El Madrid pudo dejarse dos nuevos puntos el martes si Espí no llega a ejercer de héroe el martes en el Martínez Valero , como ya le sucedió en la primera jornada en Cornellá. El Madrid de Mourinho se ha empeñado en este inicio de temporada en jugar partidos de 45 minutos y eso empieza a generar runrún en la planta noble del club. No, no van a echar a José Mourinho. Ni su puesto corre peligro. No es esa la lectura. Lo que sencillamente piensa la gente que manda en el club es que esta situación se ha repetido ya en demasiados partidos (Espanyol, Betis, Inter, Rayo y Elche) y a la vista está que los jugadores son incapaces de corregir su desidia en las segundas mitades. Así que le toca al entrenador tomar medidas para que el equipo no tire al retrete la mitad de los partidos, con el consecuente riesgo de pérdida de puntos. «Con los partidos del Real Madrid nadie se aburre porque son muy divertidos. O morimos o matamos», dijo Mourinho tras la sufrida victoria en Elche, en un partido de clara superioridad del Madrid en la primera mitad, lo que se tradujo en un 0-2, y desidia tras el descanso hasta que el equipo ilicitano logró el empate. Fue entonces cuando el Madrid se dio cuenta de que el partido no se había acabado en el intermedio y que podía dejarse dos puntos en el Martínez Valero de los que luego te acuerdas al final de temporada. Ya sea por un tema físico o mental, el equipo se está dejando llevar en las segundas partes y Mourinho no está rápido en buscar soluciones. Las indicaciones desde su área técnica no tienen impacto en sus jugadores y los cambios tardan en llegar y, además, son mejorables. En el club se cree que hay banquillo de sobra para aportar soluciones cuando las piernas y la cabeza ya no les dan a los titulares y el nombre que más se escucha en la planta noble es el de Espí. Lo poco que ha jugado ha sido decisivo con sus goles en Cornellá y el Martínez Valero. También ‘salvó’ al Madrid en La Cartuja, pero una posición adelantada le privó de aquel golazo de media chilena. La lectura de Mourinho tiene similitudes con la de los dirigentes blancos, pero con matices. Entiende que también la falta de acierto en las muchas ocasiones que produce el Madrid genera una ‘confianza’ en su equipo que le lleva a cierta confusión en la que se infravalora a algunos rivales. Sobre esa percepción, el equipo se relaja, pierde el control del juego y solo espabila cuando ya el marcador no le da los tres puntos: «Hay partidos que parecen acabados, pero no están acabados. Tienes tres o cuatro oportunidades y de la facilidad con la que nos sentimos pasamos a no controlar el juego», dijo Mourinho tras el 2-3 en Elche. No le falta razón, pero sí remedios. De ahí que en la T4 del Madrid no entiendan por qué no los pone ya en práctica antes de que más puntos con los que se cuentan se puedan perder por el camino en una Liga en la que el Barcelona ha empezado en modo apisonadora y no tiene pinta de que vaya a dejarse ir. Son las desconexiones del Madrid de Mou que inquietan en el club.