tantos debates interesados que el ambiente cambiaría de manera radical. En medio de la tormenta, salió el sol. Sigue cayendo agua, para qué les voy a engañar, pero nos quedan casi dos semanas de convivencia con un grupo sensacional que ni el maldito Balón de Oro ha conseguido resquebrajar. Después, eso sí, llegará un mes de octubre intenso, con Liga, Champions, Clásico y el mencionado trofeo que polarizará la opinión aún más, pase lo que pase. Los árbitros volverán a equivocarse , llegarán las primeras finales del año y crecerá aún más la tensión. Les hablo desde la experiencia más absoluta: la temporada no ha hecho más que comenzar, van siete partidos de Liga y este nivel de crispación es imposible de aguantar hasta finales de mayo. Tomaremos aire cada vez que juegue España, eso sí, pero no sé si será suficiente para llegar sanos a Navidad. Y evitaremos las metáforas. Pero la realidad no hay quien la evite, y esa no entiende de vídeos ni comunicados .

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