Pese a que normalmente no les entusiasman las comparecencias públicas y el trato con los medios, ahora a los futbolistas les gustan las campañas electorales, venderse en entrevistas pactadas para la ocasión o en ruedas de prensa porque, al parecer, jugar muy bien no es suficiente para ganar el ansiado Balón de Oro. Un nuevo orden mundial en el que se han visto envueltos en la última semana Mbappé , Harry Kane y Lamine Yamal, tres de los máximos aspirantes a hacerse con el galardón. El madridista atacó primero con una entrevista en el medio ‘The Athletic’ («Sería una decepción no ganarlo», aseguró), llamamiento que justificó unas horas después dando la victoria a Francia ante Turquía. Y en Wembley, monumental catedral del fútbol moderno, les tocaba a inglés y español, que también habían reclamado el premio individual en público, amarrar un último puñado de votos para sus candidaturas. Y lo cierto es que ambos astros dejaron unas actuaciones lejanas a la excelencia aunque sí muy influyentes en el resultado final. Lamine, con tan solo un par de minutos disputados, abandonó la pose de superestrella mundial para volver a ser ese niño pillo de Rocafonda, un viaje en el tiempo que le permitió robarle el balón a Guehi y anotar el tanto inicial de los españoles tras una gran definición al palo largo, el tercero más tempranero que ha recibido Inglaterra en Wembley en toda su historia. La diana desató las expectativas de los chicos de Luis de la Fuente, pero acabó desembocando en un inesperado dominio inglés. Ahí, el delantero del Barcelona volvió a ponerse el capote de líder, ávido en el regate, siempre en busca de lanzar el zarpazo más dañino posible para su rival. La misión casi acaba en buen puerto, aunque el extremo no consiguió formalizar su doblete en terreno inglés (gozó de dos ocasiones muy claras) y fue Baena, héroe inesperado , el que acabó coronado como edil de la victoria española tras sumar un tanto y una asistencia pese a salir desde el banquillo. Un recorrido muy similar al que vivió Kane. El capitán local fue uno más en el fluido juego practicado por los de Tuchel en la primera parte y, como premio, se le permitió ejecutar el empate a uno con un buen cabezazo y con el permiso del muslo de Cucurella, que no estuvo tan tenso como acostumbra a la hora de blocar. Ya en la segunda parte, el del Bayern de Múnich, como Lamine, rozó el doblar su aportación goleadora, e incluso gozó de un lanzamiento de penalti, pese a que su disparo se fue directo a la madera. Así, el inglés rompió una impresionante racha de 31 aciertos consecutivos desde los once metros entre club y selección. La última vez que falló fue en diciembre de 2022, durante los cuartos de final ante Francia. «Los errores nos han costado el partido», se lamentó una vez finalizado el choque. El resultado de la esperada batalla directa fueron unas claras tablas, goleadores ambos astros, líderes de sus respectivos equipos aunque incapaces de coronar sus respectivas actuaciones. Un partido ni mucho menos define la temporada de un jugador, pero con las votaciones al Balón de Oro a punto de cerrarse (lo harán este domingo) y con la cascada de autopromociones y expectativas que los Lamine y Kane habían generado para el choque en suelo londinense, el resultado fue, tal vez, un poco descafeinado. Quizás lo más inteligente sea fijarse en las declaraciones que Rodri ejecutó en la previa del partido. «Ganar el Balón de Oro no depende de lo que digas, sino de lo que hagas en el campo y de lo que voten cien periodistas».