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Edición en español Martes 29 de septiembre de 2026

La varita de Lamine también reconquista Sevilla

En pie y con una ovación que atronaba Nervión. Así se retiró Lamine Yamal tras 63 minutos de fútbol de quilates. Un doblete y una asistencia para allanar una nueva victoria de la selección española en Sevilla . Una exhibición, otra más, para que su candidatura al Balón de Oro siga más viva que nunca. Una estrella más dentro de esa campeona del mundo que disfrutó en su primer partido en territorio nacional tras levantar el trofeo el pasado mes de julio en Nueva York. Diez días después de encararse con la grada del Ramón Sánchez-Pizjuán, Lamine recibió el indulto de Nervión. Un minuto le bastó para poner el estadio a sus pies . Una celebración torera junto al banderín de córner como si actuara en La Maestranza. Un golazo con la zurda de primeras para que Sevilla empezara a disfrutar de los campeones del mundo. Ya había sido el más reclamado en los prolegómenos. Camisetas con su nombre aparecieron en cada rincón de los aledaños del estadio. Su sonrisa juvenil conquista a niños y mayores . Su arte dentro del campo justifica una entrada. Es el músico más afinado de esa orquesta que dirige Luis de la Fuente y, además, se encuentra en plena campaña por el Balón de Oro. Por si alguno aún alberga dudas sobre su candidatura, Lamine actúa para quitarlas. Incisivo por la izquierda, no siempre acertado ante Gvardiol, pero ofreciendo cada vez esa sensación de que desde su varita sale magia. Al gol del gigante Beljo, el mismo que lo empujó nada más empezar el duelo como si quisiera intimidarlo, respondió con una asistencia medida para Marc Pubill . Una respuesta inmediata para que la fiesta continuase en el Sánchez-Pizjuán, que se divertía al ritmo de sus campeones. La atracción que genera Lamine no entiende de públicos. Hasta Serdar Gözübüyük, el colegiado neerlandés de origen turco, le estrechó la mano camino de los vestuarios al intermedio. Le protestaba el extremo, que había recibido ese juego subterráneo con el que lo trataban de frenar, y el árbitro lo sorprendió poniéndole la mano. «Siga jugando así» le parecía decir Gözübüyük , que quizá se recreaba desde su privilegiada posición de las inventivas de Lamine. Le hizo caso ese extremo que sólo sabe jugar disfrutando. Con duende, como otrora Jesús Navas, sempiterno dueño de la banda derecha del Sánchez-Pizjuán, Lamine quiso resolver el partido con tiempo . Un gran pase interior de Pedri, Pubill que la deja pasar y el extremo la coge, la pisa y la revienta al primer palo de Livakovic. Otro gol de bandera. Sentado sobre la pelota y sintiéndose el dueño del fútbol. Heredero de los más grandes, como de ese Luka Modric que también recibió el cariño de la grada. Si al Mundial no llegó en su mejor estado de forma, en este inicio de campaña sí está apareciendo su versión más decisiva. La que gobierna los partidos con sus chispazos y diabluras. La que le sirvió para reconquistar Sevilla luciendo la camiseta de la selección. La Torre del Oro ya es suya . Otra esfera dorada lo espera ahora o en el futuro.

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