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Edición en español Miércoles 2 de septiembre de 2026

Las cuentas de España para evitar una tragedia de otro siglo

En un ambiente opresivo como solo los helenos saben generar, y tras un arbitraje como poco cuestionable, la selección española de baloncesto, tras sus tropiezos contra Georgia y Portugal, sumó en Atenas y ante Grecia su tercera derrota consecutiva en la fase de clasificación para el próximo Mundial, que se disputará en Qatar en el verano de 2027. Una daga directa al corazón de un proyecto en pleno florecimiento, ilusionante por su abundante talento joven y por la idea de juego que intenta implementar Chus Mateo, pero que está obligado a un proceso de maduración exprés si quiere acudir a la gran cita internacional. Las cuentas son sencillas: si gana dos de los próximos cuatro choques (Montenegro, Grecia, Portugal y de nuevo Montenegro serán sus rivales), viajará al golfo Pérsico. Si no, se repetirá una tragedia de otro siglo. La última vez que el combinado nacional no acudió a un Mundial fue en 1978, hace 48 años. Por aquel entonces, era la posición final en el Eurobasket la que determinaba si un equipo era digno de optar al trono planetario del baloncesto y, por desgracia, España no lo fue en aquella ocasión. El conjunto, dirigido por el legendario Antonio Díaz-Miguel , perdió en Lieja tres de los cinco encuentros de la fase de grupos, ante Checoslovaquia, Yugoslavia y Países Bajos, por lo que nunca accedió a las eliminatorias y, por ende, al Mundial de Filipinas del año siguiente. Un accidente de categoría que obligó a una refundación del baloncesto español, donde se apostó por jugadores más jóvenes, como Epi o Iturriaga, y que dio paso a los excitantes años 80. Ahora la situación es más compleja. España, en las últimas dos décadas, se ha convertido en la selección más exitosa de los mortales (dos platas olímpicas, dos mundiales, cuatro eurobaskets) solo por detrás de Estados Unidos, y tiene un estatus que mantener, y quedarse fuera del próximo Mundial ni se contempla como una opción. Al menos, esa es la idea que deslizaron las palabras de Chus Mateo tras la polémica derrota en Grecia. «Hicimos un muy buen trabajo en la primera fase (cinco victorias consecutivas) y eso nos da margen, pero es obvio que la ventaja se ha reducido. Nadie dijo que esto iba a ser fácil. Estoy relativamente tranquilo porque tenemos todavía cuatro partidos por jugar y va a salir bien. Estoy completamente convencido», declaró el técnico. Una seguridad respaldada parcialmente por el calendario. España se medirá dos veces a la colista del grupo I, Montenegro, el 26 de noviembre y el uno de marzo; mientras que la revancha contra Grecia, el próximo 29 de noviembre, se disputará en territorio nacional, por lo que los españoles no serán emboscados ni por la grada ni por los colegiados. Y ante Portugal se las verá el 26 de febrero al otro lado de la frontera, un choque en cierta manera asequible pese a que los lusos se llevaron la victoria el pasado viernes. El problema es que durante esas ventanas, al producirse en plena temporada, Mateo no podrá contar con el grueso de jugadores con los que ha trabajado en las últimas semanas. De hecho, solo dos de la actual convocatoria, Alberto Díaz y Willy Hernangómez, podrían ser convocados al jugar en el Unicaja de Málaga, que disputará la Champions League, competición organizada con la FIBA y con un calendario adecuado a los parones internacionales. Mientras, los jugadores NBA (Aldama, De Larrea, Baba Miller, Hugo González) estarán totalmente inaccesibles, al igual que los de la Euroliga (Brizuela, Pradilla, Cárdenas , Saint-Supéry, Juancho Hernangómez…), salvo que Federación y clubes lleguen a un acuerdo para liberarlos, una opción que gana enteros dada la fragilidad en la clasificación del combinado nacional. Así, serán perfiles como los de Jaime Fernández (Tenerife), Francis Alonso (Breogán), Ferran Bassas (Manresa), Oriol Paulí (Lleida) o Pierre Oriola (Manresa) los encargados de defender los intereses nacionales durante la travesía por el desfiladero. Hombres que, por otra parte, fueron los principales responsables del gran inicio español con cinco victorias consecutivas, dos ante Ucrania, dos contra Dinamarca y una frente a Georgia. Otro factor a favor para creer en la clasificación es que la mayoría de países tiene un nivel medio inferior al español y, al no poder contar con sus grandes estrellas, la balanza parece más favorable a inclinarse hacia la selección. La confianza en las entrañas de la Federación es total y Chus Mateo ya ha demostrado que no necesita a todas sus estrellas para hacer carburar su alegre y vertical libreto, motivos de sobra para creer en un desenlace feliz.

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