A Luis García Abad (Madrid, 60 años) le gusta en realidad la filología hispánica (la carrera que estudió), los toros, la literatura clásica y Joaquín Sabina, pero la vida y el márketing le llevaron por los intrincados vericuetos de un deporte singular, la Fórmula 1. Después de más de dos décadas siendo mano derecha, consejero, mánager y hombre para todo de Fernando Alonso, dirige ahora un proyecto de envergadura. Es director general del Gran Premio de Fórmula 1 en Madrid. García Abad habla con ABC en la semana del estreno de Madring, el nombre del circuito que se inventó de la nada. —Se hace raro hablar con usted y que no nos refiramos a Fernando Alonso. —No, no es raro porque podemos hablar de Fernando. Después de tantos años dedicado a Alonso, una entrevista contigo tiene estas cosas. —¿Cómo ha llegado a la dirección del circuito de Fórmula 1 de Madrid? —Cuando José Vicente de los Mozos puso en marcha esta idea, que entonces parecía una locura, mi objetivo era conseguir el contrato, para eso vine. Luego no encontré la puerta de salida y ahora estoy encantado de estar organizando una carrera de Fórmula 1 en mi ciudad, 45 años después de la última vez que se hizo. —¿De quién fue la idea original? ¿Cuándo escuchó por primera vez que se podía hacer un circuito de Fórmula 1 en Madrid? —Lo había escuchado muchas veces. Tantas horas de paddock durante mi vida dan para mucho. Creo que fue en 2017, cuando estaba en el paddock de Singapur. José Vicente dijo: «¿Y esto no lo podríamos hacer en Madrid?». Yo miré a un lado y a otro y pensé: «No sé dónde ni cómo, pero supongo que será posible». —Se ha elegido Ifema, aunque a muchos aficionados les resulta extraño que el circuito no esté en una zona más emblemática de Madrid, como la Puerta de Alcalá o el centro de la ciudad. —Hacerlo en el centro de Madrid sería muy complicado. Imagínate tener cortada la Puerta de Alcalá durante un mes y medio. No sería viable y tampoco necesariamente más emblemático. Hay pocos lugares tan representativos como Ifema para organizar un evento de estas características. Además, el deporte actualmente vive de acercarse al público, no de obligar al público a desplazarse hasta él. En Ifema tenemos la ventaja de que está bien conectado. Tenemos la estación de metro de Feria de Madrid aquí, justo detrás Mar de Cristal. Lo puedo señalar con el dedo. Tenemos el intercambiador de Renfe ahí detrás. Incluso el parking del Metropolitano está un poco más de cuatro kilómetros de aquí por la Vía Verde. Quiere decir que perfectamente es accesible y tenemos un barrio enorme detrás, desde el que se puede acceder andando. Más céntrico que esto…. Me parece difícil poder organizarlo sin perjudicar la movilidad diaria de los madrileños. —¿Qué ventajas ofrece Ifema para organizar un Gran Premio? —Fundamentalmente, su propia existencia. Es una entidad con más de 35 años de experiencia que ha demostrado muchas veces su capacidad para organizar grandes eventos. Lo más importante es que partíamos de una infraestructura ya existente. No teníamos un circuito, pero sí wifi, energía, conectividad, baños y muchas otras cosas que en otros lugares son difíciles de conseguir. —Su gusto por lo taurino se ha plasmado en una de las curvas más llamativas del Mundial, La Monumental. ¿Cómo se le ocurrió el nombre y el diseño? —Queríamos tener una curva reconocible, una curva que los niños pudieran identificar cuando jueguen a los videojuegos y que representara todo lo que debe ser un circuito de alta velocidad. Cuando los Reyes Magos me trajeron mi primer y único Scalextric, tenía una curva parecida. Ha pasado de aquel recuerdo a convertirse en una realidad. El nombre «Monumental» tenía además una enorme ventaja: se pronuncia prácticamente igual en muchos idiomas. Y tiene ese guiño taurino no solo a Madrid, sino también a México. —Se habla de una inversión y una financiación fundamentalmente privadas. ¿No hay dinero público? —Lo que existe también es un canon elevado por acoger la Fórmula 1. Todos los circuitos del mundo pagan cantidades muy importantes por tener un Gran Premio. La clave está en hacer una negociación a largo plazo. Hemos firmado un contrato por diez años que, cuando se firmó, era el más largo que había suscrito la Fórmula 1 con un circuito. Además, tenemos muchas áreas de hospitality y patrocinadores. Y existe mucha ilusión por el proyecto. Más allá de los casi 500 millones de euros de impacto que se estima que entrarán en la economía de la ciudad, la región y el país, está el hecho de demostrar que Madrid puede organizar un evento de estas características. Es un evento que va a albergar a casi 400.000 personas, 400.000 personas desde la mañana hasta la noche. Eso para una ciudad que es múltiplo directo del Santiago Bernabéu, supondría organizar 20 finales de Champions consecutivas durante todo un fin de semana. Eso es un desafío organizativo que probablemente solamente esté al alcance de una ciudad como Madrid. —¿Qué empresas han apoyando e invertido en el proyecto? —Hemos tratado de acercar a los mejores para que cada uno haga aquello que sabe hacer mejor. Match es una empresa con una gran trayectoria en hospitality, tanto en Mundiales de fútbol como en otros grandes acontecimientos, incluido Silverstone. También hemos contado con el apoyo de Fever para la venta de entradas y hemos querido recurrir, siempre que ha sido posible, al talento y a las empresas locales. Hemos hecho un magnífico trabajo conjunto. Hemos comercializado un volumen enorme de entradas sin tener siquiera el circuito construido durante mucho tiempo y mientras aparecían noticias que decían que no llegaríamos a tiempo o que el proyecto no saldría adelante. La confianza de los aficionados y de nuestros clientes hizo que nuestra ilusión creciera paso a paso. Eso atrajo a patrocinadores y permitió alcanzar unas cifras perfectamente constatables. Desde que presentamos Madrid hasta hoy hemos superado los 73.000 millones de impactos en comunicación. El trabajo de marketing y comunicación alrededor del Gran Premio ha sido enorme y, afortunadamente, las ventas lo han refrendado. —¿Cuánto cuesta realmente hacer un circuito como este? —Cuando termine el Gran Premio sabremos realmente cuál ha sido el coste total. Las cifras de la obra son públicas y son relativamente pequeñas en comparación con el proyecto global. No creo que cuando se hicieron Las Vegas o Abu Dabi estuviéramos discutiendo cuánto costaron sus instalaciones. Nosotros hemos trabajado con el máximo rigor, intentando aprovechar todo lo que ya teníamos. Tenemos una vía pública y utilizamos las vías internas de Ifema. Además, hemos respetado el plan urbanístico de la parcela norte para que, cuando el circuito deje de utilizarse, esas vías puedan servir para los futuros asistentes a los pabellones de Ifema y su ampliación. —¿Este circuito es lo que usted quería? —Nunca es exactamente lo que uno quiere. Se trata de hacer de la necesidad virtud. Creo que hemos conseguido reunir muchas cosas que eran innegociables desde el punto de vista de los pilotos. Va a ser un circuito bueno. Es muy técnico, con muchísimo tiempo de conducción en todas las curvas. No hemos escatimado esfuerzos para hacerlo lo más divertido posible y, sobre todo, pensando en el futuro. Tiene 22 curvas y solamente dos son de 90 grados o aproximadamente 90. El resto incluye subidas del 8,5 %, compresiones, bajadas del 5 %, peraltes del 24 % y muchos otros cambios de pendiente. Tiene zonas que pueden recordar a otros circuitos, pero creo que conserva una personalidad propia y que viene para quedarse. —¿Qué es lo más difícil de organizar todo esto? —Lo más complicado siempre es hacerlo: pasar de las palabras a los hechos y adaptarse a cada uno de los pasos que hay que dar. Es algo que solo sabe hacer Sabina. Afortunadamente, hemos contado con un grupo humano excepcional, con buenos amigos. Entre todos hemos sacrificado el último año y medio de nuestra vida para poder disfrutar del amanecer del 14 de septiembre, que será maravilloso, sobre todo por lo que descansará el cuerpo después. —Hay una vertiente política en todo esto. La Comunidad de Madrid apoya claramente el circuito, mientras que el Gobierno apenas lo menciona… —Sinceramente, cuando solicitamos el Gran Premio venía avalado por todas las instituciones del Estado. Nunca hemos tenido ningún problema real. En un proyecto de al menos diez años no creo que alguien pueda ponerse simplemente a favor o en contra. Es un proyecto a largo plazo que tiene que luchar a favor de la ciudad, de la región y del país. —¿Es el Gran Premio de España que vende Madrid o que vende España? —Creo que es una enorme ventaja sumar ambas cosas. Madrid es todavía una gran desconocida para mucha gente en nuestro mundo. Hemos recibido ingenieros, montadores, técnicos, cámaras de televisión y muchas otras personas que han participado en el proceso de organizar una carrera de Fórmula 1. Hemos atraído a muchísima gente y todos nos dicen lo mismo: «No ves un ladrillo; es una ciudad sorprendente». Aquí tenemos además la ventaja de estar dentro de la ciudad. En nueve minutos en metro puedes estar en Nuevos Ministerios y desde allí acceder a otros puntos de Madrid. Eso tiene un enorme valor para la realización televisiva y para la imagen que se proyecta de la ciudad. —¿Qué se verá de Madrid en la televisión? —Si levantáramos el helicóptero desde donde estamos ahora mismo (curva 2), se vería la bandera de España más grande del mundo, Ifema abrazado por la M-11 y las Torres de Madrid al fondo. Si eleváramos un poco más el vuelo, aparecería el Parque del Retiro, el entorno del Felipe VI y una ciudad verde, pegada al aeropuerto y perfectamente delimitada desde el cielo. —¿Se han vendido todas las entradas? —Sí. No queda ni una entrada. —¿Cuántos espectadores habrá? —Estaremos en torno a los 120.000 espectadores cada día. —Hablaba del 14 de septiembre. Desmontarlo todo… —Sí, y además tenemos que hacerlo con rapidez porque a principios de octubre llega otro evento y necesitamos dejar libres estos aparcamientos. Tenemos las gradas montadas y debemos permitir que la actividad de Ifema continúe con normalidad. Quizá haya sido lo más complicado: hacer una obra y construir un circuito sin alterar el funcionamiento habitual del recinto. Ha supuesto un reto logístico enorme. —Hemos visto lo que se tarda en construir. ¿Cuánto se tarda en desmontar un circuito? —Te lo diré cuando hayamos terminado. Tenemos los planes preparados, pero vamos a desmontar poco a poco. Lo más importante es empezar por la vía pública y por todo aquello que afecte a la parte norte. Vamos a hacerlo con mucho cuidado para que el desmontaje no interfiera con la actividad del recinto. —Barcelona va a compartir ahora el calendario con Madrid pero en años alternos. ¿Cómo vio su situación? —Barcelona lleva 35 años en el calendario. Que consiga quedarse y mejorar su situación sería muy bueno para España, y lo que es bueno para España también lo es para Madrid dentro de la Fórmula 1. —Madrid tendrá que adaptarse a lo que pretende la nueva dirección de la Fórmula 1: más espectáculo y eventos, no solo carreras de coches. ¿Se está americanizando la Fórmula 1? —Lo que está ocurriendo es que tenemos un volumen de aficionados nuevos muy importante. El público se ha rejuvenecido muchísimo y, además, al menos uno de cada tres nuevos aficionados es mujer. La Fórmula 1 simplemente escucha al público y trata de adaptarse a lo que este demanda. No creo que sea una cuestión de americanización. Detrás de cualquier deporte también tiene que haber negocio, y ese negocio necesita alimentar una base de espectadores que quiere acudir a eventos que le llamen la atención. —¿Cree que Netflix ha tenido algo que ver? —Creo que Netflix ha influido, junto con el rejuvenecimiento de la parrilla. Tenemos pilotos muy jóvenes y un público que también lo es. Hemos llegado a un público nuevo y joven. Las audiencias siguen creciendo en mercados donde antes no existían y eso hace que aumente también el interés por todo lo que rodea al deporte. ¿Recuerdas aquella famosa frase de Bernie Ecclestone que decía que la Fórmula 1 es demasiado deporte para ser un negocio y demasiado negocio para ser un deporte? Creo que vamos a tener que seguir viviendo con ese axioma. Es mucho deporte y debería seguir siendo mucho deporte. —¿Cómo ve la nueva Fórmula 1, con las baterías y los cambios de reglamento que algunos pilotos denominaron «fórmula eléctrica»? —Hemos vivido el KERS, el DRS y muchas otras cosas. En todas ellas hemos escuchado prácticamente lo mismo. Al que gana le parece fenomenal y al que no gana le parece que todo va fatal. El otro día leí una encuesta publicada por la Fórmula 1 en la que el 66 % de los aficionados consideraba que las carreras disputadas hasta entonces habían sido entretenidas o muy entretenidas. Hay que pensar en lo que quieren quienes pagan por ver o asistir a nuestro deporte. Creo que la mayoría busca emoción y cierta igualdad. —No sé si Liberty busca igualar los coches, pero al menos debería evitarse que alguien construya un coche extraordinariamente bueno y el campeonato quede prácticamente decidido. —Mansell ganó el Mundial hace unos 35 años y siempre ha habido coches dominadores. Los coches dominadores han existido siempre. Ahora mismo creo que la Fórmula 1 tiene un reparto de protagonistas bastante equilibrado y estoy seguro de que en los próximos meses se irán incorporando otros. Esperemos que sea pronto, especialmente Aston Martin y Williams, que son los equipos que necesitamos en esta ecuación. —Llega el estreno de Madrid, y tanto Alonso y Sainz están en la zona de descenso… —No renuncio a nada. ¿Qué mejor lugar para sacar la cabeza que en tu propio país? Ya lo vimos en Valencia en 2012: salíamos undécimos y ganamos (Fernando Alonso). O sea, que nunca hay que descartarlo. Nunca. Una vez cada década tampoco me parece tan mal. —¿Qué le gusta más: gestionar a Fernando Alonso o gestionar Madring? —No son cosas incompatibles. Cada etapa de tu vida profesional cubre una serie de expectativas y yo estoy disfrutando mucho de este momento, igual que disfruté cuando trabajé con Fernando. —¿Es más sencillo gestionar a Alonso o gestionar Madring? —No es una cuestión de sencillez. Cuando los protagonistas son enormes, la labor tampoco es fácil, porque tienes que estar a la altura de esa enormidad. Y tanto Fernando como Madrid son enormes. —Llama la atención que Fernando sea embajador de Barcelona y Carlos Sainz lo sea de Madrid. —Me parece que es lo lógico: que cada uno defienda los intereses de uno de los dos circuitos españoles que ocupan una plaza en el Campeonato del Mundo. Al final, es luchar por intereses comunes.